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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Noviembre 19, 2016

Belisario Domínguez héroe de la Revolución Mexicana
Publicado: Noviembre 19, 2016

Belisario Domínguez Palencia nació el 25 de abril de 1863 en Comitán de las Flores, Chiapas, hoy Comitán de Domínguez en su honor.

Sus padres fueron el comerciante Cleofás Domínguez y María del Pilar Palencia y Espinoza, originaria de la capital de Guatemala. De ideas liberales, ambos gozaban de excelente reputación como personas buenas, laboriosas y honradas.

Su abuelo, Quirino Domínguez y Ulloa, fue vicegobernador del estado y encargado del gobierno en ausencia del titular. Su tío Gregorio murió en 1847, defendiendo a Comitán contra las fuerzas reaccionarias del general Barberena.

Belisario nació durante las luchas contra la intervención francesa y el imperio. Cuando tenía apenas un mes de nacido, su padre Cleofás formó parte del pequeño grupo de voluntarios que defendieron a Comitán del ataque de las fuerzas imperialistas encabezadas por Juan Ortega.

En esa épica jornada, resultó herido en el muslo derecho y le fue amputada la pierna en la Ciudad de Guatemala. Desde entonces se le conoció como “El Valiente Mutilado”.

Su tío, el coronel José Pantaleón Domínguez, condujo al glorioso Batallón de Chiapas durante un difícil y agotador viaje de 60 días a través de ríos, montañas y valles, para incorporarse al Ejército de Oriente y defender la ciudad de Puebla, en el sitio de 63 días que impuso el ejército francés.

Belisario hizo sus primeros estudios en su ciudad natal. Era querido y respetado por sus condiscípulos de la escuela primaria. Disfrutaba la vida en la tranquila ciudad de calles empedradas y barrios de casas viejas, los paseos cotidianos, sus fiestas y su gente.

A los 15 años se trasladó a San Cristóbal las Casas, para continuar su educación en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado. Cuando cursaba el primer año, se desbordó el río Amarillo. Las escuelas fueron cerradas y tuvo que regresar a Comitán.

Al año siguiente viajó a Francia con su hermano Evaristo. En el Instituto Chevaliere de París repitió parte de sus estudios, porque los realizados en Chiapas no le fueron reconocidos.

El inquieto joven deseaba servir a sus semejantes y se inscribió en la Facultad de Medicina de La Sorbona. Diez años después, obtuvo el título de Médico Cirujano, Partero y Oculista.

El liberalismo estaba en su apogeo y Domínguez observaba los ambios sociales. Tras titularse, recorrió varias ciudades europeas, visitando modenos hospitales y sanatorios.

Su amor por México aumentaba con la distancia y las dificultades para comunicarse. Deseaba regresar para llevar algo de bienestar a sus coterráneos, con los conocimientos adquiridos. De nada le serviría atesorar la ciencia si no la ponía al servicio de su pueblo.

En 1890, Belisario Domínguez regresó a Comitán, instaló su consultorio e inició sus actividades médicas, ganándose el reconocimiento del pueblo por su capacidad y trato cortés.

Lo mismo atendía al enfermo pobre en su humilde choza que al aristócrata en su rica mansión. Parte de lo que ganaba con los ricos lo repartía entre los pobres, principalmente indios, con quienes compartió sus angustias, sufrimientos y dolores.

Brindaba al necesitado atención, palabras de aliento y hasta medicinas sin costo. Emprendía largos viajes para llegar a zonas marginadas y atender a sus moradores.

A los 27 años se casó con su prima Delina Zebadúa Palencia, cuyo único patrimonio eran su belleza y virtudes. Tuvieron cuatro hijos: Matilde, Hermila, Carmen, quien murió al nacer, y Ricardo.

Su padre Cleofás enfermó gravemente; el médico lo operó con éxito, pero el anciano necesitaba de su cuidado. Domínguez declinó asistir como delegado chiapaneco a un Congreso Médico en Moscú, Rusia, en 1897. Ese mismo año falleció su madre, Pilar.

Al comenzar el Siglo XX, el porfirismo estaba en su apogeo. La dictadura perseguía, encarcelaba o asesinaba a obreros y campesinos cuando exigían sus justas reivindicaciones.

El Dr. Belisario Domínguez estaba preocupado. Su esposa Delina enfermó y su médico recomendó trasladarla a la Ciudad de México, con la esperanza de que especialistas que pudieran curarla.

