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Abril 7, 2016

El Teflón: un descubrimiento de Roy Plunkett
Publicado: Abril 7, 2016

Hay una leyenda que cuenta que el Teflón fue inventado en el programa espacial de los Estados Unidos, pero es totalmente falsa. Su historia es más bien curiosa.

Esta sustancia antiadherente fue descubierta por el químico estadounidense Roy Plunkett en 1938, cuando trabajaba en los laboratorios de investigación de Du Pont en Nueva Jersey.

A fines de la década de los 30, los científicos de la empresa estaban investigando cómo crear nuevos tipos de freón, el gas utilizado por los refrigeradores para extraer el calor.

En ese entonces, los freones eran vistos como químicos no tóxicos, no reactivos, seguros y muy útiles para hacer refrigerantes. Hoy en día sabemos que pueden reaccionar en la alta atmósfera, destruyendo la capa de ozono.

A Plunkett se encargó encontrar un nuevo refrigerante de ese tipo. Un día, mezcló freón con otra sustancia, suponiendo que obtendría un gas. A la mañana siguiente, su ayudante Jack abrió la válvula del cilindro que contenía la mezcla, pero no salió ningún gas.

Llamó a Plunkett y éste pesó el cilindro, en el que definitivamente había algo, porque pesaba más que el envase vacío. Al abrirlo, encontró un polvo blanco grasiento. Intrigado, realizó unas pruebas.

Observó que se trataba de un material inerte, es decir, que nada reaccionaba con él; no lo afectaban el calor, la electricidad ni los ácidos, además de ser sumamente resbaladizo. Había cometido un error, pero había descubierto el Teflón.

Se trataba de uno de los primeros plásticos. Como el Nylon, otro producto desarrollado por Du Pont, el Teflón es un polímero, con una de las más largas cadenas de moléculas conocidas.

El Nylon fue desarrollado por un grupo de investigadores que se tardaron años en lograr su objetivo, con base en un arduo trabajo y gran determinación.

En cambio, el Teflón fue descubierto casualmente por Plunkett. Sin embargo, tuvo el mérito de haber analizado la extraña e inesperada sustancia, en vez de simplemente tirarla.

Dadas sus características únicas, la Du Pont se dio cuenta de que tenía muchas posibilidades. Se consideró tan especial, que se mantuvo en secreto durante algunos años.

Tuvo su primer uso práctico en el Proyecto Manhattan, el programa para desarrollar la bomba atómica. Los ingenieros necesitaban proteger unas juntas de hexafluoruro de uranio, material altamente tóxico y corrosivo usado para crear el isótopo de uranio. El Teflón resultó perfecto, por ser un material no reactivo.

El nombre Teflón se registró como marca en 1945 en los Estados Unidos y en 1954 en el Reino Unido. Su descubridor no obtuvo derechos de la patente, perteneciente a la Du Pont.

Después de su descubrimiento, Roy Plunkett se convirtió en supervisor químico de la mayor planta de la empresa y continuó a cargo del desarrollo de nuevos productos para industrias de refrigeración, electrónica, plásticos, defensa y aeroespaciales.

Más tarde, desarrolló labores administrativas y llegó a ser Director de Operaciones de la División de Productos de Freón de Du Pont. Se retiró en 1975 y murió en 1994, poco antes de cumplir 84 años. Recibió doctorados honorarios de varias universidades estadounidenses, por sus valiosas aportaciones científicas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se descubrieron métodos para producir el Teflón de manera más barata y aparecieron los primeros productos fabricados con este material, como moldes para hornear, pero se rayaban fácilmente. El problema se solucionó uniéndolo con metal.

En los 50, el parisino Marc Gregoire intentaba aplicar Teflón a la línea de su caña de pescar, para que se enredara menos. A su esposa, que lo observaba, se le ocurrió poner la resbaladiza sustancia en el fondo de un sartén metálico.

Esto permitió evitar que la comida se pegara y reducir el uso de grasa. Así nacieron los productos de cocina que más tarde se venderían por millones en todo el mundo. Desgraciadamente, no tenemos el primer nombre de la señora Gregoire.

