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BLOG: Las Redes del Tiempo
Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Diciembre 31, 2016

Historia del Calendario
Publicado: Diciembre 31, 2016

Los calendarios están basados en eventos astronómicos y los dos objetos astronómicos más importantes son el Sol y la Luna. Sus ciclos son básicos en la construcción y comprensión de calendarios.

Nuestro concepto del año está basado en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. El tiempo entre un punto fijo, como un solsticio o equinoccio, hasta el siguiente, se denomina año tropical. Su duración es actualmente de 365.24 días, pero varía. En 1900 el año era más largo y en 2100 será más corto.

En el hemisferio Norte, el solsticio de invierno es cuando el Sol alcanza su latitud más al Sur y tenemos el día más corto. La fecha es cerca del 21 de diciembre.

El solsticio de verano es cuando el Sol alcanza su máxima latitud al Norte y tenemos el día más largo. Esto ocurre aproximadamente el 21 de junio.

El equinoccio de primavera es cuando el Sol pasa el Ecuador, moviéndose del hemisferio Sur al Norte y el día y la noche tienen la misma duración. Ocurre alrededor del 20 de marzo.

El equinoccio de otoño es cuando el Sol pasa el Ecuador moviéndose del hemisferio Norte hacia el Sur y el día y la noche tienen la misma duración. Se presenta cerca del 22 de septiembre.

Para la gente que vive en el hemisferio Sur, estos eventos ocurren con seis meses de diferencia respecto a nosotros.

Nuestro concepto de un mes está basado en el movimiento de la Luna alrededor de la Tierra, aunque esta conexión ha sido rota en el calendario que usamos hoy.

El tiempo de una Luna nueva a la siguiente se llama mes sinódico y su duración actual es de 29.53 días. En 1900 duraba un poquito menos y en 2100 durará más.

Estos números, que registran fracciones de días, son promedios. La duración de un año en particular puede variar por algunos minutos, debido a la influencia de la fuerza gravitacional de otros planetas.

De igual manera, el tiempo entre una Lunas nueva y otra puede variar por algunas horas debido a cambios en la fuerza gravitacional del Sol y la inclinación orbital de la Luna.

Cada 19 años, las fases lunares caen en las mismas fechas. Estos años se conocen como un ciclo metónico, llamado así por Metón, un astrónomo que vivió en Atenas en el siglo V a.C.

El Calendario Cristiano o Gregoriano está basado en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol y los meses no tienen relación con el movimiento de la Luna. Es un calendario solar.

En cambio, el Calendario Islámico está basado en el movimiento de la Luna, mientras que el año no tiene conexión con el movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Es un calendario lunar.

Finalmente, el Calendario Judío combina ambos, ya que sus años están vinculados al movimiento de la Tierra alrededor del Sol y sus meses con el movimiento de la Luna. Se trata de un calendario lunisolar. El chino también es de este tipo.

Aunque la Iglesia Católica Romana sostuvo una larga y amarga batalla contra la ciencia, particularmente condenando a Galileo Galilei, en general apoyó y financió más que ninguna otra institución el estudio de la astronomía durante más de seis siglos.

La iglesia no buscaba el conocimiento por sí mismo, como aspira la ciencia pura, sino algo más práctico: mejorar el calendario para poder establecer con mayor exactitud la fecha de la Pascua.

Cuándo celebrar la fiesta de la resurrección de Cristo se había convertido en una crisis burocrática de la Iglesia. Tradicionalmente, la fecha caía en el domingo después de la primera Luna llena de primavera. Pero para el siglo XII, los métodos para predecirla se habían convertido en un lío.

Para ponerle fecha al Domingo de Pascua con varios años de anticipación, los papas y oficiales eclesiásticos dependían de astrónomos, quienes estudiaban viejos manuscritos e ideaban instrumentos que los ponían a la cabeza de la revolución científica.

La iglesia adaptó varias catedrales europeas como observatorios solares. Los rayos de luz que caían entre el arte religioso y las columnas de mármol no solo inspiraban a los creyentes, sino que proporcionaban información a los astrónomos acerca del Sol, la Tierra y su relación celestial.

Los observatorios funcionaban gracias a la oscuridad natural de los grandes templos, con un pequeño agujero en el techo para permitir que la luz solar llegara al piso, produciendo una imagen clara del disco solar. Eran como las cajitas para ver el Sol durante un eclipse, pero a una escala gigantesca.

