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Junio 20, 2015

Edgar Allan Poe, el Maestro del Terror
Publicado: Junio 20, 2015

Considerado el Maestro del Terror, Edgar Allan Poe es uno de los más reconocidos cuentistas en la historia de la Literatura. Más de siglo y medio después de su muerte, los cuentos del escritor estadounidense siguen maravillándonos y han sido llevados al cine o a la televisión una y otra vez.

Edgar Allan Poe nació en Boston, Massachussets, el 19 de enero de 1809. Fue hijo de dos actores teatrales ambulantes, la inglesa Elizabeth Arnold, célebre por su belleza, quien representó a Ofelia y Cordelia de Shakespeare y David Poe, hijo de un general, quien se fugó para casarse con ella, haciéndose también actor.

Cuando Edgar aún no cumplía dos años, su padre, enfermo y alcohólico, desapareció para siempre de sus vidas en Nueva York. Meses después nació su hermana Rosalie y la familia se trasladó a Richmond, Virginia, en el Sur de Estados Unidos.

Meses después, la madre murió de tuberculosis a los 24 años y los hermanos fueron separados. Edgar fue recogido por su padrino, el comerciante de tabaco John Allan, del que tomó el segundo nombre, y su esposa Frances. Rosalie fue adoptada por otra familia.

Los Allan eran ricos y aunque nunca adoptaron legalmente a Edgar, lo trataban como a un hijo, educándolo en los mejores colegios. Se encariñó con Frances, pero siempre tuvo dificultades con John.

Edgar Allan Poe comenzó sus estudios en el colegio de Clotilda Fisher, hasta que los Allan emprendieron un viaje al Reino Unido y se establecieron una temporada en Escocia.

Edgar asistió a la escuela local; al año siguiente se trasladaron a Londres e ingresó en la escuela del Reverendo John Bransby, en la que permaneció interno durante tres años.

Cuando tenía 11 años, la familia regresó a Richmond, donde el joven continuó sus estudios en dos escuelas privadas distintas, completando así un accidentado recorrido colegial.

Durante su adolescencia, Edgar Allan Poe empezó a escribir poemas, con los que enamoró a muchas jovencitas. Su mayor influencia fue Byron, aunque leía todo lo que estaba a su alcance.

A los 14 años conoció a su primera novia, Sarah Elmira Royster; el idilio se rompió porque los padres de ella interceptaban su correo, haciéndola creer que ya no la amaba, logrando que lo dejara.

Poe entró a la Universidad Estatal de Virginia, en Charlottesville. Pese a mostrar grandes aptitudes, empezó a beber y a tener problemas por deudas de juego. Las apuestas comenzaron porque su padrastro no le daba suficiente para sus gastos, ya que no le agradaban sus intereses literarios.

Su salud era mala debido a la herencia de sus padres tuberculosos y tenía poca resistencia al alcohol. No tomaba tanto, pero una pequeña cantidad de vino o licor bastaba para perturbar su organismo y desquiciarlo.

Cuando volvió a Richmond, Sarah se había comprometido con otro hombre. Para colmo, John Allan, disgustado por la afición del joven a la bebida y al juego, se negó a pagar sus deudas, le prohibió volver a la Universidad y lo obligó a trabajar como empleado.

El joven abandonó el trabajo y viajó a Boston, donde la miseria y el hambre lo obligaron a alistarse en el ejército a los 18 años como soldado de artillería, con el nombre falso de Edgar A. Perry.

Ese mismo año publicó su primer libro, “Tamerlán y Otros Poemas”, que ya mostraba el sello de un gran poeta. Fue trasladado a Carolina del Sur y nombrado Sargento Mayor.

A la muerte de Frances, Poe se reconcilió con John Allan y dejó el ejército. Publicó otro libro de poemas, “Al Aaraf”, e ingresó en la prestigiosa Academia Militar de West Point, en Nueva York. Mientras tanto, Allan volvió a casarse y tuvo tres hijos con su nueva mujer, quienes desplazaron a Edgar de sus prioridades.

Edgar Allan Poe y su padrastro John Allan rompieron definitivamente en 1831, cuando el joven fue expulsado de West Point y publicó otro volumen, “Poemas”.

