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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Febrero 1, 2019

Edward Donnall Thomas, pionero en el trasplante de médula ósea
Publicado: Febrero 1, 2019

Hubo un tiempo en el que un diagnóstico de leucemia era una sentencia de muerte. Las probabilidades de sobrevivir eran casi nulas. Gracias a un equipo de pioneros del Centro de Investigaciones del Cáncer Fred Hutchinson, encabezado por el Dr. Donnall Thomas, decenas de miles de pacientes se han salvado.

Hijo de una maestra y un médico rural, Edward Donnall Thomas nació el 15 de marzo de 1920 en la pequeña población de Mart, Texas. Su padre había enviudado y fue el único hijo de su segundo matrimonio.

Su papá visitaba a sus pacientes a caballo o en una calesa, también tirada por animales. En ese entonces, sus intereses eran cazar y pescar. En su salón del bachillerato había solamente 15 alumnos, pero nunca fue un estudiante destacado.

En 1937 entró a la Universidad de Texas en Austin y durante el primer semestre obtuvo calificaciones de B. Sin embargo, conforme las materias fueron cada vez más difíciles y demandantes, empezó a disfrutar los estudios, en especial los cursos de Química.

En plena depresión económica, el dinero escaseaba y el joven estudiante tuvo que conseguir diversos trabajos para mantenerse, como servir mesas en el dormitorio universitario de mujeres.

Una fría mañana de enero nevó, algo raro en Texas. Al salir de su trabajo como mesero, una atractiva joven le lanzó una bola de nieve. Así conoció a Dorothy Martin, apodada Dottie, quien se convirtió en su esposa y compañera de trabajo de toda la vida.

Él estudiaba Ciencias y ella Periodismo; la pareja se dio cuenta de que así sería difícil verse y seguir juntos. Entonces ella decidió cambiar de carrera y convertirse en técnica médica.

En 1943, después de casarse, Don entró a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y Dottie comenzó su entrenamiento como laboratorista en el Hospital Deaconess de Nueva Inglaterra, mientras ambos trabajaban para sostenerse.

En la Escuela de Medicina, Thomas empezó a interesarse en la médula ósea y la leucemia, interés que compartía con su esposa. Ella combinaba sus nuevos conocimientos como laboratorista con lo que había aprendido de Periodismo; sus habilidades como investigadora documental y escritora fueron invaluables en el trabajo de ambos.

En 1946, Thomas obtuvo su doctorado en Medicina. Luego siguieron un internado, un año de especialización en Hematología, dos años en el ejército, un año de trabajo posdoctoral en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y dos años de residencia médica, el último como jefe residente médico del Hospital Peter Bent Brigham en Boston.

En ese tiempo el Dr. Joseph Murray era un cirujano residente. Al Dr. Thomas le tocó ayudarlo a cuidar a su primer paciente con transplante de riñón. Los colegas se hicieron amigos desde entonces, debido a su interés común en los transplantes.

Durante su larga preparación médica, Thomas se había interesado en diversos experimentos contemporáneos para tratar la leucemia con nuevas drogas y tratamientos, así como en los factores que podían estimular la función de la médula ósea.

En 1955 aceptó la invitación del Dr. Joseph Ferrebee para trabajar en el Hospital Mary Imogene Basset en Cooperstown, Nueva York, afiliado a la Universidad de Columbia.

De inmediato comenzaron a experimentar con transplantes de médula en perros, animales cuya atención clínica podía ser comparable a la de los humanos.

Excepto por algún paciente ocasional con un gemelo idéntico, los experimentos con canes demostraron que los transplantes de médula en personas iban a ser sumamente difíciles.

Ferrebee, Thomas y sus jóvenes colegas se concentraron en tratar de resolver los diversos problemas que presentaban los transplantes realizados en los perros.

Uno era la histocompatibilidad, es decir, la compatibilidad entre tejidos, de la cual no sabían nada en ese entonces. Además de compartir el mismo tipo de sangre, el donador y el receptor deben tener el mismo tipo de tejido para que el transplante sea exitoso.

Los largos y fríos inviernos, la ausencia de otros compromisos fuera del hospital y la oportunidad de tener interminables discusiones favorecían la labor del equipo.

Esos años tuvieron una profunda influencia en el posterior trabajo de Edward Donnall Thomas, ya que la mayoría de los conceptos básicos fueron desarrollados en esa época.

En 1963, Edward Donnall Thomas se mudó a Seattle, Washington, invitado por el Dr. Robert Williams, famoso endocrinólogo y Presidente del Departamento de Medicina de la Universidad de Washington.

Williams reconocía que su Escuela de Medicina estaba en pañales y muy aislada, en la lejana costa Noroeste de los Estados Unidos. Tuvo la visión de afiliar a todas las instituciones relevantes del área con ella, para así poder alcanzar la excelencia académica.

Bajo ese concepto, el Dr. Thomas estableció su programa en el Hospital de Salud Pública de Seattle. Reclutó a varios jóvenes brillantes, realizó estudios de inmunología e histocompatibilidad en perros, tomó nota de los descubrimientos de Amos, Payne y Dausset sobre histocompatibilidad humana y entrenó a un grupo de enfermeras para cuidados críticos.

