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BLOG: Las Redes del Tiempo
Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Marzo 19, 2019

30 años de la World Wide Web
Publicado: Marzo 19, 2019

Internet y la World Wide Web o “telaraña mundial”, también conocida por sus siglas WWW no son lo mismo. Si hacemos una analogía, internet equivaldría a Europa, un continente con varios países; la web sería uno de estos, por ejemplo, Inglaterra.

Internet es la enorme infraestructura que contiene a la Web, junto con otros servicios como el acceso remoto a otras máquinas, transferencia de archivos, correo electrónico, conversaciones o chats en línea, transferencias bancarias, compra de productos, envío de mensajes instantáneos, etcétera. Como los países europeos, cada servicio tiene su propio idioma o protocolo.

La World Wide Web es un sistema de información muy reciente, que utiliza a internet como medio de transmisión. A diferencia de muchas invenciones que han cambiado al mundo, fue el resultado del trabajo de un solo hombre.

Thomas Alva Edison inventó el foco, pero en su laboratorio tenía a docenas de personas trabajando en el proyecto. Otro logro de un gran equipo, más anónimo, es la misma internet.

En cambio, la World Wide Web fue diseñada en solitario por Tim Berners-Lee, quien entregó su invento al mundo y ha luchado para que permanezca abierta, libre y sin propietario alguno.

Timothy John Berners-Lee nació el 8 de junio de 1955 en Londres, Inglaterra. Sus padres eran matemáticos y trabajaban en la Ferranti Mark I, la primera computadora vendida comercialmente.

Ellos le enseñaron a pensar de manera poco convencional; en la mesa del desayuno, Tim jugaba con números imaginarios, como adivinar cuál es la raíz cuadrada de -4. Hacía computadoras de juguete con cajas de cartón y se enamoró de la electrónica, que fue su hobby de la niñez.

Se inscribió en el Queen’s College de la Universidad de Oxford en 1972 para estudiar Física, esperando utilizar sus talentos innatos tanto en la teoría científica como en sus aplicaciones prácticas.

La física era un compromiso perfecto entre las matemáticas y la electrónica; además, era divertida. Mientras estudiaba en Oxford, construyó su propia computadora electrónica con un viejo televisor y algunas refacciones de equipos de computación que consiguió.

Poco después de graduarse en 1976, el joven se convirtió en consultor independiente de software, como experto en programas de cómputo.

En 1980, a los 25 años, Berners-Lee fue contratado para trabajar durante seis meses en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, conocido como CERN y ubicado en Ginebra, Suiza.

Durante sus ratos libres, trabajaba en un proyecto personal que le ayudara a organizar sus notas. Estaba interesado en programas que manejaran la información de manera similar al cerebro, pero que mejoraran la memoria de este, muchas veces limitada.

Diseñó un programa capaz de dar seguimiento a las asociaciones al azar, que todos hacemos. Se supone que los cerebros recuerdan bien, pero de repente el suyo era incapaz de hacerlo.

Lo llamó Enquire o Pregunta, inspirado en una enciclopedia de la época victoriana que leyó de niño, titulada Enquire Within Upon Everything o Pregunta sobre casi todo.

Enquire era un programa de almacenamiento de información que abarcaba asociaciones al azar o enlaces entre artículos, generalmente no relacionados entre sí. Fue la base conceptual de lo que más tarde se convertiría en la World Wide Web.

Durante los siguientes tres años, trabajó como diseñador técnico de software en la compañía de John Poole, Sistemas de Imagen Informática. En 1984 regresó a los Alpes suizos como becario del CERN, en sistemas para la obtención y control de datos científicos.

Trabajando con las ideas que entonces se utilizaban en el diseño de programas, adaptó un tipo de cuaderno de hipertexto o texto no lineal que tiene la habilidad de asociar diversos ítems, cuyas bases habían sido propuestas por Vannevar Bush en 1945.

Las palabras en un documento podían ser enlazadas a otros archivos de la computadora de Berners-Lee; él podía seguir un enlace por su número y automáticamente sacar el documento relacionado. Entonces no había un mouse o ratón para hacer clic.

