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BLOG: La Red con Jesús Escobar
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Enero 16, 2017

Fin de una Época
Publicado: Enero 16, 2017

México vive momentos confusos, difíciles en donde estamos pagando décadas de desatinos, errores, una clase política sumamente corrupta, y una ciudadanía indiferente en su mayoría a los problemas de fondo, víctima de la desinformación, pero también de una apatía indefendible.

Hace unos días el presidente Enrique Peña Nieto señaló: “Se acabó la gallina de los Huevos de oro” se refería a la riqueza petrolera, desperdiciada de manera grosera por todos, absolutamente todos los gobiernos desde José López Portillo a la fecha.

En lugar de invertir en infraestructura, detonar el crecimiento, se dedicaron a malgastarla en prebendas, “cochupos”, gastos corrientes, subsidios, era más fácil tapar el sol que ponerse a trabajar.

Lo que no dice el presidente es porque se acabó la gallina, quien rompió los huevos, nadie quiere asumir su responsabilidad, ¿Cómo pasamos de ser una potencia en la producción del oro negro a depender de EUA? Simple por administraciones corruptas, sindicatos cómplices, y ciudadanos mal informados.

Todo esto revienta con una administración carente de credibilidad, autoridad moral, capacidad, que prefiere reprimir que ponerse a trabajar, que piensa que controlando a los medios puede engañar a una sociedad cansada, harta de un sistema caduco y rebasado por sus propios vicios.

Tras EL DESMANTELAMIENTO Y SAQUEO de PEMEX, aparece un acuerdo simplón que nadie respeta, que solo sirvió para que los mismos de siempre nos repitieran esos discursos que nadie cree, que cuando los escuchas solo mueves la cabeza y sueltas la risa.

Dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, en México volvemos a esos años en los que se quebró el país para regalarlo a los extranjeros.

Desde antes de la firma del TLCAN, México vio en la inversión extranjera una vía rápida al desarrollo; y a las empresas que vinieron al país les ofrece todo: desde terrenos a bajo costo o gratis, beneficios fiscales, infraestructura, recursos naturales hasta, claro, mano de obra calificada o muy barata.

El supuesto del Gobierno mexicano era que la pequeña y mediana empresas se iban a encadenar a las cadenas productivas internacionales, y que iban a ser proveedores de grandes empresas. Una enorme mentira, porque la lógica de la globalización es: integrar al corporativo; integrar las decenas de fábricas que tienen a lo largo del mundo; entonces, se compran a sí mismos. Ni siquiera buscan proveedores, los pueden tener ahí, al lado, no los buscan.

Antes de los años 80, el contenido mexicano en los productos que se exportaban era de alrededor del 80 por ciento. Pero ahora, dijo, es de alrededor de un 30 por ciento. El motivo: las empresas trasnacionales no están obligadas a consumir con proveedores mexicanos.

Hoy, con un tratado tambaleante, el país se enfrenta a una posibilidad que las empresas extranjeras dejen el país. Y si pueden hacerlo, en gran medida, es porque nunca dependieron de México y nunca tuvieron arraigo.

Por eso culpar a Donald Trump es tan simplón como la explicación de la gallina. Lo cierto es que la llegada de este lamentable personaje a la Casa Blanca solo vino a exacerbar los males crónicos de un Estado que no se reformó a tiempo.

Si bien la crisis que se manifestó en toda su crudeza a partir de 1982 llevó al final del régimen del PRI en su forma clásica y provocó una oleada de reformas económicas y políticas relevantes, la estructura fundamental del orden social no se transformó.

Por eso hoy como nos recuerda el maestro Jorge Romero, el sistema de salud está al borde de la saturación, el sistema educativo está en situación catastrófica, el crimen organizado gobierna impunemente, la pobreza amenaza con desbordarse, el estado ve como sus infraestructuras se caen a pedazos, su capacidad de ordenar la vida social en torno a reglas claras y aceptadas mayoritariamente se deteriora día a día.

Durante veinte años nuestros gobernantes pusieron el acento en unas supuestas reformas estructurales sin otro objetivo que desmantelar la capacidad de intervención del Estado. Vender al País en aras de una modernización que solo beneficio a los mismos de siempre.

El espejismo del crecimiento económico basado en la exportación de manufacturas sin contenido tecnológico propio y apuntalado por la renta petrolera se ha esfumado y, como en un juego de serpientes y escaleras, volvemos a la casilla de arranque

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