Fue internada en un sanatorio particular y Domínguez la acompañaba constantemente, pero le avisaron que su padre estaba grave y partió enseguida hacia Comitán.

No pudo hacer nada para salvar a Don Cleofás, quien murió en octubre de 1902. Regresó al lado de Delina, quien murió en noviembre de 1903. Poco después falleció su hermana Carlota.

El Dr. Domínguez permaneció en la capital; vivió en una casa ubicada en la 2ª. Calle de Revillagigedo y en Tacubaya. Se dedicó al ejercicio de su profesión e incursionó en el periodismo.

Escribió sobre la situación de su estado natal. Teniendo importantes recursos naturales, el atraso y la miseria de sus habitantes era notable debido a las ambiciones políticas y económicas de sus gobernantes, que poco habían hecho a favor del pueblo.

Publicó “Chiapas, Carta a los Señores Porfiristas de la Ciudad de México”, exigiendo a los gobiernos federal y estatal mayor atención a las múltiples necesidades del estado, olvidado y abandonado.

La situación política entró en ebullición ante la nueva reelección del general Porfirio Díaz como presidente de la república, para un periodo de seis años.

Los clubes liberales de oposición se multiplicaban en todo el país, mientras sus órganos de prensa eran clausurados por el gobierno. En el Tívoli del Eliseo, ante un auditorio de chiapanecos del Partido Liberal, hablaron Emilio Rabasa y Belisario Domínguez.

Éste pidió a sus paisanos vigilar de cerca los actos de sus gobernantes, elogiarlos cuando hicieran el bien y criticarlos cuando obraran mal, ser imparciales, decir siempre la verdad y sostenerla con firmeza. Nada de anónimos ni de seudónimos, les dijo.

Fundó el VATE, periódico de filosofía, literatura y variedades, cuyas siglas significaban: “Virtud, Alegría, Trabajo y Estoicismo”. Fue propietario, director, redactor y hasta voceador.

Publicó artículos contra el presidente Díaz y el gobernador porfirista de Chiapas, Rafael Pimentel, planteando sus ideas políticas afines a Francisco Ignacio Madero.

Desgraciadamente, sólo aparecieron cuatro números del VATE. La censura era estricta y la represión muy dura para quienes críticaban el gobierno.

En 1905, el Dr. Domínguez regresó a su amado Comitán, viudo a los 42 años y con tres hijos: Matilde, Hermila y Ricardo. Con un socio, estableció una farmacia llamada “La Fraternidad”.

Junto tenía su consultorio, al que acudían personas de diferentes clases sociales. Él recibía el pago de quienes podían hacerlo; otros no pagaban la consulta, pero sí las medicinas.

Era mayor el número de pacientes pobres a los que no les cobraba la consulta y les obsequiaba el medicamento recomendado. Su bondad no tenía límites y con frecuencia se le veía por los arrabales de la población, cocinando para algún enfermo o cargando unas tablas para improvisar una cama para otro.

En 1910 inició la Revolución Mexicana. La lejanía y la falta de comunicaciones mantenían aislado a Chiapas, que se incorporó tardíamente al movimiento armado.

Cuando el gobierno estatal incautó el capital del Hospital Civil de Comitán, Domínguez defendió aquellos intereses, enfrentándose al gobernador Pimentel. En un banquete le pidió resetuosamente la devolución de aquellos fondos.

Fue postulado por el Partido Liberal de Comitán como candidato a la presidencia municipal. Debido a su popularidad, obtuvo un triunfo casi unánime, tomando posesión del cargo a principios de 1911.

En pocos meses, reorganizó la hacienda municipal e impulsó la educación y los servicios públicos. Pronto, su fama trascendió a todo Chiapas. Sus ideas avanzadas, conducta impecable y ayuda a los desvalidos le dieron gran fuerza.

Rechazó la invitación del Ayuntamiento de San Cristóbal las Casas para secundar la sublevación iniciada por el coronel Juan Espinosa Torres, exigiendo al gobernador del estado la entrega de Tuxtla Gutiérrez y la disolución de la legislatura local.

El movimiento subversivo intentaba que los poderes estatales fueran regresados a San Cristóbal las Casas. Domínguez, intentando evitar un derramamiento masivo de sangre, retó a Espinosa a batirse con él, en un duelo suicida.

El superviviente determinaría si los poderes continuaban en Tuxtla Gutiérrez o regresaban a San Cristóbal las Casas. No hubo contestación al reto.

