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BLOG: La Red con Jesús Escobar
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Septiembre 19, 2016

La renuncia de un Presidente
Publicado: Septiembre 19, 2016

En pleno 15 de septiembre, miles de mexicanos decidieron salir de la modorra, dejar el pozole, el tequila y marchar para exigir la salida del presidente Enrique peña Nieto, el presidente más impopular de los últimos 50 años.

Podemos debatir si el número de participantes es determinante o no, pero lo que es innegable es que fue un hecho inédito que nos habla del hartazgo, del cansancio que existe hacia un gobierno que comete error tras error, que parece que no entiende, que está alejado de la realidad, y cuyo legado está plagado de corrupción.

Sin embargo, vale la pena preguntarnos ¿Puede renunciar un presidente? ¿Serviría de algo? ¿Traería más beneficios o perjuicios?, ¿Contamos con procedimientos para sustituir a Peña Nieto y controles ciudadanos para conducir el proceso? ¿De veras estaríamos mejor si simplemente se va?

La situación es considerablemente más delicada que en 2014, cuando decenas de miles de mujeres y hombres salieron a las calles a exigir la renuncia de Peña. Si en aquel entonces la desaparición de 43 estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa y el escándalo de la llamada “casa blanca” parecían razones suficientes, hoy los motivos sobran. Las violaciones de derechos humanos en Tlatlaya, Tanhuato y Nochixtlán, la fuga de Joaquín el Chapo Guzmán, el plagio de la tesis y la visita de Donald Trump son los escándalos más sonados de una larga lista que en otros países sería suficiente para que el presidente renunciara. No en México.

La constitución señala en su artículo 84 que el cargo de presidente solo es renunciable por una falta grave que calificara el Congreso de la unión cuando se presentara la dimisión. Desde la salida de Pascual Ortiz Rubio no se ha dado una situación de este tipo.

Si mañana renunciara Peña, seria Miguel Ángel Osorio Chong quien lo sustituyera de forma temporal, hasta que el poder legislativo, de mayoría priista, decidiera el nombre del sucesor interino. Es decir, más de lo mismo. Incluso muchas voces aseguran que la salida del priista, generaría una crisis económica con consecuencias para la población.

Del otro lado diversos expertos nos han dicho en La Última Emisión, que, si analizamos los escenarios, es posible darse cuenta que una dimisión presidencial no necesariamente nos orillaría a una crisis sin salida. Porque que ningún político es más grande que las instituciones que gobierna ni más poderoso que el pueblo de donde emana su mandato.

El problema es que hoy somos rehenes de una partidocracia cómoda con la debilidad del gobierno. Nos advierten que “el horno no está para bollos” y nos dicen “mejor no le muevas”.

En lo personal estoy seguro que urge una revolución de las conciencias. Vivimos una crisis de la conciencia democrática, probablemente la más grave de la historia, la desafección de la población hacia la política no se había visto ni siquiera en las peores épocas de la hegemonía tricolor.

De los partidos políticos no vendrá el cambio porque están diseñados para negociar (lo que es adecuado). El problema es que en México la negociación principal versa sobre la impunidad que, como regla no escrita, se deben entre quienes integran la élite partidista.

Nuestro país está en riesgo, y es ahora cuando esa consciencia colectiva de Patria es más necesaria que nunca. Más allá de marchas y protestas, más allá de filias y fobias, más allá de turnos asumidos o revanchas pendientes: no podemos permitirnos caer en un caos que no beneficiaría a nadie.

El resquebrajamiento de las instituciones y el desprecio por la autoridad no hacen sino mermar al Estado de derecho y servir como pretexto para maquinaciones peligrosas: una bandera al revés puede ser un error gravísimo, pero la aparición de otras el mismo día, es una coincidencia espeluznante que no puede ser ignorada.

Nadie gana con la violencia. El país es, en la coyuntura actual, una olla a presión a la que se le está aumentando la flama de manera irresponsable: de crearse un incendio, no seríamos capaces de apagarlo sin acudir a unos bomberos que después no sabríamos cómo sacar.

Faltan dos años, debemos fortalecer nuestro voto, salir a las urnas en el 2018, y ahí castigar para siempre a un gobierno que nos confirmó que el PRI es nuestro cáncer,

Exigir cambios en nuestra democracia como la segunda vuelta, la revocación de mandato, que formen parte de las plataformas de los suspirantes. Dejar de pensar que la solución vendrá del tlatoani, defender a ultranza a los políticos, debemos ser más ciudadanos, comprender que nuestra única lealtad es con la patria.

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