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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Agosto 13, 2016

King Camp Gillette
Publicado: Agosto 13, 2016

La maquinilla de afeitar es una cuchilla que reduce el riesgo de cortarse durante el rasurado. Fue patentada por el estadounidense King Camp Gillette hace más de 100 años.

Gillette nació en Wisconsin, pero su familia se mudó a Chicago, donde perdieron todo lo que tenían en el gran incendio de 1871, cuando él tenía 16 años.

El joven intentó ganarse la vida como agente viajero, vendiendo productos novedosos y pensando en posibles inventos. Mientras vendía un nuevo producto, unos tapones de botella revestidos de corcho, conoció a su inventor, William Painter.

Ambos tuvieron una plática muy productiva. Painter le aconsejó a Gillette que inventara algo que el consumidor usara, tirara y, satisfecho, volviera a comprar.

Después de varios años de considerar y descartar posibles invenciones, mientras se rasuraba una mañana de 1895, se le ocurrió la idea de una navaja que utilizara una hoja desechable.

Afeitarse uno mismo era un asunto peligroso, con el riesgo inminente de cortarse. Además, había que afilar continuamente las cuchillas. Para evitarse problemas, la opción era visitar al barbero.

Gillette pensó en una rasuradora totalmente novedosa, con una hoja segura, barata y desechable. De inmediato compró piezas de latón, cinta de acero de la que se utilizaba para los relojes, un pequeño torno de mano y una lima.

Construyó una primera maquinilla de rasurar, muy primitiva; luego trabajó en su perfeccionamiento durante seis años. Necesitaba fabricar una cuchilla barata de acero, dura y templada para poder darle una hoja afilada.

No sabía nada de acero ni de ingeniería industrial, pero tenía confianza en poder desarrollar su producto. Los expertos le dijeron que era imposible.

Se las arregló para conseguir el apoyo financiero de varios socios. Uno de ellos fue el inventor William Nickerson, quien sugirió hacer el mango lo bastante pesado para facilitar el ajuste de la cuchilla y la guarda de protección.

Después de un sinfín de experimentos, consiguieron determinar el tamaño, la forma y el grosor ideales, un proceso para fabricar el acero adecuado, un mango en forma de T que pudiera girar para usar los dos lados de la cuchilla y equipos para afilar el acero.

En 1902 la pequeña compañía estaba sumamente endeudada, pero el producto empezó a venderse. Dos años después, se vendieron 90,000 rastrillos y 123,000 cuchillas desechables. La cara de Gillette aparecía en todas las envolturas.

Durante la I Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos compró la maquinilla de Gillette para todas sus fuerzas armadas. Los militares usaron tres millones y medio de rastrillos y 32 millones de hojas desechables. Toda esa generación se acostumbró a la nueva manera de rasurarse y las ventas del producto se dispararon.

Gillette se convirtió en millonario y se retiró de la dirección de la compañía en 1913, a los 58 años, aunque siguió siendo presidente hasta 1931, un año antes de su muerte.

Cuando dejó el negocio, se trasladó a California para cultivar árboles frutales y dedicarle más tiempo a su otra pasión, el establecimiento de un nuevo orden económico.

Desde 1894, escribía acerca de la abolición de la competencia y sobre la idea de confiar la dirección del mundo a los ingenieros. Era un hombre idealista.

Soñaba que se construirían enormes comedores comunales para eliminar el gasto de que cada hogar tuviera que cocinar su propia comida y que las cataratas del Niágara producirían energía para toda la industria de su país.

En 1910, llegó a ofrecerle un millón de dólares al expresidente Theodore Roosvelt para que encabezara su Corporación Mundial en el entonces territorio de Arizona, un sueño que no pudo convertir en realidad.

King Camp Gillette murió en Los Ángeles en 1932, a los 77 años. Su invención, sin duda, revolucionó la vida cotidiana del siglo XX y sigue vigente hasta nuestros días.

Investigación y Guión: Conti González Báez

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