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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Noviembre 18, 2014

Alan Turing
Publicado: Noviembre 18, 2014

El matemático británico Alan Turing es considerado fundador de las ciencias de la computación. Su trabajo fue clave para descifrar los códigos Enigma de los nazis durante la II Guerra Mundial.

Alan Mathison Turing nació el 23 de junio de 1912 en Londres, Inglaterra. Su padre, Julius Mathison Turing, era miembro del Servicio Civil Indio; su madre, Ethel Sara Stoney, hija del ingeniero en jefe de los ferrocarriles de Madrás. Se conocieron en la India.

Cuando tenía un año, sus padres volvieron a ese país, dejando al infante y su hermano mayor John con amigos de la familia, para no poner en peligro su salud en la colonia británica.

Desde pequeño, Alan Turing se interesó por los números y los rompecabezas; se dice que aprendió a leer por sí solo. A los seis años fue inscrito en el colegio St. Michael.

Pese a su inteligencia, tuvo dificultades para adaptarse; prefería el aprendizaje en solitario. Disfrutó la lectura de un popular libro llamado “Maravillas Naturales que Todo Niño Debería Conocer”, el cual despertó su interés científico.

Luego estudió en la Escuela Preparatoria Hazlehurst. Fue un estudiante promedio, comenzó a practicar ajedrez y se unió al grupo de debate.

A los 14 años, fue enviado como interno a la Escuela Sherborne. En 1926 hubo una huelga general en Inglaterra y, para asistir a su primer día de clases, tuvo que recorrer en bicicleta 96 km desde Southampton a Dorset, pasando la noche en una posada. La hazaña del joven fue narrada por la prensa local.

Su genio lo llevó por caminos distintos a los que le marcaban sus profesores. Fue criticado por su escritura y luchó con el inglés. Aunque encontraba respuestas no convencionales, ganó todos los premios matemáticos. En química llevó a cabo experimentos por su cuenta, disgustando a su profesor.

Aprendió matemáticas avanzadas, estudiando libros fuera del programa escolar. A los 16 años leyó los trabajos de Albert Einstein sobre la relatividad y pudo comprenderlos con facilidad.

En esa época encontró a un compañero intelectual con quien compartir sus ideas, Christopher Morcom. Inesperadamente, éste murió y la experiencia fue muy traumática para Turing.

Tuvo que presentar dos veces los exámenes para obtener una beca universitaria. En 1931, a los 19 años, Turing ingresó en el King’s College de Cambridge para estudiar Matemáticas.

Era un lugar adecuado para personas no convencionales como él; allí le era fácil explorar sus propias ideas. Comenzó a interesarse por la mecánica cuántica y la lógica matemática.

También fue cuando su homosexualidad se convirtió en parte definitiva de su identidad. Tuvo un breve romance con James Atkins, un compañero matemático y músico. Sin embargo, no frecuentaba los círculos literarios asociados con la comunidad homosexual; prefería remar, correr y navegar en un pequeño velero.

Se graduó en 1934 y fue elegido miembro del King’s College por una disertación sobre la teoría de la probabilidad, concretamente sobre el teorema central del límite. Aunque había sido recién descubierto, Turing no lo sabía y lo halló independientemente.

Publicó “Los Números Computables, con una Aplicación al Entscheidungsproblem” o problema de decisión, en alemán en el original. Reformuló los resultados obtenidos por Kurt Gödel en 1931 sobre los límites de la demostración y su computación.

Sustituyó al lenguaje universal descrito por Gödel por lo que hoy se conoce como Máquina de Turing, con unos dispositivos formales y simples. Pasaba de un estado a otro usando una serie precisa y finita de reglas, que dependía de un solo símbolo que leía de una cinta; podía escribir un símbolo o borrarlo.

Demostró que era capaz de implementar cualquier problema matemático que pudiera representarse mediante un algoritmo. Estaba describiendo una computadora moderna, antes que la tecnología permitiera que fuera posible construirla. La Máquina de Turing aún es objeto de estudio en la teoría de la computación.

Llegó a probar que no había solución para el problema de decisión. El estadounidense Alonzo Church publicó una demostración similar. Aunque el enfoque de Turing era diferente, su mentor Max Newman debió defender el caso para que su investigación fuera publicada antes por la Sociedad Matemática de Londres.

Los siguientes dos años, Turing trabajó en Estados Unidos, investigando bajo la dirección del propio Church en la Universidad de Princeton. En 1938 obtuvo su doctorado y regresó a Inglaterra.

