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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Abril 12, 2014

La historia del Bikini
Publicado: Abril 12, 2014

El bikini es un producto especial y único de la era nuclear. La diminuta prenda debutó en un desfile de modas el 5 de julio de 1946 y conmocionó al público.

Dos franceses tuvieron la idea de crear la prenda, casi simultáneamente. Ambos escandalizaron al mundo, pero uno de ellos fue más exitoso promoviendo su diseño.

Jacques Heim, un modisto de Cannes, fue el primer diseñador del pequeño traje de baño de dos piezas, al que llamó “átomo” debido a su tamaño y también por ser una prenda explosiva, como la bomba atómica.

Mientras tanto, el ingeniero mecánico y dueño de una tienda de trajes de baño Louis Reard había diseñado una prenda prácticamente igual. Necesitaba un nombre exótico y llamativo, pero no se le ocurría ninguno.

Cuatro días antes del desfile en el cual presentaría su traje de baño de dos piezas en París, el ejército de Estados Unidos hizo explotar varios artefactos nucleares en el Atolón de Bikini, uno de los 29 atolones y 5 islas que conforman las Islas Marshall, ubicadas en el Océano Pacífico.

Reard decidió denominarlo “bikini”. Explicó que lo llamó así por las islas, no por la detonación nuclear; por supuesto, nadie le creyó. Como Heim, aprovechó el gran escándalo en las noticias mundiales para bautizar su revolucionaria prenda.

La presentación del bikini fue igualmente escandalosa. Las modelos se negaron a ponérselo y Reard tuvo que contratar a una bailarina exótica llamada Micheline Bernardini para modelarlo. Las fotos de ella con el atrevido traje de baño dieron la vuelta al mundo.

Jacques Heim contrató un aeroplano para que escribiera en el cielo: “Átomo, el traje de baño más pequeño del mundo”. Tres semanas después, Louis Reard alquiló otro para que escribiera: “Bikini, más pequeño que el traje de baño más pequeño del mundo”.

Según Reard, un bikini no lo es a menos que pueda pasar a través de un anillo. El nombre que escogió se quedó para siempre, evocando islas exóticas. La palabra bikini está en diccionarios de varios idiomas, incluyendo el de la Real Academia Española.

Aunque se han encontrado dibujos de prendas similares en pinturas murales del año 1600 a.C., durante los siguientes siglos se impuso un recato exagerado.

En el siglo XIX, las mujeres pudientes de Inglaterra utilizaban las máquinas de baño cuando iban a la playa. Eran como una especie de cobertizo o cabina con ruedas.

La dama se cambiaba dentro de la máquina, que era jalada por caballos o empujada por sirvientes hasta el agua. Ella podía bajar por una escalera y meterse al mar. Los trajes de baño eran como la ropa común, incluyendo zapatos y sombrero.

Luego apareció el vestido de baño, una túnica sobre unos bloomers o calzones hasta el tobillo, que fueron popularizados por la estadounidense Amelia Bloomer alrededor de 1850. El conjunto era de franela o lana; ya mojado, pesaba entre 9 y 13 kilos.

Con el tiempo, los bloomers desaparecieron, los brazos se desnudaron y los dobladillos subieron. En los años 40, los trajes de baño de dos piezas eran considerados aceptables, en parte debido a las restricciones de tela durante la II Guerra Mundial.

Lo escandaloso del bikini era un pequeño detalle: el ombligo. El Código de Producción de Películas de 1930, conocido como el Código Hays, prohibía a las estrellas “exposiciones indecentes o indebidas”. Exponer el ombligo caía en esta categoría.

Estrellas de cine como Ava Gardner, Dolores Del Río, Lana Turner y Rita Hayworth eran fotografiadas a menudo con trajes de baño de dos piezas, pero no enseñaban el ombligo.

El bikini no fue aceptado de inmediato; incluso en su país natal, Francia, tardó varios años en popularizarse. Empezó a ponerse de moda en el balneario mediterráneo de Cannes; irónicamente, ahí fue creado el diseño perdedor, el “átomo”.

La francesa Briggite Bardot tenía 12 años cuando Reard creó su explosiva prenda, pero en 1952 ya había cumplido 18 y empezaba su carrera cinematográfica.

Apareció en la película “Manina, la Chica del Bikini”, presentada en Cannes por su flamante esposo, el director Roger Vadim. El bikini fue parte integral de la carrera de Bardot; tres años después se quitó la parte superior en la cinta “Y Dios Creó a la Mujer”.

La incipiente estrella inglesa Joan Collins fue otra gran impulsora del bikini, mientras que en Estados Unidos la primera en usarlo fue Marilyn Monroe, quien en 1951 ya era una veterana posando con poca ropa o tan sólo un poco de perfume, Chanel #5.

Su compatriota Annette Funicello ayudó a popularizar la prenda en su país, en películas como “Playa Bikini”, de 1964. Parecía una chica común y corriente, con la que muchas jóvenes podían identificarse.

No ocurrió lo mismo en 1966 con la explosiva Raquel Welch en “Un Millón de Años Antes de Cristo”, cinta que la convirtió en un símbolo sexual. Los hombres la admiraban, pero las mujeres no se identificaban con ella.

Poco a poco, el bikini fue adoptado por la mayoría de las mujeres occidentales y ya nadie se escandalizó por su uso a partir de los 70, cuando sus dimensiones se redujeron al mínimo.

En el siglo XXI, la moda es muy ecléctica y lo mismo vemos trajes de baño de una o dos piezas con un corte “retro”, que diminutos bikinis, ya también clásicos.

Conti González Báez

Investigadora y guionista

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