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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Octubre 29, 2016

José Zorrilla y su obra Don Juan Tenorio
Publicado: Octubre 29, 2016

Una de las figuras más prestigiosas del romanticismo español es el dramaturgo y poeta José Zorrilla y Moral, quien nació el 21 de febrero de 1817 en Valladolid, España.

Su padre, José Zorrilla, era funcionario público, un hombre de rígidos principios, absolutista y partidario del pretendiente al trono, Don Carlos; su madre, Nicomedes Moral, era una mujer piadosa, sufrida y sometida al marido.

Tras varios años en Valladolid, Burgos y Sevilla, la familia se estableció en Madrid, donde el padre ejerció con gran celo el cargo de superintendente de policía y el hijo ingresó en el Seminario de Nobles, una escuela jesuita.

A los doce años, el pequeño José empezó a escribir poesía. Desde muy joven, se aficionó a la literatura de autores como Walter Scott, Cooper, Chateubriand, Dumas, Víctor Hugo, Rivas y Espronceda.

Estudió Leyes en las universidades de Toledo y Valladolid, con nulo aprovechamiento, ya que prefería leer novelas que estudiar. Durante unas vacaciones se enamoró de una prima, a la que evoca en el poema Recuerdo del Arlanza, siendo este el primero de una larga lista de amores.

Después de reprobar sus cursos académicos, huyó de la casa paterna a los 20 años, refugiándose en Madrid, donde inició su hacer literario frecuentando los ambientes artísticos y bohemios.

Zorrilla, un joven delgado y pálido, se reveló como poeta ante el sepulcro de Mariano José de Larra, leyendo emocionadamente una composición en honor del suicida, cuando toda la capital se hallaba reunida en el cementerio para rendirle el último tributo.

Esto le granjeó la profunda amistad de su admirado Espronceda, pero la fama lo sacó súbitamente de una vida oscura y llena de privaciones. A partir de ese momento, el éxito le acompañó.

Sin embargo, como era un gran dilapidador, siempre vivió con estrecheces económicas. Zorrilla ingresó como redactor en el periódico El Español, en el que publicó la serie titulada Poesías cuando tenía 21 años.

Su carácter de creador prolífico lo hizo ampliarlas hasta ocho volúmenes en sucesivas ediciones, que terminó tres años después. Más tarde escribió en El Porvenir.

A los 23 años, José Zorrilla se casó con Florentina O’Reilly, una viuda 16 años mayor que él y con un hijo. Aparte de la diferencia de edades, varias causas hicieron infeliz el matrimonio: la antipatía del hijo hacia el intruso, las riñas entre mujer y suegra, y la desaprobación del padre del joven escritor.

Durante los siguientes 10 años, Zorrilla escribió Cantos del Trovador, un libro de leyendas en verso y 40 dramas, entre ellos Don Juan Tenorio, que fue un éxito de taquilla pero irónicamente no le dio ganancias al autor, ya que vendió los derechos a muy bajo precio.

Viajó a Francia en 1845. En París asistió a algunos cursos de medicina y se relacionó con Dumas, George Sand, Musset y Gautier. Ese mismo año murió su madre, dejándole una profunda melancolía.

De regreso en Madrid, recibió varios honores: Se le nombró miembro de la Junta del Teatro Español recién fundado, el Liceo organizó una sesión para exaltarle públicamente y fue elegido miembro de la Real Academia, con tan sólo 31 años de edad. Fue muy comentado el que leyera su discurso de investidura en verso.

La muerte de su padre le causó un duro golpe, ya que nunca tuvieron buenas relaciones. Hombre despótico y severo, rechazó sistemáticamente el cariño de su hijo, negándose a perdonarle sus errores juveniles, como su huída y la boda, dejando un enorme peso en su conciencia. Por otro lado, le legó considerables deudas y un gran sentimiento de culpa.

Huyendo de su mujer, Zorrilla se estableció nuevamente en París y luego en Londres, a donde le acompañaron los inseparables apuros económicos.

En la ciudad luz endulzó sus penas Leila, a quien amó apasionadamente, en tanto que en la capital británica hizo amistad con el famoso relojero Losada, quien lo ayudó financieramente.

A los 37 años, Zorrilla se embarcó rumbo a México, interrumpiendo su estancia aquí para pasar un año en Cuba y regresar después.

En nuestro país llevó una vida de aislamiento y pobreza, sin mezclarse en la guerra civil, que dividía a federales y unitarios. Cuando Maximiliano de Hasburgo ocupó el poder, se convirtió en poeta de la corte y fue nombrado Director del Teatro Nacional.

El fusilamiento de Maximiliano, abandonado a su triste suerte por el Papa y Napoleón III, le produjo al escritor una profunda crisis religiosa.

Cuando murió su esposa, regresó a España, donde pudo apreciar que su obra había alcanzado gran popularidad. Sin embargo, no le fue posible cobrar los derechos de autor, por lo que tuvo que afrontar nuevamente problemas financieros.

