web
stats
Lunes a Sábado de 00:00 a 04:45
BLOG: Las Redes del Tiempo
Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Junio 27, 2019

Aristarco de Samos y el modelo heliocéntrico
Publicado: Junio 27, 2019

Actualmente sabemos que la Tierra gira alrededor del Sol, pero no es algo obvio. Durante la mayor parte de la historia, se pensó lo contrario. Desde el Siglo XVI comenzó a extenderse la idea de que el Sol ocupa el centro del Sistema Solar.

Se señala a Copérnico como iniciador de la tesis heliocéntrica y a Galileo como su mejor propagandista, mientras que Kepler y Newton la perfeccionaron.

Sin embargo, casi dos mil años antes de que Galileo Galilei fuera condenado por sostener el heliocentrismo, vivió en la Grecia antigua el astrónomo y matemático Aristarco de Samos.

Fue el primero en proponer dicha teoría y es una injusticia histórica que solo sea conocido entre especialistas, totalmente olvidado por la cultura popular.

Los griegos no tenían telescopios; estos se fabricaron en tiempos de Galileo, veinte siglos más tarde. Pese a ello, varios científicos de la Antigüedad se dedicaron a la astronomía.

Aristarco nació en el año 310 a.C. en la isla de Samos, ubicada en el Mar Egeo, frente a las costas de Turquía. Considerado el último astrónomo de la escuela pitagórica, se sabe poco de su vida y obra, excepto por referencias de otros autores después de su muerte.

Se cuenta que fue uno de los pocos hombres que en su tiempo tuvieron un conocimiento profundo de todas las ramas de la ciencia, incluyendo matemáticas, geometría, astronomía y música.

Fue discípulo del gran filósofo y astrónomo Estratón de Lampsacos, jefe de la Escuela Peripatética fundada por Aristóteles, una de las corrientes filosóficas de la antigua Grecia, y también el fundador de la Escuela de Alejandría, a donde emigró el joven Aristarco.

Este destacó entre los más grandes pensadores con el apodo de el Matemático, por sus grandes facilidades para el raciocinio, la geometría y las matemáticas.

Aristarco fue uno de los muchos sabios que hizo uso de la legendaria Biblioteca de Alejandría, en la que se reunían las mentes más privilegiadas del mundo clásico. A los 29 años, observó el solsticio de verano en esa ciudad egipcia.

Fue un brillante recopilador de solsticios y equinoccios. Interpretó sus observaciones correctamente, atribuyendo estos fenómenos al movimiento de la Tierra alrededor del Sol.

Lo más sorprendente son las conclusiones que obtuvo. Por ejemplo, comprendió que la órbita terrestre está inclinada respecto al Sol, lo que explica los cambios de las estaciones.

Su cuidadosa observación de un eclipse lunar, indicando la posición del Sol en el lado opuesto del cielo, permitió a Hiparco, 169 años más tarde, deducir la precesión de los equinoccios.

Una sola obra de Aristarco llegó a los tiempos modernos. Es un corto tratado titulado Sobre las dimensiones y distancias del Sol y de la Luna. Forma parte de una colección de nueve textos astronómicos que, afortunadamente, se copió con tanta frecuencia que sobrevivió hasta nuestros días.

No es del todo preciso debido a la falta de instrumentos de observación adecuados, pero es perfectamente válido desde el punto de vista teórico y da muestras de sus grandes capacidades como astrónomo y matemático.

Aunque el resultado obtenido con los cálculos del sabio resultó erróneo, esencialmente fue muy valioso. Permitió afirmar que la Tierra está mucho más lejos del Sol que de la Luna. Como ambos astros parecen ser del mismo tamaño a los ojos humanos, el Sol debía ser más grande que la Tierra y la Luna menor que esta.

La importancia de estos trabajos de Aristarco no radica en sus resultados numéricos, buenos o malos, sino en el hecho de que se haya planteado la posibilidad de llevar al cabo tales mediciones y que haya desarrollado métodos para hacerlas.

Era una nueva perspectiva del universo, despojándolo de un carácter místico para convertirlo en un ente físico comprensible a través de la razón y con dimensiones físicas que podían medirse.

La fama de Aristarco de Samos no se debe a sus mediciones, sino a su modelo del Sistema Solar. Entonces, la creencia obvia era pensar en un sistema geocéntrico.

Los astrónomos de la época veían a los planetas y al Sol dar vueltas sobre nuestro cielo, por lo que la Tierra debía encontrarse en el centro del universo.

Los planteamientos de Aristóteles realizados un siglo antes no dejaban lugar a dudas y reforzaban dicha tesis. Los planetas, el Sol, la Luna y las estrellas se encontraban en esferas fijas que giraban en torno a la Tierra.

