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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Marzo 6, 2019

Inicios del cine
Publicado: Marzo 6, 2019

El cine se desarrolló a partir de la unión de la fotografía con una propiedad de la retina del ojo humano, conocida como principio de la persistencia de las impresiones retinianas.

Cuando la lente del ojo, el cristalino, enfoca una imagen sobre la retina, los impulsos nerviosos que llegan al cerebro son estimulados por la secreción de unos fotopigmentos, cuya actividad química persiste si la imagen desaparece repentinamente, manteniéndose la estimulación de las señales nerviosas durante un breve periodo.

En la oscuridad de las salas de cine, a los espectadores les llega una sucesión de imágenes fijas proyectadas en la pantalla a gran velocidad, de modo que se produce la impresión del movimiento.

Este principio fue formulado en 1829 por el físico belga Joseph Plateau, que fijó la duración de la persistencia retiniana en una décima de segundo.

Inventó el fenaquistiscopio, que permitía dar la ilusión de movimiento gracias a dos discos que giraban sobre un mismo eje; uno tenía unas ranuras que permitían mirar el segundo disco, con figuras estampadas que parecían moverse. El invento fue muy popular y dio origen a muchos aparatos similares, que se utilizaban de manera individual.

En 1834, Molteni fabricó un aparato que combinaba el de Plateau con un viejo y curioso invento, la linterna mágica, que utilizaba la llama de una lámpara y una lente para proyectar imágenes en la pared, dibujadas y coloreadas a mano sobre vidrios.

Las imágenes podían proyectarse en un muro, lo que permitía que fueran vistas por varias personas simultáneamente, produciendo un efecto más dramático.

Dealy adaptó el invento de Molteni en un aparato que llamó coretoscopio, el primero de mecanismo intermitente que se usó para animar imágenes.

Con el nacimiento de la fotografía, surgió el deseo de que las imágenes animadas fueran obtenidas de la realidad y no simplemente dibujadas.

Plateau propuso reemplazarlas con pequeñas fotografías, lo que resultó muy difícil, dada la lentitud de las emulsiones y lo engorroso del manejo de las placas fotográficas.

Un fotógrafo inglés radicado en San Francisco, Eadweard Muybridge, fue el primero en registrar el movimiento de seres vivos, reproducirlo y proyectarlo.

Con un complicado sistema de varias cámaras, consiguió tomar la famosa secuencia de 24 fotos del trote de un caballo y proyectarla con la ayuda de un fenaquistiscopio en el que instaló un disco de vidrio, sobre el cual pegó transparencias del animal.

El invento de Muybridge estaba muy cerca de ser cine, pero le faltaba algo. Las fotos no registraban el movimiento a intervalos regulares y la duración de la película no coincidía con el tiempo original de la acción.

En 1882, el francés Etienne-Jules Marey inventó su fusil fotográfico, con el que logró tomar varias fotos de un sujeto en movimiento sobre el mismo negativo.

La finalidad de las imágenes era descomponer el movimiento para su estudio, sobre todo registrar el vuelo de los pájaros, pero no para su proyección. Otro problema era que la duración de la acción que podía registrarse era demasiado breve.

Nuevos inventos en el campo de la fotografía permitieron resolver este último problema, como las placas de gelatina y el rollo de celuloide creado por George Eastman.

Thomas Alva Edison mandó fabricar rollos especiales de Eastman, pero para tomar películas. En 1889 inventó el kinescopio, aparato que filmaba películas tal como las conocemos hoy, a 24 cuadros por segundo. El famoso inventor también creó la película de 35 milímetros e incluso sus perforaciones.

Lo que no hizo Edison, y por eso no se le considera el inventor del cine, fue proyectar sus películas. Para verlas introdujo el kinescopio, una caja dentro de la cual había que depositar una moneda para observarlas, un solo espectador a la vez.

Aunque durante más de seis décadas hubo importantes experimentos, el nacimiento del cine se dio cuando Auguste y Louis Lumière proyectaron imágenes en movimiento tomadas por ellos mismos.

La motivación de su padre fue fundamental en el histórico trabajo de los hermanos. Antoine Lumière era un conocido pintor retratista, nacido en Alto Saona, Francia. A los 19 años se casó y se estableció en Besançon, donde nacieron sus dos primeros hijos: Auguste, en 1862 y Louis, en 1864.

Cuando los niños tenían 8 y 6 años, la familia Lumière huyó del Este de Francia ante la amenaza prusiana y llegó a Lyon, donde Antoine abrió un estudio de fotografía.

Louis y Auguste estudiaron en La Martinière, el prestigioso liceo técnico de Lyon. Ambos tenían una mentalidad técnica, eran buenos estudiantes y sobresalieron en las materias científicas.

Los hermanos continuaron con el negocio de su padre. El menor, Louis, desarrolló un nuevo método para la preparación de placas fotográficas, la placa seca, que les dio éxito y fortuna; convirtió a la pequeña empresa familiar en la líder europea del sector.

En 1894, Antoine fue invitado a presenciar una demostración del kinescopio de Edison. Fascinado por el invento, propuso a sus hijos que buscaran cómo mejorarlo.

Los hermanos Lumière estudiaron el aparato, así como el praxinoscopio de proyección de Emile Reynaud, con el cual presentaba películas de dibujos animados, dibujadas y coloreadas a mano sobre película transparente y flexible.

Louis dio con un sistema más sencillo para el avance intermitente de la película perforada. Auguste contó que en una sola noche, víctima del insomnio, su hermano inventó el cinematógrafo.

Capaz de efectuar tomas y proyectar su positivo, constaba de una cámara portátil para tomar imágenes en movimiento, una unidad procesadora de película y un proyector, es decir, tres funciones en un solo aparato.

