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BLOG: Las Redes del Tiempo
Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Noviembre 23, 2013

La trágica vida de un héroe
Publicado: Noviembre 23, 2013

Un evento ocurrido en 1927 ayudó a asegurar el futuro de la industria de la aviación como el gran medio de transporte. Poco antes de las ocho de la mañana del 21 de mayo, el joven piloto Charles Lindbergh despegó en un vuelo histórico a través del Océano Atlántico, de Nueva York a París.

Fue el primer vuelo intercontinental sin escalas de un aeroplano y sus efectos en el solitario piloto y la aviación fueron enormes. Instantáneamente, Lindbergh se convirtió en héroe. La aviación atrajo millones de dólares de inversión con el apoyo de los ciudadanos, cuya imaginación estaba desbordada por la hazaña.

El protagonista de la histórica travesía abandonó sus estudios de ingeniería para aprender a volar. Se dedicó a actuar en espectáculos aéreos y trabajó en una empresa transportadora de correo aéreo entre San Luis y Chicago.

Al planear su viaje trasatlántico, el piloto decidió temerariamente volar solo, sin un navegante, para poder cargar más combustible. Su avión, el Espíritu de San Luis, medía ocho metros de largo y sus alas se extendían catorce metros. Cargaba 1,700 litros de gasolina, la mitad de su peso al despegar.

No había espacio suficiente en la estrecha cabina para instalar un sistema de navegación, así que voló por puro cálculo. Dividió mapas de la librería local en 33 segmentos, anotando qué dirección debía seguir en cada uno. Cuando vio la costa de Irlanda, estaba casi exactamente en la ruta que había trazado.

Su peor enemigo durante su viaje fue la fatiga. La extenuante travesía tomó 33 horas y media, pero se las arregló para permanecer despierto, sacando su cabeza por la ventana para inhalar aire frío, deteniéndose los párpados y recordando que si se quedaba dormido, moriría.

Charles Lindbergh aterrizó en las afueras de París a las 10:24 de la noche del 22 de mayo. La noticia de su vuelo lo había precedido y una gran muchedumbre corrió al campo de aviación a recibirlo. Al ver su pequeño avión, a nadie le quedó la menor duda de la magnitud de su logro. La era de la aviación había llegado.

De regreso a Estados Unidos, fue recibido como un héroe y el Congreso le otorgó una medalla. Fue nombrado Coronel en la reserva de las Fuerzas Aéreas y se convirtió en asesor de líneas aéreas comerciales. Tras inaugurar un vuelo de Nueva York a Washington, Lindbergh hizo el primer viaje sin escalas de Nueva York a México.

Mientras el héroe estadounidense Charles Lindbergh realizaba su máxima hazaña, volar sin escalas de Nueva York a París, el piloto mexicano Emilio Carranza realizaba por primera vez un vuelo directo entre Ciudad Juárez y México, en l0 horas 48 minutos. El récord quedó escrito en la historia, el 2 de septiembre de 1927.

Gracias a los esfuerzos de importantes personalidades de la aviación, se construyó en México el monomotor Quetzalcóatl, llamado también “Tololoche”. A bordo de este avión, Carranza realizó su histórico vuelo, el más largo que hubiera realizado hasta entonces un piloto mexicano.

Tres semanas después, el “aguilucho” mexicano era homenajeado a lo grande en Ciudad Juárez, al mismo tiempo que en la vecina ciudad de El Paso, miles de estadounidenses aclamaban a Lindbergh y al día siguiente a los dos.

Ambos aviadores se encontraron en El Paso. Lindbergh, en plan de camarada, se quitó unos lentes de plata que le habían regalado sus admiradores en París y se los entregó a Carranza, diciéndole: “Para el Lindbergh mexicano, que supo ganarle a la velocidad”.

Los miles de fanáticos del aire que presenciaron el gesto aplaudieron a ambos aviadores y lanzaron vivas para Estados Unidos y México.

Los héroes se hospedaron en el Hotel Paso del Norte y en todos los festejos estuvieron juntos. En un festival en su honor, el tenor mexicano Rafael Guzmán cantó “Mi Viejo Amor”, “Estrellita” y “La Paloma”, en tanto que la soprano paseña Elizabeth Garvett entonó, también en español, “Madre Mía”.

Gran recuerdo para la gente de la frontera, porque menos de un año después, el 12 de julio de 1928, el piloto mexicano Emilio Carranza murió, al desplomarse su avión en Nueva Jersey.

Charles Lindbergh también fue homenajeado por el entonces presidente Plutarco Elías Calles. Debido a sus hazañas aéreas y, como un reconocimiento a su labor, las autoridades pusieron el nombre de Lindbergh al teatro abierto que aún existe en el Parque México de nuestra capital.

Dos años después de su histórico vuelo trasatlántico, Charles Lindbergh conoció a la hija del embajador de Estados Unidos en México, Anne Spencer Morrow, a quien sus amigos mexicanos llamaban Anita. Se enamoraron y no tardaron en casarse.

Anne fue la única mujer en la vida de Lindbergh, quien le enseñó a volar. La pareja viajó por todo el mundo, pues el piloto inauguraba constantemente nuevas rutas para la navegación aérea.

