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BLOG: La Red con Jesús Escobar
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Diciembre 12, 2016

10 Años de Luto
Publicado: Diciembre 12, 2016

Se cumplieron 10 años del inicio de la Guerra contra el narcotráfico. ¿De qué ha servido? ¿Es un fracaso? Cuando el presidente Calderón decidió iniciar el operativo conjunto en Michoacán, prometió que las cosas cambiarían para bien, que las drogas no llegarían a nuestros hijos, que la presencia castrense sometería a los Cárteles, y que permitiría fortalecer a nuestras policías. Si nos atenemos a esto, es un gran fracaso.

Es un tema que tiene muchas aristas, en la última semana escuchamos nuevamente al titular de SEDENA exigir un marco jurídico que otorgue certeza a las funciones que realizan los soldados, aunque insistió, no están en las calles por gusto, no pidieron estar ahí y existen soldados que ya no quieren salir a los operativos por miedo a que los acusen de violar los derechos humanos.

Primero, no es una exigencia nueva, desde el sexenio anterior ha estado presente en el discurso, la novedad es que ahora emplazó al poder civil a aceptar su regreso a los cuarteles dado que —advirtió— cubrir el trabajo de los policías “desnaturaliza” al Ejército.

Urge un marco jurídico que regule la participación de soldados y marinos, es cierto, por el bien de ellos y de la sociedad misma, los límites a la autoridad, al uso de la fuerza, siempre serán fundamentales en una democracia.

Sin embargo, en diez años, nuestros legisladores no han querido llevarlo a cabo, ellos están ocupados en sus negocios, en sus aspiraciones personales, en politizar cada tema que pasa por su curul o escaño.

Hoy por hoy la presencia castrense se ha vuelto más perniciosa que positiva, porque le quita responsabilidad al poder civil, no hay incentivos para que el gobierno federal y los gobiernos estatales trabajen en el fortalecimiento de los cuerpos policiacos.

Vea lo que pasa con los operativos conjuntos, los estados en donde se aplican, por lo regular sus instituciones son débiles, rebasadas, pero el gobernador sigue cobrando, los alcaldes estiran la mano por recursos, los jefes de policía son sicarios con placa. Hay resultados inmediatos, peor en cuanto los soldados o marinos se van, todo vuelve a su dramática normalidad.

En una década no hemos sido capaces de construir 32 policías confiables, preparados, honestos, inteligentes, los exámenes de confianza son una burla, nadie sabe en que se ha invertido lo miles de millones de pesos destinados a la seguridad.

El gobierno Federal se llena la boca, diciendo que estamos mejor, que su estrategia es mejor, que existe mayor coordinación. La realidad es que nada ha cambiado, lo único diferente es la prioridad en el discurso, a Peña Nieto, no le gusta hablar del tema, mientras que FCH lo sacaba a la menor provocación.

Incluso estamos peor, antes los muertos eran soldados y narcos. Una década después, hay 150.000 muertos y unos 28.000 desaparecidos.

En lugares como Tamaulipas, denunciar equivale a una sentencia de muerte. En el Triángulo Dorado (Chihuahua, Durango, Sinaloa), los habitantes de la sierra de sus comunidades por las amenazas de los sicarios. Ni siquiera los santuarios turísticos están a salvo. Acapulco es hoy la ciudad más violenta del país y una de las más violentas del mundo.

El narco es un fenómeno social, cultural, económico, de salud; la inseguridad es solo una de sus expresiones. Para miles de mexicanos el tráfico de drogas es un ejercicio de supervivencia. Los eslabones más débiles de la cadena, como los cultivadores o las mulas, no suelen plantearse si lo que hacen está bien o mal. Solo trabajan en lo que pueden para subsistir.

La Guerra contra el Narco ha demostrado ser un rotundo fracaso. La droga continúa llegando a Estados Unidos, la persecución sistemática de capos no ha servido para disminuir la fortaleza del crimen organizado, las matanzas continúan, la corrupción se infesta como una plaga.

Seamos claros, mientras la estrategia no incluya un verdadero combate al lavado de dinero, a la narco-política, a los narco-empresarios, nada cambiara. ¿Dónde están los socios del Chapo Guzmán, de Amado Carrillo, de Osiel Cárdenas, de Arturo Beltrán?,¿Dónde están los gobernadores, senadores, diputados, secretarios, generales, almirantes, que han protegido durante décadas a los narcos? ¿Dónde están los empresarios y políticos que se han beneficiado con los millones de dólares que deja el tráfico de drogas?

El Jefe de Jefes no es Miguel Ángel Félix, No es Caro Quintero, no es ningún capo de sombrero ancho, bigote, mirada dura, criado en la pobreza, al que le harán una serie de tv, no, el jefe de jefes ocupa una oficina de lujo, en Wall Street, en Polanco, en lomas, o lo que es peor en los palacios de gobierno y congresos.

Llevamos una década de luto, de estado de excepción, con una sociedad se ha tenido que adaptar a una situación de violencia permanente.  Vivimos una guerra civil no oficial.

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