Sin embargo, algunos planetas como Venus y Marte describían trayectorias errantes en el cielo. A veces se movían hacia adelante o hacia atrás. Esto era un problema, pues la tradición aristotélica decía que todos los movimientos celestiales eran círculos perfectos.

Heráclides encontró una posible solución al proponer que los planetas podrían orbitar el Sol y este, a su vez, a la Tierra. Fue un gran salto conceptual, pero aún era un modelo parcialmente geocéntrico.

A partir de sus observaciones del cielo y cálculos matemáticos, Aristarco propuso que la Tierra, la Luna y los cinco planetas conocidos: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, giraban alrededor de un Sol sin movimiento. La Tierra también giraba alrededor de su eje, lo cual hacía innecesaria una rotación de la esfera con las estrellas fijas.

Escribió un libro en el que sostenía que el Sol y las estrellas permanecían inmóviles mientras la Tierra giraba alrededor del Sol y que la esfera de estrellas fijas también tenía al Sol como centro. Hoy en día sabemos que el Sol no es el centro del Universo, pero era un paso gigantesco plantear que la Tierra tampoco lo era.

Sus revolucionarias ideas astronómicas fueron condenadas como sacrílegas por las escuelas filosóficas de entonces. Uno de los estoicos, Cleante, manifestó su rechazo en un tratado titulado Contra Aristarco.

Proponía procesarlo por un acto de herejía, tachándolo de impío al haber desplazado a la Tierra, el Hogar del Universo, del centro del mismo y perturbado la paz de los dioses.

Aristarco no tuvo éxito intentando convencer a sus contemporáneos con su revolucionaria teoría. Su fracaso no solo se debió a la superstición religiosa de algunos grupos, ya que en la Biblioteca de Alejandría se daban cita las mentes más abiertas de la Antigüedad.

Lo que ocurrió fue que le pedían pruebas para demostrar sus nuevas ideas y Aristarco no podía explicar por qué, si la Tierra describía esa órbita anual alrededor del Sol, las estrellas se mantenían siempre en la misma posición relativa a lo largo del año.

Los sabios de la Antigüedad no imaginaban las grandes distancias que nos separan de tales astros; tampoco podían explicar por qué el movimiento de rotación de la Tierra sobre su eje no afectaba el movimiento del aire, las nubes y los proyectiles.

Aristarco sostenía que las estrellas fijas estaban a tal distancia que su posición aparentaba ser la misma aunque la Tierra se moviera con respecto al Sol, algo imposible de demostrar en aquella época.

Por desgracia, del modelo heliocéntrico de Aristarco solo nos quedan las citas de escritores clásicos como Arquímedes y Plutarco. Los trabajos originales probablemente se perdieron en uno de los varios incendios que sufrió la Biblioteca de Alejandría, en donde el Matemático desarrolló gran parte de su labor.

Aristarco de Samos murió en el año 230 a.C. en Alejandría. Tras su muerte, se dejaron de lado las ideas heliocéntricas y se retornó a la idea del círculo como única órbita posible.

En lo referente al Sistema Solar, astrónomos de gran jerarquía se empecinaron en reproducir los movimientos de los planetas como trayectorias circulares, sin importarles si eran reales o no.

El esquema de Aristarco fue olvidado durante dieciocho siglos. Tras el desastre mundial que supuso para la humanidad la desaparición de la Biblioteca de Alejandría y los más de mil años de oscuridad para la ciencia que le siguieron, hubo que esperar a Nicolás Copérnico, quien en 1543 publicó su obra Sobre las Revoluciones de las Órbitas Celestes, donde retomaba el modelo heliocéntrico.

Se dice que Copérnico iba a citar en el epílogo a Aristarco de Samos como su precursor, pero que finalmente decidió no hacerlo, para no quitarse mérito a sí mismo.

Hay una meseta y un cráter en la Luna llamados Aristarco en honor del astrónomo más avanzado de la Antigüedad. La meseta es una zona rectangular color pardo, de aproximadamente 200 km, elevada sobre la planicie del Océano de las Tempestades.

El cráter de impacto en la esquina de la meseta tiene 46 km de diámetro y 4 km de profundidad. Es uno de los cráteres lunares más importantes y con mayor brillo. De ahí parten irradiaciones, que se ven como rayos de color claro.

El tamaño del Cráter Aristarco permite observarlo con binoculares. Es fácilmente visible unos 3 días antes de la fase de Luna llena, así como durante las noches siguientes.

Aristarco de Samos merece ser recordado como el original iniciador del heliocentrismo y uno de los más importantes teóricos que han contribuido a explicar el universo.