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BLOG: Las Redes del Tiempo
Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Noviembre 2, 2013

El Regreso del Casete
Publicado: Noviembre 2, 2013

En 2008 se realizó un funeral en las oficinas de la Editorial Hachette en Manhattan, en honor de un “querido amigo”. Había muerto una pieza de tecnología: el casete de audio.

El compact cassette, como se llamó originalmente, fue creado por el consorcio electrónico holandés Phillips y presentado al público en 1963.

Durante muchos años, la cinta magnética grabable o casete fue un formato usado por la industria musical para presentar sus producciones, como alternativa a los discos fonográficos LP o de Larga Duración en vinilo.

Su reducido tamaño permitió la construcción de grabadoras y reproductores portátiles de pilas, por lo que el sistema de dos bobinas en una cajita de plástico se convirtió en el favorito de los jóvenes en todo el mundo.

El casete se popularizaron en los años 70, a través de grabaciones de conciertos en vivo y copias caseras de discos. A la industria discográfica no le importaba demasiado, ya que se pensaba que la calidad de las grabaciones dejaba mucho que desear y lo cierto es que empeoraba con cada copia.

Los casetes tuvieron su máxima popularidad en 1979, cuando fue introducido un nuevo reproductor, el Walkman de Sony, que permitió a la gente escuchar su música mientras trotaba.

El peso del primer Walkman, un poco más pequeño y ligero que un ladrillo, hoy puede parecer cómico comparado con el iPod y reproductores similares, pero en esos años lucía elegante.

Con el advenimiento de la época digital, fue posible copiar un disco compacto en minutos, supuestamente con mejor calidad, lo que sí representó un grave problema para las disqueras.

Hace diez años, en el marco de la Exposición Internacional de Radiodifusión celebrada en Berlín, el casete celebró su cumpleaños número 40.

En 2003 aún seguía vigente en el mundo de la música; era el formato más práctico para grabar y llevar música a todos lados. Pese al auge de los discos compactos o CD, todavía se vendían decenas de millones de casetes.

En 2007 sólo se vendieron 400,000 casetes, representando la décima parte del 1% de todas las ventas musicales físicas y digitales, de acuerdo con la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos.

Hace cinco años, escuchar música en casetes era un pasatiempo moribundo. Ninguno de los primeros 10 álbumes de la lista de popularidad Billboard fue lanzado en cinta, aunque la mitad sí se presentó en vinilo, formato que desde entonces ha resurgido.

Aunque el casete había sido desechado por la industria de la música, seguía con vida para los editores de audiolibros. Muchas personas lo prefierían por ser fácil volver a escuchar desde el punto en que lo dejaron la vez anterior, o regresarlo en caso de haberse perdido una frase.

Para la Editorial Hachette, sin embargo, la demanda se redujo tanto que en junio de 2008 lanzó su último libro en casete: “Sail”, una novela de James Patterson y Howard Roughan.

El funeral, llevado a cabo por el personal del departamento de audiolibros, fue reflejo del declive general del casete, eclipsado por el CD y, luego, las descargas digitales en Internet.

Los expertos no esperaban ver un resurgimiento de los casetes como el de los discos de vinilo, siempre atesorados por sus devotos aficionados, ya que su sonido analógico es de gran calidad.

Las ventas de reproductores de casetes, que registraron su cenit en 1994 con 18 millones de unidades, se hundieron de 480,000 en 2007 a 86,000 en 2012.

Sin embargo, en 2013 todas las predicciones parecen haber fallado. Lo que se pensaba era un entierro definitivo, ha tomado un giro inesperado. El casete está regresando de la tumba.

Un ejemplo es la compañía canadiense Analogue Media Technologies, creada en 1989 para ayudar a las nuevas bandas independientes a colocar su música en el mercado.

Los músicos llegaban con sus grabaciones listas y Analogue convertía ese material en álbumes impecablemente producidos, con sus etiquetas, diseños de portada y notas interiores, listos para su venta y distribución.

La empresa comenzó con casetes y vinilos, pero fue adaptando su negocio cuando surgieron los CD, los DVD y la tecnología Blu-ray. Y ahora está volviendo al mismo medio con el que empezó, el casete, una de sus principales atracciones en este momento.

Actualmente, las grabaciones en casete representan el 25% de las ganancias de la compañía, cuando parecían condenadas a la desaparición. Los melómanos adoran el sonido que registra el casete clásico.

El vinilo, más codiciado por los puristas, también lo tiene pero a un precio más alto: 13.80 dólares por disco, en comparación con 1.25 del casete, en pedidos de 100 unidades.

Las grabaciones en casetes son más caras que las de CD, pero ofrecen un valor agregado a las bandas independientes o indies de diversos géneros: su riqueza sonora.

Y aunque los casetes están otra vez a la moda, es difícil que no se estropee la cinta cada vez que se reproduce. Por eso, algunos lugares donde se venden incluyen un código de descarga digital en la cajita.

Para Analogue Media Technologies, el valor del casete va más allá de su capacidad para almacenar música. Como artículo de promoción, es realmente artístico.

Aunque algunos aficionados no escuchen los nuevos casetes más de un par de veces, disfrutan más al comprarlo que al descargar una serie de “unos y ceros” del código digital. Hay la sensación de que se apoya más a una banda al comprar sus productos físicos, que además pueden ser autografiados.

Otro ejemplo es la compañía Diamond Studios de Bostwana, que estableció recientemente en la vecina Zimbabwe una de las pocas empresas que todavía producen casetes en el mundo. La disquera tiene contratos con varios artistas destacados de ambos países.

El costo de producción de un casete es de 65 centavos de dólar y el de un CD de 1.15. El precio de venta al mayoreo de un casete es de 2 dólares y el de un CD de 4, lo que significa que el consumidor termina pagando el doble por un CD que por un casete.

Pero el 60% de los clientes de Diamond Studios prefieren los casetes, porque son más duraderos que los discos compactos. Y al parecer, la gente seguirá comprándolos durante otros 20 años.

Investigación y Guión: Conti González Báez

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