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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Octubre 1, 2016

Julio Verne, padre de la ciencia ficción
Publicado: Octubre 1, 2016

Julio Verne fue el creador de la literatura de la edad científica. Inspirado por los avances de la ciencia y la técnica del siglo XIX, se documentaba y vertía sus conocimientos en relatos épicos, ensalzando el genio del hombre en su lucha por dominar a la naturaleza. Predijo muchos de los logros científicos del futuro y se le considera el padre de la ciencia-ficción.

Contemporáneo de Darwin, Mendel, Pasteur, Koch, Maxwell, Humboldt, Marx, Roentgen y Planck, Jules Gabriel Verne nació el 8 de febrero de 1828 en la isla Feydau de Nantes, Francia.

Fue el primer hijo de Pierre Verne y Sophie Allote de la Fuye. Su padre era un abogado burgués, hijo de un juez. El día del bautizo de su primogénito, lo mostró a la familia diciendo que sería abogado y se ocuparía del bufete familiar. No contaba con que Julio sería rebelde y propenso a la aventura.

A los 11 años se escapó para ser grumete y más tarde marinero en un barco que se dirigía a la India, pero fue atrapado por sus padres y lo llevaron de regreso al hogar.

Su papá le aplicó un severo castigo, azotándolo con un látigo y encerrándolo a pan y agua. Pero lo que más le dolió al niño fue la promesa que le obligó a hacer, pese a su furia y vergüenza: no volver a viajar en el resto de su vida mas que con su imaginación.

A los 17 años, Julio mostró inclinación por la literatura y se hizo asiduo visitante de una librería donde se llevaban a cabo tertulias literarias.

Escribió una pequeña tragedia para ser representada en un teatro de marionetas, dedicada a su prima Caroline, de la que llevaba años enamorado sin que le hiciera el menor caso. Dos años después, ella se casó con otro por interés, marcando una huella profunda en el carácter de Verne, que fue siempre muy huraño.

Al cumplir 20 años se trasladó a París, para iniciar la carrera de Leyes. Allí conoció a algunos de los más importantes intelectuales del momento, como Víctor Hugo, Eugenio Sue y Alejandro Dumas, quien le brindó su amistad y protección.

Al culminar sus estudios, decidió quedarse en la capital francesa para abrirse camino como escritor, a pesar de que su padre quería que regresara a Nantes. Después de un enfrentamiento, la reacción paterna fue suprimirle la asignación económica que lo mantenía.

Una de las maneras más rápidas de hacer fortuna en poco tiempo era el teatro. Ante la necesidad, Julio Verne escribió algunos dramas mediocres. Su comedia Las Pajas Rotas se estrenó en el Teatro Histórico, bajo la dirección de Alejandro Dumas.

Siguieron otras presentaciones, todas con poco éxito. Malviviendo en una buhardilla cochambrosa, casi sin dinero para comer, compró un piano para preparar mejor sus operetas. También escribió en revistas y dio clases de Derecho, hasta que encontró trabajo como secretario en el Teatro Lírico de París.

Su mayor problema era encontrar un nicho de la literatura en el que pudiera destacar. Al fin encontró un tema original y muy de moda en su época: el progreso científico. Dumas se entusiasmó ante la idea cuando Verne le explicó que escribiría “la novela de la ciencia”.

Verne pasaba horas en la Biblioteca Nacional, estudiando química, botánica, geología, mineralogía, geografía, oceanografía, astronomía, matemáticas, física, mecánica, ingeniería y balística, documentándose acerca de los nuevos inventos y descubrimientos. Habló con exploradores, viajeros y científicos.

A los 28 años viajó a Amiens, para asistir a la boda de un amigo. Allí conoció a Honorine de Vianne, una viuda que tenía dos hijas, con quien se casó al año siguiente en París. La pareja tuvo un hijo, Michel.

Muchos afirman que las aspiraciones literarias de Verne se hubieran desvanecido de no haberse topado con el editor P.J. Hetzel, un “cazatalentos” apasionado por las nuevas ideas.

Deseaba crear una revista educativa y recreativa, que interesara a personas de todas las edades. Buscó a Jean Macé para que trabajara en la sección educativa, a Stahl para que realizara la parte literaria y a Verne para que se encargara de la parte científica. De esta manera comenzó la relación con quien sería su eterno editor.

Seis años después, Verne le mostró el manuscrito de una novela inspirada en las experiencias de Madar, quien se proponía lanzar un globo, El Gigante, convencido de que iba a revolucionar los viajes. En la novela, el globo se llamaba Victoria y sobrevolaba África.

El editor encontró la novela interesante, pero mal construida y de pésimo estilo. Señaló al joven autor los arreglos necesarios para que el manuscrito fuera publicable.

Verne volvió a escribir su novela y el 24 de diciembre de 1862 salió a la luz Cinco Semanas en Globo, el primero de los 46 relatos de viajes y aventuras que escribiría a lo largo de su vida.

El éxito fue rotundo y Hetzel no dudó en ofrecerle inmediatamente un contrato por 20,000 francos durante 20 años, a cambio de que escribiera dos novelas anualmente, para publicarlas en la colección Viajes Extraordinarios. El contrato fue renovado dos veces.