La superficie del Teflón es tan resbaladiza, que nada se le pega o puede ser absorbido por ella. Resultó ideal para fabricar los sartenes antiadherentes, que aparecieron en el mercado en 1960.

Los llevó a Estados Unidos un periodista llamado Hardie, quien estaba asombrado con el sartén antiadherente de sus amigos franceses. Poco después, todos los fabricantes de ollas, sartenes y cacerolas  estaban aplicando Teflón al interior de sus productos.

El fluoropolímero tiene un número infinito de usos en productos muy diversos, como partes mecánicas para aplicaciones industriales; componentes electrónicos para sistemas de telecomunicaciones, especialmente satélites; ropa y accesorios.

También se utiliza en procesos químicos, productos farmacéuticos e implantes médicos; por ser un material inerte, el organismo no lo rechaza. Dos ejemplos de esta última utilización son las válvulas para el corazón y las trompas de Falopio hechas con Teflón.

Si nada se le pega, ¿cómo se adhiere al fondo de un sartén? La respuesta es simple: los fabricantes realizan una limpiadura con un chorro de arena para dejar la superficie metálica rugosa.

Después aplican varias capas de Teflón, que se agarran a dicha superficie mecánicamente, no químicamente, debido a que la textura del aluminio no es lisa.

Este proceso implica el horneado de las piezas y la adición de colorantes, ya que el fluoropolímero es naturalmente blanco, pero los cocineros prefieren sartenes oscuros.

La Du Pont también inventó un método para fijar el Teflón a superficies lisas. Aunque se niegan a explicar cómo funciona exactamente, es una mezcla química con otra sustancia adherente.

De cualquier manera, puede desprenderse con facilidad si  se raya con utensilios metálicos, como un tenedor, pala o cucharón. Todas las amas de casa saben que los utensilios indicados para el Teflón deben ser de plástico o madera.

Tampoco debe fibrarse, sino lavarse con esponja y jabón suave. Su limpieza es muy fácil, por su misma característica antiadherente, que evita que se pegue la comida,

Otra recomendación de los fabricantes de sartenes y ollas con Teflón es no dejar que se calienten sin nada adentro, ya que puede tostarse y desprenderse en cuatro o cinco minutos.

En cuanto a los efectos en la salud debidos a la posible ingestión de pequeñas partículas, no hay que preocuparse. Por ser un material inerte, pasa por el cuerpo sin ser absorbido ni interferir con nada.

El Teflón sigue apareciendo en el Libro Guinness de Récords como el material más resbaloso del mundo, con el coeficiente más bajo de fricción estática y dinámica de cualquier sólido. Esta medida equivale a la fricción entre dos bloques de hielo mojado.

Su descubrimiento puede ser considerado un accidente afortunado o una chispa de genialidad. Lo que es indiscutible es que permitió a la industria del plástico crear aplicaciones nunca antes posibles en la industria, las comunicaciones y la medicina.

Actualmente Du Pont se dedica a buscar soluciones científicas para cambiar nuestra vida diaria en mercados tan variados como comida y nutrición, cuidado de la salud, ropa y accesorios, productos para el hogar, construcción, electrónica y transportes.

Fabrica Teflón en Estados Unidos, Japón y Holanda. Cuenta con 79,000 empleados en 70 países del mundo. Entre sus marcas más conocidas también están las fibras Lycra y Dacrón.

Como dato curioso, Du Pont acompañó a Neil Armstrong cuando dio sus primeros e históricos pasos en la Luna. Los materiales de la compañía fueron usados en 20 de las 21 capas de los trajes espaciales desarrollados específicamente para las misiones Apolo.

Nylon, Neopreno, Lycra, Nomex, Myla, Dacrón, Kaptón y Teflón fueron usados de diversas maneras para proteger a los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins en temperaturas extremas, fluctuando de los 112º Celsius en el Sol a -172º en la sombra.

La compañía también ayudó a dejar la marca de Apolo en la historia, ya que la bandera estadounidense plantada en la superficie lunar fue hecha con el Nylon de Du Pont.

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