Poe se trasladó a Baltimore, donde vivió con su tía María Clemm y su primita Virginia, sorteando toda clase de penurias. Desde ese momento, volcó todos sus esfuerzos en la escritura.

Publicó cinco cuentos en un periódico de Filadelfia; ganó un premio de cincuenta dólares del “Saturday Visitor” de Baltimore por “Manuscrito Encontrado en una Botella” y consiguió el puesto de redactor en la revista “Mensajero Literario del Sur” de Richmond.

Como crítico literario en diversas publicaciones hizo muchas enemistades, por destrozar a sus contemporáneos. En todos esos empleos recibía un sueldo mísero, pero a cambio le daban la oportunidad de publicar sus relatos y alcanzar la fama.

Tristemente, la mayor parte del tiempo vivió en la miseria. John Allan murió y no contempló a Edgar en su testamento, con lo que el escritor perdió toda esperanza de realizar su trabajo literario en mejores condiciones económicas.

Con su tía y prima se mudó a Richmond, donde a los 27 años se casó con la pequeña Virginia. Como ella tenía sólo 13 años, su fecha de nacimiento fue falsificada en los documentos de la boda.

Era una muchacha bella, encantadora, con un carácter amable y heroico que influyó notoriamente en el trabajo del autor. Esta etapa fue muy feliz, pero no duró mucho.

Pese a haber aportado su talento y trabajo para quintuplicar la circulación del periódico, fue despedido del “Mensajero Literario del Sur” debido a sus ataques hipocondríacos y crisis alcohólicas.

En Nueva York fue contratado por otra revista, pero ésta quebró y se quedó en la calle. Su tía María tuvo que abrir una pensión para subsistir. Poe publicó más cuentos y ensayos, así como su única novela, “Las Aventuras de Arthur Gordon Pym”, donde narra un escalofriante viaje sin regreso a la Antártida.

En 1839 encontró un puesto en una revista de Filadelfia. Allí publicó algunos de sus mejores cuentos, como “La Caída de la Casa Usher”. Fue despedido otra vez y soñó con tener su propia revista.

Mientras tanto, fue redactor jefe en otra revista y publicó “El Hombre de la Multitud”, “Los Asesinatos de la Calle Morgue”, “La Isla del Hada” y “Un Descenso al Maëlstrom”, entre otros.

En enero de 1842, su esposa Virginia tuvo una hemorragia y fue el inicio de una penosa enfermedad, la tisis. En esa época Edgar Allan Poe conoció a Charles Dickens, al que admiraba mucho.

Poe abandonó su puesto en la revista, intentando conseguir una plaza en la Administración de Aduanas de Filadelfia, pero fracasó en el intento. Su producción de cuentos continuó con “El Retrato Oval”, “La Máscara de la Muerte Roja”, “El Misterio de Marie Rogêt y “El Pozo y el Péndulo”.

Al año siguiente retomó su proyecto de crear una revista literaria y viajó a Washington, buscando suscriptores y apoyos para sacarla adelante. Logró concertar una cita con el hijo del presidente de los Estados Unidos, quien iba a presentarle a importantes inversionistas, pero todo acabó debido a que Poe estaba borracho. La revista nunca se publicó.

Mientras tanto, su cuento “El Escarabajo de Oro”, acerca de la búsqueda de un tesoro enterrado, obtuvo el premio de 100 dólares concedido por la revista “Dollar Newspaper”.

Más tarde publicó “El Corazón Delator” y “El Gato Negro”, dos de sus mejores cuentos de terror. Comenzó a dar conferencias para promover sus libros y ayudarse económicamente.

En 1844 regresó a Nueva York y obtuvo un puesto en otro periódico. Se estableció con su familia en una granja a orillas del río Hudson, donde compuso su más famoso poema, “El Cuervo”, que fue publicado en un periódico rival bajo el seudónimo de “Quarles”.

Cambió otra vez de publicación, colaborando en el “Broadway Journal”, en el que fue redactor jefe y más tarde propietario de la revista, viendo parcialmente cumplido su sueño.

Esta situación duró hasta que la revista desapareció por problemas económicos. Poe siguió sin obtener suficientes beneficios monetarios con su trabajo, aunque la crítica alababa sus virtudes.