En noviembre de 1911, Francisco Ignacio Madero asumió la presidencia de la república, convocando a elecciones para renovar las dos cámaras del Congreso de la Unión.

Los chiapanecos pensaron en Belisario Domínguez para senador. Con modestia, éste declinó tal honor y sólo aceptó la suplencia de Leopoldo Gout, amigo y compañero de luchas liberales. La planilla triunfó arrolladoramente en los comicios de 1912.

Al año siguiente, Domínguez se trasladó a la Ciudad de México, para que su hijo Ricardo estudiara la preparatoria. El médico se instaló en el Hotel Jardín, en la calle de San Juan de Letrán, y su hijo en una casa de pensión.

Fueron testigos de los acontecimientos de la Decena Trágica. Con dolor e indignación recibieron la noticia del sacrificio del presidente Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, así como del ascenso al poder de su victimario, el traidor Victoriano Huerta.

Con este gobernante cruel, empezó una era de aprehensiones y asesinatos. El ambiente en la capital era aterrador, con numerosos muertos y heridos en las calles; el Dr. Domínguez colaboró en la labor humanitaria de ayudarlos.

El 3 de marzo murió el senador Gout y fue llamado su suplente. A Domínguez le correspondía actuar en la política nacional en momentos muy difíciles, cuando se esfumaban las esperanzas democráticas del pueblo, se burlaban las leyes y los mercenarios del dictador mostraban su instinto sanguinario.

Pese al ambiente hostil, sus intervenciones en la Cámara Alta fueron de gran dignidad y valor cívico, demostrando abiertamente su enemistad a Huerta, negándose a apoyar al gobierno ilegítimo que asesinó a Madero y Pino Suárez.

Su apasionado discurso no fue incluido en el Diario de los Debates, por lo que por él mismo mandó imprimir el texto de su protesta y se encargó de distribuirlo por las calles.

El 23 de septiembre redactó otro discurso incendiario, llamando asesino y desequilibrado mental al usurpador Huerta. La presidencia del Senado impidió que lo leyera en el recinto legislativo.

No estaba dispuesto a solapar la injusticia y nuevamente decidió publicarlo por su cuenta. Recurrió a varios impresores, quienes temerosos de las represalias se negaron a imprimirlo.

Su paisano Adolfo Montes de Oca, propietario de una imprenta, tampoco quiso apoyarlo. Pero María Hernández Zarco, una operaria del negocio, se ofreció a imprimirlo en forma clandestina, durante una noche llena de espanto y terror.

Domínguez quedó conmovido por la valentía de la joven de 14 años, agradeciendo su valiosa participación en la difusión de su mensaje, “para honra y gloria de la mujer mexicana”. La publicación causó gran impacto en la opinión pública y alentó a quienes, con las armas en las manos, se oponían al régimen.

El 29 de septiembre de 1913 se escuchó de nuevo a Domínguez, reiterando las razones para oponerse al gobierno espurio y solicitando al Senado que se le comisionara para pedir la renuncia de Huerta, sabiendo que ponía en peligro su vida.

La sentencia del sanguinario gobernante no se hizo esperar. El 7 de octubre, gracias a las intrigas de Aureliano Urrutia, Francisco Chávez recibió la orden para sacar del Hotel Jardín al senador Belisario Domínguez y liquidadarlo.

Chávez llamó al teniente coronel Alberto Quiroz, jefe de la gendarmería, y a Gabriel Huerta, jefe de las comisiones de seguridad, para que se encargaran de la misión. Éstos dudaron de la orden recibida y consultaron con Huerta, quien personalmente les dijo: “Sí, háganlo, lo he mandado”.

A media noche, acompañados por Gilberto Márquez y José Hernández, apodado Matarratas, llegaron al cuarto número 16 del 2º. piso del Hotel Jardín, donde el senador chiapaneco dormía.

“Invitado” a acompañar a los agentes, Domínguez salió con ellos y le pidió al velador del hotel, José María Ávila, que le avisara a su hijo cuando llegara por la mañana.

En el Panteón de Coyoacán, apodado por el pueblo el Panteón de los Crímenes por ser el lugar favorito de los sicarios de Huerta, bajaron del carro y continuaron a pie hasta la puerta.

Márquez le disparó al senador un balazo detrás de la cabeza. Ya caído y herido mortalmente, Alberto Quiroz le dio dos disparos más. Al crimen se sumó una mutilación, ya que el Aureliano Urrutia le cortó la lengua, para enviarla como trofeo al usurpador.

