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BLOG: La Red con Jesús Escobar
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Agosto 15, 2016

El Recuento de los Daños
Publicado: Agosto 15, 2016

La negociación entre el Gobierno Federal y la CNTE ha evidenciado uno de los grandes males de este país. La falta de la aplicación de  la ley, que se traduce o deriva en un ultraje al estado de derecho. Solo hay algo peor que un criminal, una autoridad que viola las normas que debe de aplicar.

Más allá de filias o fobias, queda claro que la función básica del Estado es la aplicación de la ley, punto, no se justifica su existencia si no cumple esa tarea. Pero en el conflicto con la disidencia magisterial, el Gobierno ha abdicado.

Desde que Miguel Ángel Osorio Chong anunció sus mesas de dialogo, varios expertos en La Última Emisión de la RED advirtieron el fracaso de la Reforma educativa, la de mayor calado del Peñanietismo, cuyo legado será invariablemente la corrupción y la ineficiencia.

¿Por qué el gobierno aceptó iniciar negociaciones con la CNTE sin exigir que previamente esa facción depusiera sus procederes violentos? ¿Por qué no informa de los acuerdos surgidos de las negociaciones? ¿Por qué cede tanto?

El gobierno no aplica la ley sino negocia con quienes la han violado. Paralizado ante la magnitud del conflicto, temeroso de las consecuencias que podría provocar su intervención para hacer valer la ley , legitima la violencia y la transgresión por parte de un grupúsculo.

Los últimos días se hizo público que la Secretaria de Gobernación accedió a pagar a los maestros faltistas, así como a restituir a quienes no se presentaron a las evaluaciones de desempeño e incluso la liberación de sus líderes es un hecho. Todos eso privilegios a cambio de detener el estrangulamiento económico en que la CNTE tiene metido al sur del país. Es decir señor Presidente usted cedió ante la extorsión.

Entiendo que la cosa no es para menos, los estragos en Chiapas, Guerrero, Tabasco, Oaxaca y Michoacán ascienden a 75 mil millones de pesos, un incremento del 2 por ciento en la informalidad laboral así como afectaciones directas en más de 8 mil 500 micro y pequeñas empresas, de acuerdo con datos de la CONCAMIN.

¿A que le tienen miedo? ¿Las elecciones en el Estado de México pesaron demasiado en su ánimo? ¿La nula credibilidad de la administración Federal le amarro las manos ante unos corruptos dirigentes sindicales?

Ante la parálisis del gabinete, el sector empresarial decidió hacer paros de labores tras las afectaciones económicas y sociales, al tiempo que Gustavo de Hoyos Walther, presidente nacional de Coparmex, interpuso una denuncia contra el Gobierno Federal por su incapacidad para hacer valer su responsabilidad como garante del estado de derecho.

La respuesta del Gobierno fue dura, Aristoteles Nuñez del Sistema de Administración Tributaria advirtió que se arrepentiría el empresario que se atrevería a declarar en ceros.

En todo lo que lleva este conflicto jamás hemos observado una reacción tan terminante ni del gobierno, como ante la queja de empresarios que están perdiendo su patrimonio como consecuencia de esas movilizaciones.

Nunca el PRI y el PRD, tampoco el gobierno, decidieron, en forma unánime, exigirle un alto a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación como ahora se lo exigen a los empresarios, insistiendo todos en que no se puede combatir la ilegalidad con ilegalidad.

El problema es que, señores políticos, los empresarios no están proponiendo nada ilegal: están ejerciendo un legítimo derecho.

Si la abdicación del Estado es deplorable, más triste aún es que ese grupo violento esté integrado por personas que tienen a su cargo la educación de los niños en las escuelas públicas.

Lo que se traduce en que cientos de miles de niños que reciben una educación mediocre. Una educación que no les alcanzará para nada en un mundo global y competido.

Como consecuencia  México seguirá produciendo generaciones enteras de jóvenes que no podrán conseguir mejores empleos en el futuro porque sus competencias serán insuficientes para aspirar a posiciones de calidad.

El escenario es ominoso: autoridades impotentes, arrinconadas, conscientes de su ineptitud, y profesores que educan a los niños en el rencor social y la violencia.

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