Considerados renegados por algunos sectores de la comunidad médica, Thomas y su equipo intentaban combatir la leucemia con el transplante de médula ósea, un procedimiento que, mediante dosis masivas de radiación para destruir la médula enferma, llevaba a los pacientes al borde de la muerte.

Luego volvían a la vida con la transfusión de nueva sangre y un nuevo sistema inmune. Era la única opción para enfermos desahuciados.

Trabajaban casi exclusivamente en el laboratorio, ubicado en un viejo sótano, posponiendo el trabajo con personas hasta que las complicaciones de incompatibilidad pudieran ser resueltas.

Para realizar los experimentos de radiación con perros, tenían que trasladarse a una vieja base militar en las afueras de Seattle, la cual contaba con un búnker de la II Guerra Mundial donde podían utilizar sin peligro los equipos radiactivos.

Después, los pacientes humanos también tenían que ser transportados allí para recibir el tratamiento previo al transplante de médula.

Un médico, una enfermera y un laboratorista acompañaban al enfermo y lo bajaban en camilla por una empinada escalera al búnker subterráneo.

Una vez terminado el tratamiento con radiación, lo llevaban en ambulancia al hospital, donde ya los esperaba el equipo de cirujanos para realizar el transplante.

Pese a haber resuelto cuidadosamente los problemas de compatibilidad de tejidos, el primer paciente que recibió un transplante de médula murió, por complicaciones debidas a una infección. Proteger a futuros pacientes del ataque de agentes infecciosos fue otro gran reto.

El equipo de médicos, enfermeras y laboratoristas del Dr. Thomas probó ser estable y dedicado, pero tuvo que enfrentar problemas que a veces parecían insuperables.

En 1972, el Hospital de Salud Pública de Seattle fue cerrado por el gobierno federal. Entonces consiguieron alojamiento temporal en el Hospital Providence, donde permanecieron más de dos años.

En un oscuro sótano, Don Thomas continuó trabajando en lo que pocos creían que funcionaría: curar la leucemia y otros cánceres sanguíneos.

Finalmente, logró demostrar que algunos pacientes con leucemia avanzada, anemia aplástica y enfermedades inmunológicas podían ser curados mediante el transplante de médula.

Por fin, en 1975, Don Thomas y sus colegas se mudaron al Centro de Investigaciones del Cáncer Fred Hutchinson, donde encontraron instalaciones de primera y la oportunidad de expandir el programa con la cooperación del Centro Médico del Hospital Sueco.

Mientras continuaban con las investigaciones de laboratorio y los experimentos con animales, el equipo logró realizar más de 4,000 transplantes humanos durante los siguientes 15 años.

El Dr. Edward Donnall Thomas recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1990, a los 70 años. Fue poco después de retirarse de la atención directa a pacientes.

Él y su viejo amigo el Dr. Joseph Murray, pionero en el campo de los transplantes de riñón, compartieron el prestigioso galardón, “por sus descubrimientos concernientes a transplantes de órganos y células en el tratamiento de enfermedades humanas”.

Una madrugada de otoño, un reportero despertó a Thomas para darle la noticia del anuncio en Suecia y entrevistarlo. Cuando su esposa Dottie lo escuchó hablando sobre transplantes, le preguntó qué hacía dando una entrevista a esas horas. Él le respondió: “Ganamos el Premio Nobel”.

El uso del plural fue deliberado. Aunque el nombre de Dottie no apareció en el premio que ganaron Murray y Thomas, éste dijo que su esposa, sus colegas, colaboradores y pacientes lo habían ayudado a obtenerlo. Humilde, explicó que no había sido un esfuerzo individual, sino colectivo.

Para el viaje a Estocolmo, Don y Dottie invitaron a sus hijos: Don Jr., médico internista, Jeffrey, dedicado a los negocios, y Elaine, especialista en enfermedades infecciosas. En algún momento dado, los tres trabajaron con sus padres en el Centro Hutchinson. También invitaron a varios queridos colegas con sus parejas. Para el Dr. Thomas, los Días Nobel fueron hermosos e inolvidables.

Aunque tenía algunas necesidades económicas, como cambiar su vieja pick-up Datsun, donó íntegros los 350,000 dólares que recibió del Premio Nobel al Centro de Investigaciones del Cáncer Fred Hutchinson.

El médico continuó con sus actividades en dicho centro, además de viajar dando conferencias en todo el mundo. Ya anciano, se daba tiempo para disfrutar de sus ocho nietos y seguir yendo a trabajar tres veces por semana.

Apoyó con entusiasmo la investigación con células madre, participando en grupos científicos interesados en esclarecer el tema para los políticos y el público en general. Murió en su casa de Seattle el 20 de octubre de 2012, a los 92 años,

Hoy en día, los transplantes de médula ósea son uno de los avances más significativos de la medicina. Pueden curar entre el 70 y el 80% de los casos de leucemia en niños y jóvenes.

La exitosa técnica también se emplea en el tratamiento de 40 distintas enfermedades. Todo, gracias al trabajo pionero del Dr. Edward Donnall Thomas.

Investigación y guión: Conti González Báez

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