Inicialmente, los Lumière solo mostraron su invento a sus conocidos, porque no confiaban en sus posibilidades artísticas y pensaban que no le interesaría a nadie. Sin embargo, animados por sus colegas, aceptaron presentarlo en público.

Después de haber filmado más de un centenar de películas de un minuto, decidieron mostrar su invento en París. Encontraron un sencillo local decorado al estilo oriental, el Salón Indio del Grand Café, en el Boulevard de los Capuchinos.

Los Lumière prefirieron una sala pequeña, porque temían que fuera un fracaso y así pasaría inadvertido. Pegaron en los cristales del Grand Café un cartel, para que los transeúntes pudieran leer lo que significaba aquel invento bautizado con el impronunciable nombre de Cinematógrafo Lumière. El anuncio decía:

“Este aparato, inventado por los Señores Auguste y Louis Lumière, permite recoger, en series de pruebas instantáneas, todos los movimientos que, durante cierto tiempo, se suceden ante el objetivo y reproducir a continuación estos movimientos proyectando, a tamaño natural, sus imágenes sobre una pantalla y ante una sala entera.”

El día de la presentación, considerado oficialmente como el primer momento de la historia del cine, fue el 28 de diciembre de 1895. Sin más publicidad que dicho cartel, acudieron solamente 35 personas.

Aunque al principio el ambiente era de gran escepticismo, cuando los espectadores vieron moviéndose los carruajes por las calles de Lyon, quedaron boquiabiertos y estupefactos.

Cuando presentaron las imágenes que mostraban La llegada del tren a la estación, más que admiración y sorpresa, los presentes sintieron miedo al ver acercarse el tren en la pantalla y pensaron que iba a salirse de ella. Algunos se levantaron de sus asientos.

En total se presentaron 10 películas de un minuto cada una, entre las que destacó El regador regado, que presentaba un ingenioso truco con una manguera de agua empapando al jardinero de los Lumière; se considera la primera comedia del cine.

A pesar del aparente fracaso inicial, los diarios de París elogiaron aquel espectáculo insólito y maravilloso, provocando un gran revuelo. Los hermanos Lumière tuvieron lleno total a partir del segundo día y las colas de espectadores se extendían por el Boulevard de los Capuchinos.

Al darse cuenta de la importancia de su invento, los Lumière se animaron a continuar la producción de películas y presentar su cinematógrafo en el resto de Europa y otros países. Entrenaron a un pequeño ejército de operadores para viajar por el mundo, filmando y presentando películas.

El cine llegó a México casi ocho meses después de su triunfal aparición en París. La noche del 6 de agosto de 1896, el presidente Porfirio Díaz, su familia y miembros de su gabinete presenciaron asombrados las imágenes en movimiento que dos enviados de los Lumière, Claude Ferdinand Von Bernard y Gabriel Veyre, proyectaron en uno de los salones del Castillo de Chapultepec.

Una semana después, el cinematógrafo fue presentado al público de la Ciudad de México en el sótano de la Droguería Plateros, en la calle del mismo nombre, hoy Madero. El público abarrotó el lugar y aplaudió fuertemente las escenas mostradas por Bernard y Veyre.

El éxito del nuevo medio de entretenimiento fue inmediato y la Droguería Plateros se convirtió, al poco tiempo, en la primera sala de cine de nuestro país: el Salón Rojo.

México fue el primer país americano que disfrutó del nuevo medio, ya que la entrada del cinematógrafo a los Estados Unidos había sido bloqueada por Edison.

Brasil, Argentina, Cuba y Chile también fueron visitados por enviados de los Lumière, pero México fue el único lugar donde los franceses realizaron una serie de películas, que inauguraron la historia del cine mexicano.

Porfirio Díaz apareció en la primera película filmada en nuestro país, El Presidente de la República paseando a caballo en el Bosque de Chapultepec; otra característica del nuevo invento era mostrar a los personajes famosos en sus actividades cotidianas y oficiales. La coronación del zar Nicolás II de Rusia había iniciado esta tendencia pocos meses antes.

Durante 1896, Bernard y Veyre filmaron unas 35 películas en la Ciudad de México y Guadalajara. Mostraron a Díaz en diversos actos públicos, registraron la histórica llegada de la Campana de Dolores al Palacio Nacional y filmaron diversas escenas folclóricas y costumbristas, como una corrida de toros, una pelea de gallos, el jarabe tapatío, una clase de gimnasia y un desayuno de indios.

Un duelo a pistola en el Bosque de Chapultepec fue filmada con base en un hecho real, ocurrido poco antes entre dos diputados. La cinta levantó una ola de protestas en la prensa, debido a que la gente interpretaba el evento como la filmación del hecho real.

Aunque se anunciaba que el filme era una reconstrucción de los hechos, el público no distinguía todavía la diferencia entre realidad y ficción. El carácter realista del cine hacía pensar que todo lo capturado por la cámara era verdadero.

Al irse Bernard y Veyre, el material que trajeron de Francia y el que filmaron en México continuó exhibiéndose por un tiempo. Las demostraciones de los Lumière por el mundo cesaron en 1897.

A partir de entonces, se limitaron a la venta de aparatos y copias de las películas que sus enviados habían tomado en los países que habían visitado. Esto provocó el aburrimiento del público, que ya conocía de memoria las películas que meses antes causaban furor.

La determinación de los Lumière de dejar de filmar y dedicarse a la venta de copias provocó el surgimiento de los primeros cineastas mexicanos, como el Ing. Salvador Toscano, Guillermo Becerril, los hermanos Stahl, los hermanos Alva y Enrique Rosas.

Investigación y guión: Conti González Báez

 

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