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BLOG: Las Redes del Tiempo
Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Enero 21, 2017

Bicentenario de la bicicleta
Publicado: Enero 21, 2017

La bicicleta es un vehículo de dos ruedas alineadas a un cuadro, impulsado por la fuerza ejercida sobre una combinación de pedales y engranajes movidos por los pies y dirigido mediante un manubrio.

Su desarrollo creó una nueva opción para transportarse, que multiplicó hasta cinco veces la eficiencia para el desplazamiento humano de un lugar a otro.

Las referencias más antiguas se remontan hasta las antiguas civilizaciones de Egipto y China. Hay jeroglíficos egipcios en los que se describe a un hombre montado sobre una máquina rudimentaria, con dos ruedas unidas por una barra. En China existió una máquina similar, con ruedas de bambú.

Siglos más tarde, Leonardo da Vinci hizo el bosquejo de una máquina muy parecida a la bicicleta moderna, con una transmisión de cadena. Aparece el Códice Atlanticus y nunca se construyó.

El descubrimiento del dibujo, realizado por unos monjes en 1966, permitió saber que desde 1490 todas las partes de una bicicleta estaban disponibles, pero los inventores se tardaron varios siglos en juntarlas.

En 1790, el Conde Mede de Sivrac inventó el celerífero, palabra que viene del latín celer, rápido, y fero, llevo. Era un aparato con dos ruedas de madera alineadas, conectadas por una vigueta de un metro de largo, sobre la cual se montaba el conductor a horcajadas, como si fuera un caballo. Avanzaba impulsado por los pies.

El invento del francés Sivrac carecía de manubrio o cualquier otro elemento de dirección y no tenía articulación alguna. Para las maniobras, había que agarrarse fuertemente y pisar tierra.

También llamado “caballo de ruedas”, fue considerado por sus contemporáneos una extravagancia, pero algunos excéntricos adoptaron el novedoso vehículo, que hizo furor en Paris.

Muy pronto el madero dejó de ser tosco y la parte delantera tomó formas alegóricas, como cabezas de caballo, león, ciervo o dragón, así como figuras fantasmagóricas.

Casi tres décadas después, el barón Karl Drais von Sauerbronn perfeccionó el celerífero. En 1817, la erupción del volcán Tambora en Indonesia provocó un caos climático en todo el planeta. Las malas cosechas causaron escasez y aumentos en los precios de la avena para alimentar a los caballos.

El ingeniero y silvicultor alemán diseñó el vehículo, Laufmaschine o “máquina de correr”, para desplazarse por los inmensos jardines reales de Baden y los bosques cercanos.

Era un carrito de madera con dos ruedas, una detrás de otra. Contaba con un pequeño asiento y un manillar con una vara unida al eje de la rueda delantera, que giraba hacia la dirección deseada, sin necesidad de detenerse.

Para avanzar, el conductor empujaba alternadamente con el pie izquierdo y el derecho hacia adelante, en forma parecida al movimiento de una patineta. Con este impulso, el vehículo adquiría una velocidad de unos 16 km por hora, similar a la de un coche tirado por un caballo.

La “máquina de correr” fue llamada draisiana en honor a su inventor. Al principio, provocó hilaridad; los primeros compradores fueron nobles, que la popularizaron en su entorno.

La draisiana fue tomada con más seriedad cuando su inventor cubrió el trayecto entre las poblaciones de Mannheim y Karlsruhe en 4 horas, frente a las 16 que hubiera tardado a pie.

El gran duque Carlos de Baden lo nombró profesor de mecánica y continuó pagándole una pensión por su invento. Se considera a la draisiana el prototipo de la bicicleta actual y por eso celebramos su bicentenario en 2017.

Karl Drais murió sin conocer el éxito de su invento. Fue copiado muchas veces por no estar patentado, pero también mejorado por mecánicos franceses, alemanes y británicos.

En Inglaterra, los primeros modelos fueron llamados “caballitos” y los jóvenes los pusieron de moda. Denis Johnson cambió la madera por hierro, ganando consistencia y seguridad.

En 1839, el herrero escocés Kirkpatrick MacMillan le añadió palancas de conducción y, para impulsarla, una manivela a ambos lados del eje de la rueda trasera, la cual movía con el empuje de los pies, ayudándose con largas barras.

MacMillan realizó un viaje de ida y vuelta entre Dumfries y Glasgow de 226 km, a una velocidad media de 13 km por hora. Sin embargo, las ideas viajaban más lentamente en esa región británica, por lo que su invento no tuvo la difusión necesaria.

En 1861, el francés Pierre Michaux introdujo una innovación revolucionaria. En su taller de carruajes parisino, recibió una draisiana para repararla. Con su hijo Ernest de 19 años, decidió modificarla, dotándola con ruedas de hierro, manubrio y pedales.

