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Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Octubre 17, 2016

ENTRE EL HAMBRE Y EL DESPERDICIO
Publicado: Octubre 17, 2016

En México no comemos lo que queremos sino lo que podemos y para lo que nos alcanza. Una sentencia que desnuda la crisis económica que nos ha acompañado en nuestra historia como país.

El hambre es un concepto difícil de definir y, por tanto, de medir y cuantificar. Es, en sentido estricto, las ganas y necesidad de comer. Todo mundo ha sentido hambre después de horas de no probar alimento; sin embargo, no es lo mismo el hambre transitoria —la que es posible resolver con tan sólo abrir el refrigerador, comprar algo en el supermercado o consumir en algún restaurante— que el hambre crónica o semipermanente, es decir, el hambre como estado cotidiano, la cual no puede saciarse ya sea por falta de acceso a alimentos o por la incapacidad para adquirirlos

El doctor en economía Gerardo Esquivel nos comentó en alguna ocasión en La RED Ultima Emisión Como problema socioeconómico, el hambre está crucialmente relacionada con un concepto conocido como seguridad alimentaria. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la seguridad alimentaria se refiere al acceso en todo momento a comida suficiente para poder tener una vida activa y saludable.

Al menos 28 millones de mexicanos no tienen la respuesta ni la certeza de si podrán llevarse un alimento a la boca el día de mañana. Casi una cuarta parte de la población total no tiene dinero suficiente para tener acceso a la canasta básica y darle de comer a su familia.

Cada año enferman y mueren miles de personas porque no tienen una ingesta suficiente ni adecuada de alimentos, como resultado principalmente de las persistentes condiciones de pobreza, rezago social, marginación y discriminación que privan en todo el país

Los severos contextos de pobreza, marginación y, sobre todo, de desigualdad que se viven en nuestro país, llevan a que las poblaciones vulnerables se enfrenten a la pérdida de la salud, y en el extremo, a la pérdida de la vida a causa de la falta de alimentos en el organismo.

En términos del ingreso, es importante señalar que el hambre y la inseguridad alimentaria pueden afectar tanto a habitantes de zonas rurales como urbanas. Aquí es necesario distinguir entre personas con niveles de ingresos crónicamente bajos y personas con ingresos un poco más elevados, aunque vulnerables.

En ambos casos es deseable fortalecer y proteger los ingresos de las personas. Sin embargo, el primer grupo puede requerir apoyos adicionales de manera estable mediante transferencias regulares a través de programas sociales. Esto último también puede implicar apoyos en especie o mediante el acceso a productos subsidiados, aunque focalizado

En una entrevista con el Portal, Sin Embargo, la experta Julieta Ponce de del Centro de Orientación Alimentaria denunció que la seguridad alimentaria en México está garantizada sólo en términos de calorías pues desde hace algunos años se cuenta con una disponibilidad de 3 mil 200 kilocalorías por persona al día, lo cual supera las necesidades de cualquier adulto promedio, no obstante, la mayoría de ellas provienen de una alimentación poco saludable.

¨La disponibilidad de los alimentos se ha garantizado gracias a las cadenas comerciales. Es más fácil garantizar alimentos cuando la camioneta de Gamesa, Sabritas o Coca Cola llega a las comunidades más vulnerables y esto ocasiona que las tiendas del Gobierno federal –como las Diconsa, que son más de 25 mil puntos de venta por todo el país y sin capacidad de refrigeración– vendan productos industrializados, que tienen adicionado sodio, azúcar y grasas trans, a que tengan vida de anaquel”

Privilegiar a las empresas no sólo impacta la salud de los consumidores, es también parte de un círculo vicioso que ha expulsado a miles de campesinos de sus tierras y que hace que los subsidios gubernamentales se concentren en el 10 por ciento de los productores, ubicados en estados que cosechan alimentos para exportar, como Sinaloa. Eso también lleva a que el 70 por ciento de los pequeños productores viva en la pobreza, de acuerdo con lo declarado por la representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO).

Lo anterior ha provocado una pérdida en la autosuficiencia alimentaria, o sea, lo producido en México para consumirse por mexicanos, especialmente en cultivos estratégicos con información genética mexicana, que están disponibles todo el año y que tienen los nutrimentos que requiere la población en este momento para resolver los problemas de salud.

A esta falta de acceso agréguele la vergonzosa cantidad de alimento que desperdiciamos en nuestro país, parece una broma cruel, cuando vivimos una situación de carestía que se tire comida, que mientras hay niños que no comen en días en zonas marginadas o rurales, haya quien, porque no le gusta algo, sin más lo tire al bote de la basura o porque ya está satisfecho.

En México se desperdician más de 10 mil toneladas de alimento al año, lo que equivale a más de 100 millones de pesos en pérdidas, de acuerdo con la compañía Ecolab. con el costo de las pérdidas de alimentos se podría dar sustento a 7.4 millones de personas en pobreza extrema y carencia alimentaria durante semanas.

Hay un libro que me permito recomendarle ¨Los 12 Mexicanos más Pobres¨ que nos muestra con toda crudeza la realidad de este número de mexicanos que comen cada que se puede y mientras llega alimento toman agua caliente para calmar al estómago.

Estos son casos extremos, pero basta pensar en cuantos millones viven con el Jesús en la boca, sin saber que llevarle a sus hijos, que se sacrifican para que coman los demás, que roban una fruta o un pan. Piense en ellos cuando tire lo que el sobro de su torta.

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