Visitaron Asia y a cada rato cruzaban el océano Atlántico de Europa a México, donde tenían una casa en la entonces nueva colonia Condesa. Se dedicaban a explorar el misterio de los templos prehispánicos en México, una actividad que le apasionaba al famoso aviador. Los aviones despegaban en las pistas que había en Balbuena, al Oriente de la Ciudad de México.

Anne fue una destacada escritora. Recibió innumerables premios por sus libros de viajes y sobre los problemas de las mujeres. Su obra incluye poemas, novelas y ensayos. También recibió reconocimientos como piloto y exploradora, siendo incluida en el Salón de la Fama de la Aviación.

El primogénito de la pareja, Charlie, se hizo tristemente famoso a los 20 meses de edad, como víctima de un crimen horrendo que consternó al mundo, al ser secuestrado. Lindbergh pagó el rescate de 50,000 dólares, pero su hijito no fue devuelto.

Hasta el gángster Al Capone colaboró para tratar de localizar al niño y sus secuestradores, sin éxito, ya que el bebé fue encontrado muerto seis semanas después.

Tres años más tarde fue el sonado juicio que condenó a muerte al raptor y asesino del bebé, Bruno Richard Hauptmann, un carpintero. El hecho conmovió a Estados Unidos e indignó al mundo.

Después de ese doloroso suceso, Lindbergh se fue a vivir a Europa en busca de una vida más privada y segura, junto a su esposa Anne y su hijo Jon, de tres años.

Entre 1931 y 1935 Lindbergh se había dedicado a un experimento poco difundido: la invención de un corazón artificial, que desarrolló para el cirujano y biólogo francés, Alexis Carrel.

El dispositivo que diseñó el aviador podía bombear a través de los tejidos las sustancias necesarias para mantener vivo un órgano fuera del cuerpo. Este invento preparó el camino para los trasplantes que, años después, revolucionaron la ciencia médica.

Mientras vivía en Europa, los gobiernos de Francia y Alemania  invitaron al famoso aviador a recorrer sus respectivos centros de industria aeronáutica. Lindbergh admiró el gran avance alcanzado por la Alemania nazi y recibió de manos de Hermann Goering la Medalla al Mérito, lo que desató airadas críticas en su propio país.

En 1941, ya de vuelta en casa, integró una organización que luchaba contra el ingreso de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, criticando la política exterior del presidente Roosvelt.

Muchos compatriotas lo repudiaron, acusándolo de ser simpatizante de los nazis, traidor, antisemita, derrotista y hasta satánico. Charles Lindbergh fue destruido socialmente y tuvo que renunciar a su grado de Coronel en la Fuerza Aérea.

Tras el ataque a Pearl Harbor, puso fin a sus actividades en pro del no intervencionismo estadounidense e intentó realistarse en el ejército. Su solicitud fue denegada. Entonces se desempeñó como asesor técnico de Henry Ford en la construcción de aviones.

En 1944 se trasladó a la zona bélica del Pacífico, como asesor del Ejército y la Marina de los Estados Unidos. Aunque actuaba como civil, voló más de 50 misiones de combate, piloteando cazas P-38 y derribó por lo menos un avión japonés.

Terminada la guerra, fue idea de Lindbergh rescatar a los científicos alemanes, como Werner Von Braun y muchos otros para que sirvieran en los laboratorios de su país y no en los soviéticos.

En 1954, el presidente Eisenhower le restituyó su grado militar, ascendiéndolo a Brigadier General, distinción que se sumó a las muchas condecoraciones, medallas y honras que recibió en su vida y que nunca alteraron su inmutable humildad.

Su espíritu inquieto y polifacético lo llevó a incursionar en áreas tan dispares como la antropología, la conservación del medio ambiente y la carrera espacial, luchando por el equilibrio entre los avances tecnológicos y la ecología.

Manteniendo siempre su bajo perfil para escapar de los flashes del periodismo, “el Águila Solitaria” siguió explorando territorios vírgenes y se estableció en la isla de Maui, en Hawaii, donde murió en 1974, vencido por el cáncer.

Lindbergh escribió un relato sobre su histórico vuelo, que le valió el Premio Pulitzer, así como otros libros sobre sus experiencias. Parte de su vida dio origen a la película de Billy Wilder “El Héroe Solitario”,  protagonizada por James Stewart.

Anne Morrow Lindbergh murió en 2001, a los 94 años. Cuando conoció a Charles Linbergh tenía 21 años y se enamoró perdidamente del joven héroe, quien le pareció un caballero con su armadura reluciente.

Se dice que él era frío y controlador; ella, cálida y romántica. También que Anne tuvo un romance con otro famoso aviador, el francés Antoine de Saint-Exupery, autor de “El Principito” y un hombre mucho más sensible que Lindbergh, quien pese a todo fue el amor de su vida, su compañero de aventuras y su héroe.

Charles Lindbergh lamentó el destino de diversos inventos del siglo XX. Su frustración quedó inmortalizada en su frase más famosa, después de la tragedia del ataque estadounidense a la ciudad japonesa Hiroshima: “Luego de ver lo que ha hecho posible la aviación, prefiero los pájaros a los aviones”.

Investigación y Guión: Conti González Báez

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