La apariencia cambió; las ruedas dejaron de tener el mismo diámetro; la delantera, donde colocó los pedales, tenía casi la altura de un hombre, mientras que la trasera no rebasaba la de su rodilla.

Este invento fue bautizado velocípedo, de velox, veloz, y piedis, pie. Requería que el conductor se transformara en equilibrista, ya que subir y bajar de aquel artefacto requería más dotes circenses que deportivas.

Al igual que sus precursores, carecía de sistema de frenos y pesaba demasiado. La tendencia fue hacer aún más grande la rueda delantera y reducir la trasera; con ello se ganaba en velocidad y disminuía el peso. La altura a la que se situaba el conductor hacía que fuera muy peligroso, pero tuvo gran popularidad.

Los velocípedos fueron presentados en la Exposición Universal de Paris en 1867. Los Michaux comenzaron a fabricar 200 máquinas al día, con gran éxito comercial; fueron imitados rápidamente.

En Inglaterra, varias fábricas empezaron a construir velocípedos o biciclos, conocidos popularmente como “sacudidores de huesos”, a causa de sus vibraciones cuando circulaban sobre carreteras pedregosas o calles adoquinadas.

En 1869, los ingleses introdujeron varios inventos con el propósito de reducir el peso, como las ruedas con rayos de alambre y los neumáticos de caucho montados sobre ruedas huecas de acero.

Ese año fue patentado el primer vehículo con el nombre moderno de bicicleta, que significa “dos ruedas” y se realizó la primera competencia ciclista.

Los hermanos Olivier, asociados de la fábrica de Michaux, organizaron una carrera en el Parque Saint-Cloud de París, con 1,200 metros de recorrido. Participaron siete ciclistas y ganó el inglés James Moore. A partir de entonces, comenzó la fiebre del ciclismo y la velocidad se convirtió en una obsesión.

En 1870, el ingeniero inglés James Starley aprovechó el principio de suspensión para crear la bicicleta llamada penny farthing, o “un cuarto de penique”, expresión inglesa que se refiere a algo barato.

Con una rueda delantera de 127 cm alcanzaba altas velocidades, pero implicaba para el conductor pruebas casi acrobáticas. El mayor inconveniente estaba en la falta de estabilidad cuando la rueda tropezaba con un pequeño obstáculo.

Como los pedales hacían girar directamente a la rueda delantera, la velocidad estaba en función del diámetro de la misma. A mayor tamaño, aumentaba la distancia que podía recorrer con una rotación de los pedales. Un ciclista podía comprar una rueda tan grande como se lo permitiera el largo de sus piernas.

Los vehículos fabricados a la medida estuvieron de moda entre los jóvenes pudientes, porque su costo equivalía a seis meses del salario de un obrero.

Diversos inventores desconocidos agregaron a la bicicleta el freno de contra pedal y liberaron la rueda motriz del eje pedalier. Hasta entonces, ambos conjuntos giraban a la vez, obligando al ciclista a mantener sus piernas en constante movimiento.

El uso de tubos de acero en vez de hierro macizo redujo el peso de 40 a 25 kg. La vibración excesiva y la inestabilidad debida a la rueda alta obligó a los inventores a reducir su altura.

El inglés John Kemp Starley creó una máquina baja con las ruedas casi del mismo tamaño, lo que le dio gran estabilidad. Trasladó los pedales al centro y la rueda trasera pasó a ser la motriz, mediante varillas que partían individualmente de cada pedal. Además le acopló frenos, por lo que fue llamada “bicicleta de seguridad”.

El invento le valió a Starley un monumento en Coventry y la bicicleta de seguridad se extendió rápidamente por todo el mundo industrializado, debido a su accesible costo para un trabajador.

En 1883, mientras se llevaba a cabo el primer Campeonato del Mundo en pista cubierta en Leicester, Inglaterra, Pierre Michaux murió en un asilo, un año después que su hijo Ernest. En 1894, en su natal Bar-le-Duc se levantó un monumento a ambos, como precursores de la bicicleta.

En 1885 fue construido el primer velódromo en Burdeos, Francia. El suizo Hans Renold inventó la cadena como medio de transmisión a la rueda trasera, sustituyendo las varillas. Esto permitió reducir considerablemente el peso de la bicicleta.

El desarrollo de una buena llanta se debió al veterinario escocés John Boyd Dunlop, para ayudar a su pequeño hijo a ganar una carrera. El niño se quejaba de los duros golpes que recibía al andar en su bicicleta.

Dunlop ideó un sistema para reducir las vibraciones de las ruedas, interponiendo entre la llanta y la cubierta de goma un tubo delgado de caucho que podía llenarse de aire comprimido. Unió dos trozos de manguera de jardín en forma de anillo, bombeó aire en su interior y los sujetó en las ruedas, amortiguando así el molesto golpeteo. Por supuesto, su hijo ganó la carrera.