A mediados de 1846 pudo instalarse en una pequeña casa de campo en las afueras de Nueva York, donde el aire era más benigno para la salud de Virginia, que empeoraba día a día. Comenzó a escribir “Eureka: Un Poema en Prosa” y publicó “El Tonel de Amontillado”.

Al año siguiente Virginia murió, dejando a Poe sumido en la desesperación. Todo se volvió más siniestro debido a su adicción al alcohol y su supuesto consumo de opio, atestiguado por algunos contemporáneos. A ella le dedicó su último gran poema, “Anabel Lee”, elegía a la muerte de una hermosa joven.

El escritor también cayó enfermo, sufriendo una congestión cerebral. Tras recuperarse, continuó trabajando y entabló amistad con algunas mujeres, que lo admiraban y compadecían.

Conoció a Sarah Elena Withman en Providence y le pidió matrimonio. Pero cuando Poe iba rumbo a Boston, intentó suicidarse. Ella rompió el compromiso y él regresó a casa con su siempre comprensiva tía María Clemm, “Muddy”.

En una etapa confusa, reencontró a su primera novia, Sarah Elmira Royster, a la que no había visto en 24 años. Intentando recuperar su dignidad y cambiar el rumbo de su vida, se comprometió en matrimonio con ella, ya viuda.

Cuando se dirigía a Nueva York, llegó enfermo y débil a Baltimore, donde se celebraban unos comicios. Como un vagabundo más, se acercó para recibir las monedas que la chusma de borrachines recibía de ciertos partidos por depositar un voto a su favor.

Nunca cobró el dinero que necesitaba para emborracharse. Fue hallado inconsciente tirado en la calle, con ropas harapientas que ni siquiera eran suyas.

Ingresado como desconocido en un hospital de caridad, agonizó en medio de terribles delirios e incesantes imágenes de terror que acosaban su mente agotada, llamando a un tal “Reynolds” e incapaz de recuperarse de su traumática experiencia.

Cuatro días después, el 7 de octubre de 1849, murió en el hospital; tenía sólo 40 años. Fue una muerte triste y solitaria. Sus últimas palabras fueron: “Que Dios ayude a mi pobre alma”.

Fue enterrado en el panteón de Baltimore. Su tía María intentó reunir los fondos necesarios para trasladar sus restos al cementerio de Greenwood, pero no lo logró.

Años más tarde, el juez Nielson Poe ordenó una lápida de mármol, que no llegó a la tumba del escritor porque el tren que la llevaba se descarriló y la hizo añicos.

Después, un grupo de maestros de Baltimore reunió dinero y encargó el proyecto a un nuevo escultor, pero el molde se rompió en el horno de la fundición. En el tercer intento el molde quedó listo, pero un terremoto destruyó el edificio que lo guardaba. La vida le deparó un sepulcro humilde al gran Edgar Allan Poe.

Como lo comentamos en Las Redes del Tiempo, el Maestro del Terror recibió por fin un funeral apropiado 160 años después de su trágica muerte, con motivo del bicentenario de su nacimiento.

Del 7 al 10 de octubre de 2009, la ciudad de Baltimore instaló una capilla ardiente con una réplica del cuerpo del escritor en la Casa y Museo Poe, donde miles de visitantes le presentaron sus respetos.

Durante dos noches hubo vigilias en su tumba y luego el sencillo ataúd de pino fue llevado en una carroza tirada por caballos hasta Westminster Hall, para un funeral al estilo del siglo XIX.

Sus admiradores actuaron como dolientes, vestidos de luto o con ropas, velos y sombreros de la época, para sumarse a la procesión; otros portaron camisetas alusivas al maestro del terror.

El servicio fúnebre incluyó elegías pronunciadas por figuras del mundo literario, así como por actores caracterizados como personajes contemporáneos de Poe y escritores que lo admiraban.

El espíritu de Edgar Allan Poe fue revivido, para que el gran poeta pudiera recibir la elegía que no tuvo tras su solitaria muerte y ser despedido por sus amigos, antes de partir a lo que llamó “la región de las sombras”.

Hay un acuerdo unánime sobre la distinción natural, elocuencia y belleza de Edgar Allan Poe. Sus maneras, mezcla de altivez y dulzura, tenían gran firmeza.