Luego lo desvistieron, robaron 15 pesos que llevaba y con ellos pagaron al sepulturero José de la Luz Pérez, para que lo enterrara. Sus ropas fueron incineradas. En premio a su “hazaña”, Huerta ascendió a Quiroz al grado de coronel.

La diputación federal chiapaneca propuso una comisión para interpelar al Poder Ejecutivo sobre la desaparición del senador Domínguez. Huerta ordenó al ministro de gobernación presentarse en la Cámara de Diputados para exigir una retractación.

Su ptesidente, el diputado José María de la Garza, dio entrada a la petición, informó que sería turnada a la Comisión Unida de Gobernación e inmediatamente clausuró la sesión. La diputación federal obró con dignidad y valentía.

Ante este “desacato” de la Cámara de Diputados, fuerzas militares al mando de Aureliano Blanquet, apoyado por los esbirros Alberto Quiroz y Francisco Chávez, irrumpieron en el Palacio Legislativo.

Detuvieron a 84 diputados y los llevaron al infame Palacio de Lecumberri. Esta situación obligó a la Cámara de Senadores a declarar inexistente el Poder Legislativo.

El Club Belisario Domínguez exigió al Procurador General de Justicia investigar el paradero del senador. Se turnó el caso al Juez Primero de Instrucción, Alberto Rodríguez Arréchiga, quien logró esclarecer el crimen, ordenó la aprehensión de los autores, la exhumación del cadáver y su autopsia.

Con el sacrificio del senador se agigantó la llama del movimiento constitucionalista. Huerta se vio perdido y el 15 de julio de 1914 presentó su renuncia. Obligado al exilio, abandonó México a bordo del barco alemán Dresden con destino a Kingston, Jamaica.

Luego se trasladó a España y dos años más tarde, consumido por el alcohol, murió en una lóbrega celda de Fort Bliss, Texas, en los Estados Unidos.

El 13 de agosto de 1914, un grupo de chiapanecos consiguió la autorización para trasladar los restos de Belisario Domínguez al Panteón Francés.

Una semana después, entraron a la capital los Centauros de la Constitución y asumió la Presidencia de la República, con carácter de interino, Venustiano Carranza, primer jefe del Ejército Constitucionalista.

El 7 de octubre de 1917, al cumplirse cuatro años de su asesinato, el Congreso de la Unión declaró Benemérito de la Patria al Ciudadano Dr. Belisario Domínguez y acordó inscribir su nombre, con letras de oro, en el lugar de honor del salón de sesiones de la Honorable Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

Por decreto del 21 de noviembre de 1934, la ciudad natal del prócer chiapaneco lleva su apellido: Comitán de Domínguez. Su hermana Herlinda obtuvo autorización del Departamento Central para exhumar sus restos del Panteón Francés y llevarlos ahí, donde fueron inhumados en mayo de 1938.

En 1953 se creó la Medalla de Honor Belisario Domínguez del Senado de la República, para premiar a quienes se hayan distinguido por su ciencia o virtud en grado eminente, como servidores de nuestra patria o la humanidad.

Es de oro, pendiente de una cinta de seda con el tricolor nacional. En el anverso figura el Escudo de la Patria y en su reverso la efigie de Belisario Domínguez, en medio de la inscripción: “Ennobleció a la Patria. 7 de octubre de 1913”.

Es otorgada en una sesión solemne, con la presencia del presidente de la república, para conmemorar el sacrificio del mártir de la democracia.

Belisario Domínguez quería que la patria “floreciera más grande, más unida y más hermosa que nunca” y su sangre fecunda la grandeza de México.

La Comisión de la Medalla Belisario Domínguez del Senado de la República determinó que en 2016 sea otorgada, post mortem, a Gonzalo Miguel Rivas Cámara.

El 12 de diciembre de 2011, el trabajador de una gasolinera en Chilpancingo, Guerrero, impidió que se extendiera un incendio a los depósitos de combustibles, cuya explosión hubiera provocado cientos de muertos y heridos.

Cerró las válvulas de seguridad y con un extinguidor apagó el fuego, pero quedó bañado en gasolina ardiendo. Murió veinte días después, a los 48 años, a causa de las quemaduras.

Su candidatura fue promovida por el periodista Luis González De Alba, recientemente fallecido. La ceremonia de entrega a sus familiares será el próximo jueves 24 noviembre, a las 12:30 horas, en la antigua casona de Xicoténcatl.

Investigación y guión: Conti González Báez

 

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