En 1887, Dunlop patentó el neumático relleno de aire, que facilitaba un rodaje cómodo y rápido, así como la válvula. Al aparecer las primeras ponchaduras, el inventor sustituyó la cubierta de goma por una envoltura de tela y caucho. La federación de ciclismo inglesa lo adoptó, pero el Dr. Dunlop no aprendió a montar en bicicleta hasta nueve años después.

En Inglaterra, Robertson perfeccionó el neumático; en Francia, los hermanos Michelín lo hicieron desmontable y en Italia, Giovanni Battista Pirelli hizo lo propio.

Las bicicletas pesaban ya entre 18 y 20 kg. Los avances en metalurgia permitieron mejorar la tecnología de los tubos y el desarrollo de piezas de aleación, para máquinas aún más ligeras.

La bicicleta se convirtió en uno de los vehículos más populares del mundo a fines del siglo XIX. Era una inversión práctica para el transporte del trabajador y le permitía disfrutarla en sus horas libres.

Antes, cuando los hombres arriesgaban sus cuellos sobre las altas ruedas, las damas estaban limitadas por sus largas faldas, apretados corsés y altos tacones; solo podían dar vueltas en triciclos para adulto, unas aburridas máquinas que también permitían conservar la dignidad a ciertos caballeros, como médicos y clérigos.

Por fin, las mujeres pudieron montar las nuevas máquinas y conservar sus piernas cubiertas por las faldas. Además, la locura por las bicicletas contribuyó a la desaparición del corsé. En 1896, Susan B. Anthony dijo: “La bicicleta ha hecho más por la emancipación de la mujer que ninguna otra cosa en el mundo”.

El ciclismo amateur ha sido prueba olímpica desde los primeros juegos de la Era Moderna en 1896, pero no se permitió la presencia de ciclistas profesionales hasta 100 años después, durante los Juegos Olímpicos Atlanta 1996.

En el siglo pasado nacieron las grandes carreras de ruta por etapas, apoyadas por publicaciones deportivas: el Tour de Francia en 1903, el Giro de Italia en 1909, la Vuelta a España en 1935 y la Vuelta Ciclista a Colombia en 1951.

Al principio, los competidores debían recorrer enormes distancias por carreteras llenas de polvo, lodo y nieve con pesadas máquinas que carecían del cambio de marcha, inventado en los años 20.

La tecnología militar hizo importantes aportaciones a la bicicleta. En las dos guerras mundiales, desempeñó un importante papel como transporte silencioso, utilizado por enlaces y correos.

La bicicleta de competición no ha sufrido grandes cambios, excepto por la mayor ligereza de sus materiales. Primero se pasó de las llantas de hierro a las de madera; más tarde apareció el aluminio y hoy en día se utilizan el carbono, la cerámica y materiales derivados de la tecnología aeroespacial, como el titanio, el teflón o el kevlar.

En los 60, la contaminación atmosférica y la crisis mundial del petróleo incrementaron el interés por la bicicleta como medio de transporte. En algunas ciudades se establecieron los primeros carriles para ciclistas.

La importancia dada a la condición física en los 70 aumentó su popularidad. Apareció la bicicleta de diez velocidades, muy ligera, con frenos de mano y neumáticos estrechos de alta presión.

Poco después, un grupo de ciclistas comenzó a realizar carreras en las montañas de California. A los jóvenes Joe Breeze, Charlie Kelly, Gary Fisher y Tom Ritchey se les ocurrió colocarle llantas anchas a sus viejas bicis, obteniendo más control y mayor velocidad.

A partir de su experiencia, a mediados de los 80 fue desarrollada la bicicleta de montaña, cuyo diseño ofrece un mejor equilibrio. Las actuales bicicletas de este tipo pesan alrededor de 11 kg y permiten recorrer todo tipo de terrenos escabrosos, hasta lugares antes solo accesibles a pie o a lomos de un animal.

El uso urbano de la bicicleta está generalizado en Europa y es el principal medio de transporte en varios países de Asia, como China e India. Actualmente hay en el mundo alrededor de mil millones de bicicletas, cantidad que duplica el número de automóviles.

En la Ciudad de México se ha promovido recientemente la utilización de la bicicleta, con resultados no tan buenos debido a su extensión y características orográficas.

Para el transporte personal o comercial, la práctica deportiva del ciclismo o la simple recreación, la bici está presente en todos los países del mundo y es utilizada por personas de todas las edades.

Alemania celebrará el bicentenario de la bicicleta con la emisión de una moneda de 20 euros en plata Ley 925, con la imagen de la Laufmaschine, “máquina de correr” o draisiana inventada por el barón Karl von Drais en 1817. Se lanzará en julio de 2017.

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