Había jugado con la idea de construir un computador y al regresar a Cambridge comenzó a fabricar un artefacto análogo mecánico para investigar la hipótesis de Riemann, considerado el principal problema matemático no resuelto.

Siendo estudiante había practicado el remo y como investigador empezó a correr. Sus entrenamientos incluían frecuentemente la ruta de Cambridge a Ely y de regreso, una distancia de aproximadamente 50 km. Al estallar la II Guerra Mundial, su vida tomó nuevos rumbos.

Cuando se declaró la guerra en 1939, Alan Turing fue contactado por el Colegio de Código y Cifrado del Gobierno, que le pidió ayuda para romper los códigos Enigma de los alemanes.

Empezó a trabajar en Bletchley Park, la famosa instalación militar donde se descifraban los códigos nazis. Su labor estaba protegida por el Acta de Secretos Oficiales, pero hoy se ha vuelto pública.

Sus brillantes ideas para romper códigos y desarrollar computadoras salvaron miles de vidas durante la II Guerra Mundial. Fue un buen momento, con un desarrollo total de su inventiva, una rutina tranquila y un agradable grupo de compañeros de trabajo.

Junto con otro matemático, W.G. Welchman, desarrolló la Bombe, máquina basada en trabajos previos de matemáticos polacos, que desde 1940 decodificaban los mensajes enviados por las máquinas Enigma de la Luftwaffe o fuerza aérea alemana.

Las Enigma de la fuerza naval eran más difíciles de descifrar, un desafío que Turing disfrutaba. A mediados de 1941, su enfoque estadístico y la información capturada permitieron que las señales enviadas por la marina nazi fueran decodificadas en Bletchley.

Turing era el típico profesor distraído, con las uñas mordidas, la ropa descuidada y sin corbata; de movimientos torpes, con frecuencia dejaba las frases a la mitad. Era protagonista de divertidas anécdotas sobre bicicletas y máscaras de gas.

Pese a su afabilidad, el “Profe” era temido por quienes llegaban al lugar en busca de fama. Él trabajaba sin descanso largos turnos con sus colegas, la mayoría jóvenes estudiantes.

Inició una relación con una de esas jóvenes, Joan Clarke, a quien le propuso matrimonio; ella aceptó con gusto. Sin embargo, Turing lo pensó bien y luego se retractó, confesándole su homosexualidad.

De noviembre de 1942 a marzo de 1943, trabajó para los Aliados en Estados Unidos. Alemania había cambiado los códigos de sus mensajes y Bletchley Park ya no podía decodificarlos.

Turing no estuvo involucrado directamente con el exitoso descifrado de esos códigos más complejos, pero sus ideas fueron importantes para lograrlo. Por su vital contribución al esfuerzo de guerra, fue premiado con la Alta Orden del Imperio Británico en 1945.

Al finalizar el conflicto bélico, fue invitado por el Laboratorio Nacional de Física en Londres para diseñar una computadora. Propuso la Máquina de Computación Automática.

Su diseño era original y detallado, para una computadora en el sentido moderno. La capacidad de almacenamiento que planteó fue considerada demasiado ambiciosa y sin posibilidad de éxito, por lo que hubo retrasos en la aprobación del proyecto.

Turing regresó a Cambridge para el año académico 1947-48. Amplió sus intereses al estudio de neurología y psicología, pero no olvidó las computadoras y escribió un código para programar.

Retomó el atletismo y fue miembro del Club Atlético Walton, ganando su campeonato de 3 y 10 millas en tiempo récord. También corrió en la Maratón de la Asociación de Atletismo Amateur en 1947 y llegó en quinto lugar.

Tenía un trabajo tan estresante, que la única manera para despejar su mente era entrenando duro; este escape le daba grandes satisfacciones.

Asombraba a sus colegas corriendo a reuniones científicas, ganándoles muchas veces a quienes viajaban en transporte público. Sólo una lesión en la pierna impidió que fuera considerado para el equipo británico en los Juegos Olímpicos de Londres 1948.

En Cambridge formó un círculo de amistades duraderas, incluyendo a su discípulo Robin Gandy. También se enamoró de un estudiante de matemáticas del King’s College, Neville Johnson.

Max Newman era profesor de matemáticas en la Universidad de Manchester y le ofreció un puesto. Turing aceptó y renunció al Laboratorio Nacional de Física.