En sus días buenos, su fisonomía, andar y gestos lo señalaban como un ser elegido. Toda su persona tenía una solemnidad penetrante y seductora.

Sus ojos eran grandes, sombríos y luminosos a la vez, de un color incierto, tendiendo al violeta; la nariz, noble y sólida; la boca, fina y triste, aunque levemente sonriente; el rostro moreno, siempre pálido. Su expresión era distraída y melancólica.

De joven había demostrado aptitud para los ejercicios físicos; pequeño de estatura, era robusto y capaz de grandes esfuerzos. Pese a su apariencia enfermiza, estaba forjado como un atleta, pero poco a poco perdió su fuerza y salud.

Sencillo, bromista, afectuoso e ingenioso, tenía para todos una palabra amable, una sonrisa benévola y atenciones corteses. Era un gran conversador y, según las mujeres que lo trataron, siempre caballeroso. Sin embargo, prefiría la soledad.

Afirmaba que las cuatro condiciones elementales de la felicidad eran: la vida al aire libre, el amor de una mujer, el desapego de toda ambición y la creación de una nueva belleza.

Poe empezó a tomar en exceso a raíz de la enfermedad de su adorada esposa Virginia, ante la cual sentía gran dolor e impotencia. La embriaguez se convirtió en un método de trabajo, enérgico y mortal, apropiado a su naturaleza apasionada.

Le servía de estimulante lo mismo que de relajante. Después de beber, no podía resistir el deseo de hallar de nuevo las visiones maravillosas y las concepciones sutiles que le atraían, imperativas. En “El Gato Negro”, apuntó estas palabras fatídicas: “¿Qué enfermedad es comparable al alcohol?”

Edgar Allan Poe escribió poca poesía; no le dedicó más tiempo debido a su precaria situación económica. Sus poemas destacan por su impecable construcción literaria y la tenebrosa belleza de sus temas obsesivos, como la melancolía y la muerte.

Su dominio extraordinario del ritmo y el sonido es evidente en “Las Campanas”, que evoca el repique de los instrumentos metálicos y “El Durmiente”, que produce un estado de somnolencia.

Aunque se sentía poeta, las circunstancias lo llevaron a escribir cuentos, a cuya escritura se resignó como tareas ocasionales y que le dieron la inmortalidad.

Sus relatos fantásticos y de terror destacan por su gran inventiva. “El Escarabajo de Oro”, “Los Crímenes de la Calle Morgue” y “La Carta Robada” son claros antecedentes de la moderna novela de misterio o policíaca.

Como ningún otro, comprendió el horror que anida en el corazón delator del ser humano y nos legó una obra oscura, opresiva, macabra e inolvidable.

“Eureka” es un poema en prosa escrito en la genialidad de la demencia de Poe, quien buscó mostrar su visión del universo, convencido de que su trabajo revolucionaría la ciencia del futuro.

Guiado sólo por su intuición, contiene desconcertantes aciertos, revelados muchas décadas después, entre los que destaca el Big Bang como origen del universo en expansión.

Dedicado a Alexander Von Humboldt, no despertó el menor interés. Pasaron 118 años para que, gracias a los avances tecnológicos del Siglo XX, las ideas del escritor dejaran de ser considerados patrañas. Aunque sin valor científico, “Eureka” sirvió para revalorizar las fantásticas posibilidades intuitivas de la mente humana.

Sus ensayos son famosos por su sarcasmo e ingenio, situándolo entre los mejores críticos literarios estadounidenses, con gran influencia en muchos escritores americanos y europeos.

Traducido por Baudelaire, Mallarmé y Córtazar, admirado por Julio Verne, quien le dedicó “La Esfinge de los Hielos”, continuación de “Las Aventuras de Arthur Gordon Pyn’” y situado por Pablo Neruda en su “matemática tiniebla”, Edgar Allan Poe fue el primer escritor universal de los Estados Unidos y quizá el más grande todos.

Según Jorge Luis Borges, detrás de Poe hay una neurosis que le sirvió para renovar el cuento fantástico y multiplicar las formas literarias del horror.

Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, dijo que si cada autor de una historia que le debiera algo a Edgar Allan Poe pagara una décima parte de sus honorarios para un monumento al Maestro, podría hacerse una pirámide tan alta como la de Keops.

Conti González Báez

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