El programa funcionaba espléndidamente, pero solo en su computadora. ¿Qué pasaría si quería información que estuviera en la de alguien más? Primero, necesitaría el permiso de esa persona para hacerlo; luego, tendría que realizar el tedioso trabajo de agregar el nuevo material a una base de datos central.

Una mejor solución sería poder abrir su documento y su computadora a todos y permitirles enlazar su material al suyo. Podría limitar el acceso a sus colegas del CERN, pero ¿por qué detenerse allí? ¡Podría abrirse a científicos de todas partes y extenderse a todas las redes!

En el esquema de Berners-Lee no habría un administrador, una base de datos central o problemas de escala. Todo iría creciendo como la misma internet: abierta, sin límites e infinita.

Tim Berners-Lee desarrolló un sistema de codificación fácil de aprender, el Lenguaje de Marcas Hipertextuales, mejor conocido como HTML por sus siglas en inglés.

HTML es el lenguaje universal de la World Wide Web, la manera como los creadores de páginas ponen los links o enlaces. Son esas líneas que aparecen subrayando algún título o frase y que cuando hacemos clic abren otra página. Los usuarios no vemos el lenguaje en sí, sino sus resultados o el diseño de la página.

Luego, diseñó un programa de direcciones para dar a cada página web una locación única o Localizador Uniforme de Recurso, URL por sus siglas en inglés. Se trata de una dirección en internet, que permite que un navegador encuentre y muestre la página.

A continuación, definió una serie de reglas para permitir que los documentos pudieran enlazarse en diferentes computadoras a través de Internet, conocidas como Protocolo de Transferencia de Hipertexto o HTTP.

Por último, creó el primer navegador o explorador de la World Wide Web, que permitiría a usuarios de internet en cualquier parte del mundo ver su creación en la pantalla de sus computadoras.

Su visión era que los usuarios no tuvieran que preocuparse por la parte tecnológica. Gracias a ese compromiso con la sencillez, nacieron las direcciones que comienzan con http:// y ya nos resultan familiares.

Aunque las direcciones de los sitios web son en realidad una larga serie de números y puntos, en los exploradores actuales aparecen de una manera fácil de recordar para los usuarios. Por ejemplo:

http://www.redam.mx

De hecho, basta con escribir redam.mx; el navegador completa la dirección e incluye automáticamente las letras del HTTP o algún otro protocolo.

En marzo de 1989, a los 33 años, Tim Berners-Lee escribió un documento histórico, titulado Administración de información: Una propuesta. Anotó que era “tan solo otro programa”… ¡Y revolucionó al mundo!

La World Wide Web o “telaraña mundial” debutó en 1991, brindando orden y claridad al caos del ciberespacio. A partir de ese momento, internet y la web crecieron a un ritmo increíblemente acelerado.

El primer navegador era muy sencillo y la web solo ofrecía texto. Sin embargo, fue la base de exploradores como Mosaic, que en 1993 incluyó imágenes. Algunos posteriores son Netscape, Internet Explorer, Mozilla, Firefox y Safari, cada vez más sofisticados.

Los expertos han comparado el impacto del sistema global creado por Berners-Lee con el de la imprenta de Gutenberg. Tomó un poderoso sistema de comunicaciones utilizado por la élite y lo convirtió en un medio masivo, al alcance de todos.

Obviamente, tuvo la oportunidad de hacerse multimillonario, como muchos otros que entraron después al negocio de las computadoras e internet. Sin embargo, el inventor decidió no recibir ganancias por su creación.

En 1994 aceptó un puesto en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, donde fundó el Consorcio de la World Wide Web, que coordina los estándares tecnológicos y vigila su libre desarrollo en todo el mundo.

Como su protector, Berners-Lee continúa promoviéndola como una comunidad abierta, accesible y universal. Por ello, ha recibido innumerables reconocimientos.

En 1999, la revista Time lo incluyó entre las 100 mentes más grandes del siglo XX. En 2004, la reina Isabel II lo nombró caballero comandante de la Orden del Imperio Británico por su trabajo pionero.

Comparada con enciclopedias y bibliotecas tradicionales, la World Wide Web ha permitido la descentralización de la información. Se ha convertido en parte importante de la vida de muchas personas para comunicarse, trabajar y hasta jugar, en un contexto global.