En Manchester, Williams y Kilburn habían iniciado la construcción de una máquina de computar; se esperaba que Turing liderara la parte matemática del trabajo.

Durante años se encargó de diseñar las subrutinas a partir de las cuales era construido el programa mayor; cuando el trabajo se estandarizó, trabajó en problemas generales de análisis numérico.

En 1950 publicó “Maquinaria de Cómputo e Inteligencia”. Es un trabajo notable, que predijo las preguntas que aparecerían a medida que las computadoras se desarrollaran.

Estudió problemas que hoy permanecen en el corazón de la inteligencia artificial. En esta investigación propuso el Test de Turing, que todavía es aplicado hoy al intentar resolver si las computadoras pueden ser inteligentes.

Fue elegido miembro de la Real Sociedad de Londres en 1951, por su trabajo en la Máquina de Turing. Estaba trabajando en la aplicación de la teoría matemática a las formas biológicas y en 1952 publicó su estudio teórico sobre morfogénesis, el desarrollo de patrones y formas en organismos vivos.

Ese mismo año su carrera profesional se vio truncada, a partir de un problema policial. Una versión dice que su amante, Arnold Murray, ayudó a un cómplice a entrar en su casa para robarle y Turing acudió a la policía a denunciar el delito. Otra refiere que la denuncia fue porque había sido amenazado con un chantaje por carta.

Durante la investigación, Turing reportó a la policía detalles sobre su relación y fue arrestado por violar los estatutos británicos sobre la homosexualidad.

Los actos homosexuales seguían siendo ilegales en el Reino Unido y se le imputaron cargos de “indecencia grave y perversión sexual”, los mismos que a Oscar Wilde más de medio siglo antes.

Convencido de que no había hecho nada malo, no se defendió de los cargos y fue condenado. Se le dio la opción de ir a prisión o someterse a un tratamiento hormonal para reducir la libido, es decir, una castración química.

Escogió las inyecciones de estrógenos u hormonas femeninas, que duraron un año y le produjeron importantes alteraciones físicas, como aumento de peso, la aparición de pechos e impotencia.

Aunque intentó retomar sus investigaciones académicas, sentía una gran aflicción, de la cual no podía hablar debido al Acta de Secretos Oficiales.

La operación de decodificación en Bletchley Park fue la base para nuevos trabajos de inteligencia en la Oficina Central de Comunicaciones del Gobierno.

Con la Guerra Fría se convirtió en una operación importante y Turing continuó trabajando allí, aunque sus colegas de Manchester no sabían nada al respecto.

Tras la sentencia del juicio, le quitaron su pase. Peor aún, a los oficiales les preocupaba mucho que alguien con completo conocimiento del trabajo que se llevaba a cabo en dicha oficina fuera un riesgo para la seguridad.

Tenía muchos colegas extranjeros, como cualquier académico, pero la policía comenzó a investigarlos. Unas vacaciones que tomó en Grecia causaron consternación entre los oficiales de seguridad.

Dos años después del juicio, el 7 de junio de 1954, Turing murió por envenenamiento con cianuro de potasio, sustancia que utilizaba en su laboratorio para realizar experimentos de electrólisis. El veneno fue encontrado en una manzana a medio comer a su lado.

Aunque su madre siempre mantuvo que la ingestión fue accidental, la investigación forense concluyó que se trató de un suicidio. Así, la otrora exitosa vida de Alan Turing terminó amargamente cuando tenía tan sólo 41 años.

Tras su muerte, permaneció prácticamente olvidado por el país que lo vio nacer, con apenas una placa indicando la casa donde vivió y una calle con su nombre.

En 2009, el programador y autor de libros de computación británico John Graham-Cumming puso en marcha una iniciativa con el fin de reivindicarlo. Envió una petición para que el entonces primer ministro Gordon Brown se disculpara formalmente por el proceso llevado a cabo en su contra.

Graham-Cumming tenía pocas esperanzas de obtener una respuesta, pero lo más importante era que la gente oyera hablar sobre Turing y se diera cuenta de su increíble impacto en el mundo moderno, así como del terrible trato que recibió.

Planeó la exitosa campaña durante sus viajes rumbo al trabajo, en el segundo piso de un típico autobús londinense. La gente se enteró a través de su página Web, correos electrónicos y Twitter. Varios medios de comunicación contaron su historia y en poco tiempo consiguió más de 30,000 firmas, apoyando su petición.