Viaje al Centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, Los Hijos del Capitán Grant, Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, La Isla Misteriosa, La Vuelta al Mundo en 80 Días, Un Capitán de Quince Años, Miguel Strogoff, Dos Años de Vacaciones y El Testamento de un Excéntrico son algunas obras de Julio Verne.

Todos sus conocimientos sobre la ciencia del momento, mezclados con su rica imaginación, quedaron plasmados en esos relatos. Su capacidad para anticiparse a su tiempo mantiene aún hoy a críticos y lectores fascinados con sus novelas.

Sin embargo, él y su editor Hetzel fueron sometidos a una campaña denigrante. Los literatos criticaban su pésima escritura y los científicos añadían que sus novelas estaban plagadas de errores, con lo cual se deformaba el sano criterio de la juventud.

Hoy sabemos que muchos fenómenos descritos por el escritor procedían de su exhaustiva documentación personal y casi todo lo que entonces imaginó fue realizado durante el siglo pasado.

Cohetes espaciales, aviones, helicópteros, submarinos, aire acondicionado, misiles dirigidos e imágenes en movimiento fueron descritos con precisión, casi 100 años antes de que el hombre contara con las herramientas para hacerlos realidad.

En la novela De la Tierra a la Luna, publicada en 1856, Verne anticipó detalles de la que 113 años después sería la primera misión espacial en pisar la Luna, Apolo 11.

La forma y dimensiones de la cápsula espacial, el lugar de lanzamiento, muy cerca de Cabo Kennedy, la falta de gravedad que sufren los astronautas en el espacio exterior y el país que habría de lograr el triunfo fueron anticipados con gran precisión.

Asimismo, describió con asombrosa exactitud la órbita alrededor de la Luna, el sistema de corrección de trayectoria por medio de cohetes e incluso la forma y lugar del regreso, con la nave cayendo al mar en un lugar situado a solo 4 km de donde lo hizo la primera tripulación en realizar una órbita lunar, la de Apolo 8.

En Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, presenta a uno de sus personajes más logrados, patéticos y humanos, el Capitán Nemo, cuyo nombre significa “Nadie” en latín, un ser atormentado que vaga sin rumbo por el mundo a bordo del Nautilus, sorprendente anticipación de los submarinos atómicos.

También hay personajes simpáticos, como el excéntrico Phileas Fogg y su ayudante Passepartout de La Vuelta al Mundo en Ochenta Días, interpretados en el cine por David Niven y el mexicano Mario Moreno “Cantinflas” en una súper producción de 1956 que ganó 5 Óscares.

En 2004 se filmó una nueva adaptación, con Steve Coogan y Jackie Chan en esos papeles, que ganó un premio Razzie como peor segunda versión de una película.

Más allá de la literatura, Julio Verne participó también en la política. Fue elegido concejal de Amiens en 1888 y reelecto tres veces. A pesar de su éxito como escritor, no fue feliz.

Su vida privada estaba supeditada a su carrera. Su dedicación al trabajo minó su salud; durante toda su vida sufrió de úlceras gástricas, desmayos y ataques de parálisis faciales.

Era diabético y acabó por perder la vista y el oído, pero no el sentido del humor; decía que así escuchaba menos tonterías. Por si fuera poco, su sobrino Gastón le disparó, dejándolo cojo.

Su hijo le dio muchos problemas. Criado en un ambiente de olvido paterno y frialdad afectiva, Michel Verne fue rebelde y conflictivo. Julio, que tanto sufrió por el autoritarismo de su padre, fue también autoritario, hasta extremos que él no tuvo que sufrir.

A los ocho años, Michel fue enviado a un severo internado “para que lo enderezaran”, lo que traumatizó al niño. Debió recibir tratamiento psiquiátrico, que en esa época era casi peor que la enfermedad.

Además, el matrimonio del escritor fue un fracaso; discreto porque no hubo grandes escándalos, pero desgraciado porque no había amor. Según sus biógrafos, sostuvo una relación con una misteriosa dama de quien se desconoce su nombre, pero se sabe que el romance duró hasta el día en que la mujer falleció.

Julio Verne murió en Amiens el 24 de marzo de 1905. En su lecho de muerte, se dirigió a sus familiares que le rodeaban, diciéndoles: “Sean buenos”.

En la mayoría de sus obras, Verne era optimista y miraba a la ciencia como la gran benefactora de la humanidad. Pero a medida que aumentó su producción, fue agriándose su espíritu jovial y pasó a tener una visión pesimista del futuro, del uso de la ciencia por parte de los políticos y de la propia humanidad.

Como dato curioso, una de sus novelas, París en el Siglo XX no se llegó a publicar hasta hace pocos años, en 1995, ya que su editor la rechazó, considerándola demasiado oscura y pesimista.

En ella describe un París del futuro en el que la gente se apiña en el metro, se comunica por medio de máquinas parecidas a los faxes, vive miserablemente y todo gira alrededor del dinero, tan tristemente parecido a lo que vivimos hoy.

La obra de Verne representó algo más que un mero entretenimiento para la juventud. Leída en el mundo entero, aportó en el umbral del siglo pasado un mensaje necesitado por la sociedad: la esperanza.

Sus libros han sido traducidos a 112 idiomas y hasta la fecha siguen vendiéndose con gran éxito. Julio Verne dijo en una ocasión: “Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”.

Investigación y guión: Conti González Báez

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