Además, ha hecho posible establecer relaciones entre individuos, grupos y comunidades, en un mundo sin fronteras, límites o reglas. Contiene miles de millones de páginas. Existen buscadores de bases de datos que pretenden catalogarlas, como Google, Yahoo! o Bing, con la ayuda de pequeños robots conocidos como “arañas”.

Estos motores de búsqueda catalogan el 10% del contenido de la web. Al 90% de páginas que no están catalogadas se le conoce como la web profunda o invisible.

Generalmente son bases de datos o bibliotecas universitarias que requieren una contraseña. Estos sitios pueden ser encontrados mediante buscadores más sofisticados, usados por académicos.

También existe la llamada la web oscura, utilizada para actividades ilegales. Los ciberdelincuentes invierten grandes recursos para que esos sitios no sean detectados por las autoridades.

El contenido de la World Wide Web está disponible en todo el mundo, pero aún no al alcance de todos; hay que tener una computadora o dispositivo móvil y pagar por el servicio de conexión a internet. La meta y el sueño de su inventor es que muy pronto sea accesible para cualquier habitante de nuestro planeta.

Para celebrar el trigésimo aniversario de la World Wide Web, Sir Tim Berners-Lee realizó un viaje de 30 horas, visitando el CERN en Suiza, donde todo empezó, el Museo de Ciencias de Londres, donde le hicieron un homenaje, y finalmente el Centro de Empoderamiento Tecnológico para Mujeres en Lagos, Nigeria.

El también creador de la Fundación World Wide Web publicó el pasado 12 de marzo un importante mensaje sobre cómo la red ha transformado nuestro mundo y qué debemos hacer para construir una que sea mejor y sirva a la humanidad, del que le compartimos algunos fragmentos:

“Hoy, 30 años después de aquel documento en el que proponía un sistema para la administración de información que hoy conocemos como la web, la mitad del mundo está en línea. Es momento de celebrar lo mucho que hemos avanzado, pero también una oportunidad para reflexionar sobre lo mucho que falta por hacer.

La web se ha convertido en una plaza pública, una biblioteca, un consultorio médico, una tienda, una escuela, un estudio de diseño, una oficina, un cine, un banco y mucho más. Con cada nueva función, cada nuevo sitio web, aumenta la brecha entre aquellos que están conectados y aquellos que no lo están, por lo que resulta imprescindible hacer que esté disponible para todo el mundo.

Y aunque la web ha creado oportunidades, dado voz a grupos marginados y hecho más fácil nuestra vida cotidiana, también ha creado oportunidades para estafadores, dado voz a aquellos que propagan el odio y facilitado la comisión de todo tipo de delitos.

En tiempos en que artículos sobre el uso indebido de la web dominan el ciclo noticioso, es comprensible que a muchas personas la web les genere temor, y no tengan la certeza de que realmente sea una fuerza positiva.

Pero, en vista de lo mucho que ha cambiado en los últimos 30 años, sería derrotista y poco imaginativo suponer que la web tal como la conocemos no puede mejorar en los próximos 30 años. Si renunciamos a mejorarla ahora, no será la web la que nos habrá fallado. Seremos nosotros los que le habremos fallado a la web.

No podemos limitarnos a culpar a un gobierno, una red social o al espíritu humano. Las narrativas simplistas generan el riesgo de que se agote nuestra energía, mientras perseguimos los síntomas de estos problemas en lugar de concentrarnos en sus raíces. Para hacerlo bien, necesitamos unirnos como comunidad global.

La lucha por la web es una de las causas más importantes de nuestra era. Actualmente, la mitad del mundo está en línea. Es más urgente que nunca asegurarnos de que la otra mitad no se quede afuera y que todos contribuyan para tener una web que impulse la igualdad, las oportunidades y la creatividad.

La web es para todos y colectivamente tenemos el poder para cambiarla. No será fácil. Pero si soñamos un poco y trabajamos mucho, podemos obtener la web que deseamos”.

No nos queda más que agradecer a Sir Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web.

Investigación y guión: Conti González Báez

 

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