En días soleados, la imagen recorría el piso de la iglesia y, exactamente al mediodía, cruzaba una vara de metal, la parte más importante y precisa del observatorio.

A lo largo del año, la luz del mediodía recorría la vara de un extremo a otro, marcando así los solsticios de verano e invierno, cuando el Sol está más al Norte o al Sur del Ecuador. Este sistema permitía medir la duración del año con gran precisión.

Durante siglos, se construyeron observatorios en catedrales e iglesias de Roma, París, Milán, Florencia, Bolonia, Palermo, Bruselas y Amberes, que proporcionaban información exacta desde mucho antes de que existiera el telescopio.

En la Basílica de San Petronio en Bolonia, Italia, fue instalado un observatorio solar en 1576 por Egnatio Danti, matemático y fraile dominico que recomendó al papa Gregorio VIII reformar el calendario.

En ese entonces se usaba el Calendario Juliano. Era muy cercano a la duración real del año, aunque no tan perfecto como para no salirse poco a poco de curso.

Cuando Julio César introdujo su calendario en el año 45 a.C., los años empezaban el 1º. de enero. Como a la iglesia no le gustaban las salvajes fiestas que se hacían en esa fecha, abolió ese inicio.

Durante la Edad Media, se usaron hasta siete diferentes fechas de Año Nuevo, que podía ser en enero, marzo, diciembre o el sábado antes de Pascua, por ejemplo.

Cuando el calendario de Julio César se había salido 10 años de su curso, Gregorio VIII finalmente aceptó reformarlo. Aloysius Lilius, un físico de Nápoles, propuso un nuevo calendario para corregir los errores del viejo. Fue aceptado por el pontífice, quien lo decretó oficialmente en la bula papal Inter Gravissimas, en 1582.

El Calendario Gregoriano estableció el año de 365 días y un ocasional año bisiesto de 366. No hay un año cero; se pasa del año 1 antes de Cristo al 1 después de Cristo. Como dato curioso, las fechas caen en los mismos días cada 28 años.

Aunque supuestamente toma como referencia la fecha del nacimiento de Jesús, calculada por el erudito del siglo XVI Dionysius Exiguus, ha existido gran polémica durante siglos. Las teorías más aceptadas la ubican entre los años 7 y 4 antes de Cristo, por decirlo en términos del calendario gregoriano.

España cambió de calendario en 1582, tan pronto como lo decretó el papa. Así, al 4 de octubre siguió el 15 de octubre. Este cambio se dio también en sus colonias, incluyendo la Nueva España, es decir, nuestro país.

El nuevo calendario no fue adoptado uniformemente en Europa hasta mediados del siglo XVIII. La aceptación del Calendario Gregoriano como un estándar mundial tardó más de tres siglos.

Desde aproximadamente 1600, la mayoría de los países han usado el 1º. de enero como inicio del año, aunque Italia e Inglaterra lo hicieron hasta 1700.

Los cambios en 1500 y 1600 implicaban deshacerse de 10 días; en 1700, de 11 y en 1800, de 12 días. Rusia tuvo que quitar 13 días al cambiar del Calendario Juliano al Gregoriano, en 1918.

La era de oro de los observatorios de las catedrales fue entre 1650 y 1750, ayudando a refutar el dogma astronómico que la Iglesia había defendido con tanta belicosidad en el caso de Galileo.

Los astrónomos de la Antigüedad habían puesto a la Tierra al centro de los movimientos planetarios, una visión que la Iglesia había adoptado.

Sin embargo, Galileo Galilei, usando un nuevo telescopio, quedó convencido de que los planetas se mueven alrededor del Sol, una perspectiva que el astrónomo polaco Copérnico había defendido.

La censura a Galileo, que en 1632 fue condenado a un arresto domiciliario por “herejía astronómica”, cuando tenía 70 años, dañó la imagen de la Iglesia Católica durante siglos. El papa Juan Pablo II finalmente reconoció, en 1992, ¡359 años después!, que la iglesia se equivocó al condenar al gigante de la ciencia.

Aunque la mayoría de los países modernos utilizan el Calendario Gregoriano, actualmente se usan cerca de 40 calendarios en el mundo, particularmente para determinar fechas religiosas.

Nuestro calendario tiene defectos y siguen proponiéndose reformas, pero es difícil que estas se den en un futuro cercano, ya que el consenso parece imposible.

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