Se casó por segunda ocasión con la actriz Juana Pacheco, pero a pesar de que sus obras eran continuamente representadas en los escenarios, siguió con apuros económicos, de los que apenas lograron sacarlo una comisión gubernamental en Roma y la concesión de una pequeña pensión nacional, otorgada tardíamente.

Se hizo famoso dando recitales públicos, se reincorporó a la Real Academia y obtuvo numerosos honores, entre los que sobresalen su nombramiento como Cronista de Valladolid y su coronación como poeta laureado de España en el Alcázar de Granada por el Duque de Rivas, en representación de la reina regente Isabel II.

La salud de Zorrilla empezó a decaer, sufriendo de alucinaciones y sonambulismo. No se sabe exactamente cuándo le apareció un tumor cerebral y cómo afectó su comportamiento, pero se especula que quizá el papel predominante de la fantasía en el escritor tiene una explicación en ello.

Murió en Madrid el 22 de enero de 1893, a los 75 años, tras una intervención quirúrgica para extraerle el tumor. Su entierro fue un gran homenaje de admiración, pero la Real Academia tuvo que pagar los gastos de su funeral debido a la pobreza del poeta.

El teatro de Zorrilla, que se caracteriza por seguir los modelos del Siglo de Oro, alcanzó gran popularidad gracias a su ágil versificación y hábil tratamiento de las tramas, manteniendo la intriga durante toda la obra hasta los últimos momentos.

Su poesía se caracteriza por la fluidez y musicalidad de sus versos, que se inspiran en leyendas medievales y de la época imperial muy populares. Destacan los largos poemas épicos A Buen Juez, Mejor Testigo, inspirado en la leyenda toledana del Cristo de la Vega y Granada, un canto a la civilización árabe que se dio en la España medieval, tema que en la época romántica resultaba muy exótico.

De su prosa, sobresalen un libro de memorias sobre su estancia en México, La Flor de los Recuerdos y su autobiografía: Recuerdos del Tiempo Viejo, publicada en 1880, cuando tenía 63 años.

La sensualidad constituye uno de los ejes fundamentales de toda su producción. El temprano amor con su prima, dos esposas, amantes en París, Londres y México dan una lista que recuerda a la de Don Juan, tema de su mayor éxito: Don Juan Tenorio.

Escrita en 1844, es la obra teatral española más popular. Fue un éxito de taquilla desde el principio y hasta la fecha se sigue montando todos los años en muchos países de habla hispana.

Fiel a su cita, el drama romántico por excelencia vuelve a los escenarios con motivo del Día de Muertos, 2 de noviembre. La inmortal obra de Don José Zorrilla y Moral recupera toda su fuerza y frescura en cientos de versiones sobre sus andanzas.

Obviamente, la obra está basada en El Burlador de Sevilla del autor barroco Tirso de Molina y otras versiones posteriores como Don Juan o el Convidado de Piedra del francés Molière y la ópera Don Giovanni del compositor austriaco Wofang Amadeus Mozart.

Muy pocos mitos han alcanzado categoría tan universal e intemporal como el de Don Juan, prototipo del galán amoral, sin escrúpulos y ocasionalmente sacrílego. Desde la Edad Media, todo tipo de leyendas, creencias, rumores, miedos, críticas y elogios lo han convertido en un personaje fascinante.

En el folklore medieval, el tema del hombre muerto invitado por un mozo irrespetuoso era bastante común y está Íntimamente conectado con el tema de Fausto.

El origen del personaje se pierde en la historia. Según el erudito Louis Viadot, Don Juan Tenorio era miembro de una familia noble de Sevilla; mató al Comandante de Ulloa, raptó a su hija y fue matado por monjes franciscanos.

Don Juan engaña a las mujeres para seducirlas y luego las deja, tras haber perdido su virginidad al enamorase de él, con pocas opciones: casarse con otro o meterse en un convento.

Sus acciones demuestran la falta de honor personal y respeto por las reglas morales o sociales. No le importa que Dios vaya a castigarlo y tampoco recibe el perdón divino.

Zorrilla recoge la tradición donjuanesca y crea una historia ligeramente distinta, con un personaje más humano. Don Juan se convierte en un hombre enfrentado a la muerte y al amor, a la castidad y a la pasión.

El éxito de la obra se debe a que tiene un final feliz. En su argumento, es un pecador libertino y fanfarrón al que el amor puede redimir. Y reconforta creer que, a pesar de las barbaridades que se cometan en la vida, si uno se arrepiente no pasa nada.

El autor consigue que, en el último momento, Don Juan haga un acto de contrición, se arrepienta de sus pecados y alcance la vida eterna. Aunque, para mantener a su personaje dentro de la tradición donjuanesca, su arrepentimiento lo haya escrito en condicional:

“… que si es verdad

que un punto de contrición

da al alma la salvación

de toda una eternidad

yo, santo Dios, creo en ti.”

 Investigación y guión: Conti González Báez

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