Finalmente recibió una llamada de Gordon Brown, quien le agradeció haber iniciado la campaña y lo felicitó por su valentía. El 10 de septiembre de 2009, el Primer Ministro publicó un comunicado sobre Alan Turing, reconociendo la terrible manera en que fue tratado por ser homosexual:

2009 ha sido un año de profunda reflexión – una oportunidad para que Gran Bretaña, como nación, conmemore las profundas deudas que tenemos con aquellos que vinieron antes.

Estoy encantado y orgulloso de que, gracias a una coalición de informáticos, historiadores y activistas de la comunidad Lésbica, Gay, Bisexual y Transgénero, tengamos una oportunidad este año de celebrar otra contribución de la lucha de Gran Bretaña contra la oscuridad de la dictadura; la del rompecódigos Alan Turing.

Era un matemático brillante, conocido fundamentalmente por su trabajo para romper los códigos Enigma. No es ninguna exageración decir que, sin su extraordinaria contribución, la historia de la II Guerra Mundial podría haber sido muy diferente.

Él era ciertamente una de esas personas de las que podemos decir que su contribución personal ayudó a cambiar el rumbo de la guerra. Por esto la deuda de gratitud que tenemos con él hace aún más horrible que fuera tratado de forma tan inhumana.

En 1952 fue condenado por “indecencia grave” -en efecto, fue juzgado por ser gay. Su condena -y tuvo que enfrentarse a la infame elección entre esto o la cárcel- fue la castración química mediante una serie de inyecciones de hormonas femeninas. Se suicidó sólo dos años después.

Miles de personas se han reunido para pedir justicia para Alan Turing y un reconocimiento de la horrible forma en la que fue tratado.

Aunque fue procesado según las leyes vigentes en la época y no podemos hacer retroceder el tiempo, fue absolutamente injusto y me satisface tener la oportunidad de decir cuán profundamente apesadumbrados estamos todos por lo que le ocurrió.

Alan y otros miles de hombres gay fueron tratados de manera terrible bajo leyes homofóbicas. A lo largo de los años, millones más vivieron con el miedo de ser condenados.

Me enorgullece que esos días hayan terminado y que en los doce últimos años este gobierno haya hecho tanto por nuestra comunidad Lésbica, Gay, Bisexual y Transgénero. Este reconocimiento de Alan como una de las más famosas víctimas británicas de la homofobia es otro hacia la igualdad.

Pero aún más que eso, Alan se merece el reconocimiento por sus contribuciones a la humanidad. Para aquellos nacidos después de 1945, en una Europa unida, democrática y en paz, es difícil imaginar que nuestro continente fue una vez el escenario de la hora más oscura de la humanidad.

Es difícil creer que aún queden personas vivas que pueden recordar que la gente pudo ser consumida de tal modo por el odio; por el antisemitismo, la homofobia, la xenofobia y otros prejuicios; que las cámaras de gas y los crematorios fueran parte del paisaje europeo.

Es gracias a hombres y mujeres dedicados a luchar contra el fascismo, como Alan Turing, que los horrores del holocausto y la guerra total son parte del pasado y no del presente de Europa.

Así que en nombre del gobierno británico y en el de todos los que vivimos en libertad gracias al trabajo de Alan, me siento orgulloso de decir: Lo sentimos, te merecías algo mucho mejor.

Para Graham-Cumming, esa  histórica disculpa oficial marcó el final de su campaña. Logró que en todo el mundo se recordaran las valiosas aportaciones a la computación moderna de Alan Turing, gran matemático y héroe de la II Guerra Mundial.

Tras presentarse en varios festivales cinematográficos, la película británico-estadounidense “Imitation Game” (“Juego de Imitación”), sobre la vida de Alan Turing, se estrenó el pasado 14 de noviembre en el Reino Unido y su estreno en Estados Unidos será a fin de mes.

En México y otros países de habla hispana tendremos que esperar hasta enero para verla en los cines, con el título “El Código Enigma”. El filme está basado en el libro biográfico “Alan Turing: El Enigma” de Andrew Hodges.

Dirigida por el noruego Morten Tyldum, narra la historia del padre de las computadoras modernas, genio matemático y visionario que salvó millones de vidas, con sus grandes logros y posterior persecución.

Alan Turing es interpretado por el inglés Benedict Cumberbatch, quien ya es mencionado por los críticos como posible candidato a un Óscar por su extraordinaria actuación. La música es del francés Alexandre Desplat.

 Investigación y Guión: Conti González Báez

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