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Junio 14, 2016

La Capilla Sixtina
Publicado: Junio 14, 2016

Una de las obras de arte más grandiosas del mundo tiene más de cinco siglos: los frescos de Miguel Ángel Buonarroti en la Capilla Sixtina.

Se llama así en honor del Papa Sixto IV, quien la mandó construir entre los años 1475 y 1483, porque el Vaticano necesitaba un lugar adecuado para ceremonias solemnes.

Mide 41 metros de longitud por 13 de ancho; el pequeño rectángulo está rodeado por 12 ventanas y dividido en dos partes desiguales por una mampara de mármol.

Miguel Ángel se involucró en la decoración de mala gana y tarde. Estaba esculpiendo la lápida sepulcral para el futuro mausoleo del Papa Julio II, cuando este le encargó pintar el techo, en ese entonces tan solo una bóveda azul punteada por estrellas doradas.

No se consideraba a sí mismo un pintor y temía que sus frescos nunca alcanzarían la calidad de aquellos ya realizados en las paredes de la capilla, sobre las vidas de Jesús y Moisés, por los grandes pintores de la generación anterior: Botticelli, Perugino, Signorelli, Pinturicchio, Rosselli y Girlandajo.

Sin embargo, dejó la tumba y comenzó el trabajo el 10 de mayo de 1508, instalando un andamiaje que le permitía acostarse de espaldas debajo del techo para aplicar parches de yeso mojado y pintar sobre ellos, según la técnica de los frescos.

Se acostumbró tanto a estar en esa posición, que cuando recibía una carta tenía que levantarla sobre su cabeza e inclinarse hacia atrás para leerla.

Es difícil imaginarnos cómo fue posible que lograra realizar un trabajo tan extraordinario durante cuatro años de labor solitaria en sus andamios.

El bosquejo y preparación de las escenas, así como el enorme esfuerzo físico son fantásticos, pero nada junto al logro intelectual y artístico de su obra maestra, con la que pasó a la historia universal como un verdadero genio de la pintura.

Empezó en la parte posterior de la capilla con La embriaguez de Noé y, con la pintura chorreándole en los ojos, continuó sin orden cronológico hasta llegar al panel más cercano al altar, el principio bíblico del tiempo: La separación de la luz de las tinieblas.

Gran estudioso de la anatomía humana, Miguel Ángel logró una perfección no vista desde las obras maestras griegas, que le permitió expresar el misterio de la creación con fuerza y sencillez.

Para pintar a vivaces jóvenes de belleza sobrenatural, tomó como modelo el torso Belvedere, una escultura griega de mármol del siglo I a.C., considerada la forma masculina perfecta.

Enmarcando cada uno de los nueve paneles con diferentes escenas bíblicas, están cientos de figuras desnudas: ángeles, santos, profetas, pecadores, adanes y evas.

Destaca La Creación, una serie de frescos que recorre toda la longitud del techo. El más famoso es La Creación de Adán, mostrando a este y a Dios alcanzándose uno al otro con sus dedos.

Pintó hombres y mujeres en múltiples variaciones; son todos los ancestros de Cristo enumerados en la Biblia. El cuidado de cada detalle es notable. Pese a la profusión de escenas y figuras, la simpleza y armonía de la Capilla Sixtina es sorprendente.

La fama que adquirió después de este extraordinario trabajo le impidió a Miguel Ángel terminar su ambicioso proyecto de la tumba de Julio II. Cuando este murió, sus sucesores continuaron requiriendo sus servicios, buscando unir sus nombres a su obra.

Casi 25 años después de haber terminado el techo de la Capilla Sixtina, el Papa Pablo III comisionó a Miguel Ángel, entonces de 61 años, pintar la pared principal detrás del altar.

El juicio final, un gran fresco mostrando a un musculoso Jesús rodeado por masas desnudas ascendiendo al cielo y cayendo al infierno, fue completado cinco años después.

Los ángeles sostienen dos libros con los nombres de aquellos que serán admitidos al cielo y al infierno. El destinado al cielo es una fracción del tamaño del que es para el infierno: el mensaje es claro.

El maestro de ceremonias del papa, Biagio da Cesena, expresó su disgusto por los desnudos en las paredes. Cuenta la leyenda que Miguel Ángel lo pintó en el infierno, con orejas de asno y una cabeza de serpiente en su ingle.

Cuando Cesena se quejó, se cuenta que el Papa Pablo III le dijo: “Tal vez hubiera podido liberarte del purgatorio, pero no tengo ningún poder sobre el infierno.”

Aunque habían sido limpiados en diversas ocasiones para remover el humo de velas, barniz y mugre acumulados durante tantos años, los frescos de Miguel Ángel fueron restaurados completamente entre 1979 y 1999; emergieron más brillantes que nunca, justo a tiempo para festejar sus primeros cinco siglos.

Para preservar esta obra maestra, en la Capilla Sixtina está prohibido tomar videos o fotografías, aun sin flash. Tampoco se permite la utilización del sistema de Radio Group Tours, el empleo de teléfonos celulares ni las explicaciones en voz alta dentro del recinto, las cuales deben darse antes de entrar. Además, el Vaticano cuida que las visitas sean en grupos pequeños.

Por primera vez en la historia, con autorización del Vaticano, se presenta una recreación de la Capilla Sixtina en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México. Está compuesta por 2 700 000 fotografías, levantadas durante 170 noches bajo la estricta supervisión de los custodios del histórico inmueble.

Más de 100 personas trabajaron durante un año para crearla. Pese a algunos problemas técnicos y logísticos el día de su inauguración, ya está recibiendo normalmente al público, que sale maravillado.

La réplica de la Capilla Sixtina en nuestra capital permanecerá abierta al público hasta el 30 de julio. Luego viajará a ciudades como Toluca, Puebla, León, Guadalajara y Monterrey.

La entrada para visitarla es gratuita y puede reservarse vía internet en la página: superpase.com o bien, en la taquilla junto al Monumento a la Revolución.

Investigación y Guión: Conti González Báez

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