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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Mayo 18, 2016

La vida del gran escritor estadounidense Mark Twain
Publicado: Mayo 18, 2016

Mark Twain es el seudónimo del escritor y humorista estadounidense Samuel Langhorne Clemens. Fue uno de los seis hijos del abogado John Marshall Clemens y su esposa Jane Lampton.

Nació el 30 de noviembre de 1835 en un pueblito llamado Florida, en Missouri, a orillas de un afluente del gran río Mississippi. El contacto con los caudalosos ríos del Sur influyó para siempre en él.

Cuando tenía cuatro años, su familia se trasladó a Hannibal, también a orillas del Mississippi. Asistió a la escuela pública, donde estudió poco y fue un niño muy travieso.

La muerte de su padre puso fin a su feliz infancia, ya que dejó a la familia sumida en la pobreza. Samuel tuvo que trabajar como repartidor de periódicos para ayudar a la economía familiar.

Luego entró como aprendiz de impresor en un periódico, donde componía las líneas tipográficas a la luz de una vela, penosa tarea que trató de aliviar después a las generaciones venideras, invirtiendo hasta arruinarse en un fantasioso proyecto para inventar una máquina automática que lo hiciera.

A los 16 años comenzó a publicar notas en el periódico de su hermano Orion, el “Hannibal Journal”. Escribía breves viñetas, que mostraban ya el agudo humor característico de sus obras. Dos años después dejó la casa materna para viajar por la región, ganándose la vida como tipógrafo en imprentas de varias ciudades.

Uno de sus sueños infantiles había sido convertirse en piloto de uno de los barcos de vapor que recorrían las aguas del Mississippi. A los 22 años se enroló como aprendiz de piloto fluvial.

Esta actividad le gustó mucho y fue fundamental para su formación de escritor, porque le permitió conocer la contrastante variedad de la naturaleza humana.

La prosperidad de los estados sureños, basada en el cultivo del algodón realizado por esclavos negros, desató un descontento cada vez mayor en los estados del Norte, que no aceptaban la esclavitud.

Esto desembocó en la Guerra de Secesión que estalló en 1861, después de que Abraham Lincoln fue elegido presidente. El conflicto interrumpió el tráfico de los vapores por los grandes ríos y Samuel Clemens, de 26 años, volvió al periodismo.

Como no quería apoyar al Norte ni al Sur, prefirió irse al Oeste. Con la tentación de enriquecerse rápidamente, viajó con uno de sus hermanos a Nevada, en busca de minas de plata.

Tras fracasar como minero, trabajó en el periódico de Virginia City, Nevada. Empezó a firmar sus artículos con el seudónimo “Mark Twain”, expresión utilizada en el Mississippi que significa “dos brazas de profundidad”, el calado mínimo necesario para navegar.

Después se trasladó a San Francisco, donde conoció a los escritores Artemus Ward y Bret Harte, quienes lo animaron a continuar con su trabajo. También realizó otros viajes como corresponsal de un diario de esa ciudad.

La guerra duró hasta 1865. Destruyó y arruinó al país, marcando profundamente a la generación del escritor, quien ese año publicó  su primer relato: “La Famosa Rana Saltarina del Condado de las Calaveras”.

En pocos meses, el autor y su cuento adquirieron gran fama en todo Estados Unidos. A los 30 años, continuó viajando como corresponsal y vivió cuatro meses en Hawai.

Conocido ya por un gran número de lectores, explotó sus dotes para la oratoria en divertidas conferencias, contando sus aventuras. Eran siempre muy concurridas, por lo que obtuvo ganancias que le permitieron viajar a Europa y Tierra Santa, en el Medio Oriente.

Mark Twain escribió sobre estos viajes en su primer libro, “Los Inocentes en el Extranjero”, burlándose de los aspectos del Viejo Continente que solían deslumbrar a los turistas estadounidenses y de su propia ignorancia de hombre de campo, sin renegar de ella.

A los 35 años, Mark Twain dejó su vida errante y se casó con la refinada Olivia Langdon, hermana de un amigo. La pareja se estableció en Búfalo, Nueva York, donde el padre de Livy le compró a Twain acciones en uno de los diarios de la ciudad.

Se mudaron a la sofisticada ciudad de Hartford, Connecticut, donde el escritor tenía amigos y vivía su editor, Elisha Bliss. Éste vendía costosos libros ilustrados a través de una red de ventas a domicilio.

La residencia de la familia era de ladrillo rojo con paredes pintadas y vitrales de Tiffany, varios pórticos y un salón de billar, donde Twain podía fumar y escribir en paz.

Como había sido pobre, disfrutaba de las comodidades y el lujo. Sus crecientes ingresos cubrían casi todos los gastos de la mansión. En su primer año, “Los Inocentes en el Extranjero” vendió casi 70,000 ejemplares.

Su segunda novela, “Pasándolo Mal”, vendió 40,000 en sólo tres meses. En esta obra, Twain aprovechó sus experiencias como periodista y buscador de oro durante la guerra civil, describiendo sus viajes en diligencia de caballos.

Mandó instalar una línea directa de teléfono conectada al periódico más importante de la ciudad. Fue uno de los primeros aparatos que se instalaron en una residencia privada.

Allí vivió el matrimonio, con sus hijas Susy, Clara y Jean, hasta 1890. Durante esos años, Mark Twain escribió la mayor parte y lo mejor de su obra entre Hartfort y Quarry Farm, su residencia de verano, donde pese a tener menos lujos trabajaba mejor.

Mark Twain obtuvo el éxito definitivo en 1876, a los 40 años, con “Las Aventuras de Tom Sawyer”, novela con tintes autobiográficos. Describe la traviesa infancia de un niño en un pueblo a orillas del Mississippi. Se dice que fue la primera obra literaria redactada en una máquina de escribir.

“Un Vagabundo en el Extranjero” narra un viaje a pie entre la Selva Negra alemana y los Alpes suizos. “Príncipe y Mendigo” trata de un intercambio de identidades en la Inglaterra de los Tudor. Al publicarlos, ya era un escritor conocido y en plena madurez.

En 1883 publicó otra obra autobiográfica, “Vida en el Mississippi”, en la que narra sus experiencias como piloto fluvial y una visita al gran río veinte años después.

A los 48 años publicó “Las Aventuras de Huckleberry Finn”, secuela de “Tom Sawyer”, considerada su obra maestra. Repleta de humor y exuberancia narrativa, también denuncia la crueldad humana. Su protagonista Huck, al contrario de Tom, es un niño miserable que debe luchar salvajemente por su existencia.

El que protagonistas tan distintos vivan juntos una misma etapa de su niñez hace que ambas obras se complementen y enriquezcan. Las dos obras transcurren junto al gran Mississippi y narran las travesuras de dos niños que, pese a provenir de mundos opuestos, no han perdido la inocencia; no les afectan las diferencias sociales ni los conflictos raciales que enfrentan a los adultos.

Con un estilo popular, lleno de humor, Mark Twain contrapone en sus obras el mundo idealizado de la infancia con la concepción desencantada del hombre adulto de la era industrial, engañado por la moralidad y la civilización.

Para entonces se había cansado de su editor Bliss y fundó su propia editorial, Webster y Compañía. Uno de sus sobrinos fungía como director, pero Twain se encargaba de todo.

En 1889 su temática dio un vuelco con la publicación de “Un Yanqui en la Corte del Rey Arturo”, donde satiriza la opresión en la Inglaterra feudal y la industrialización acelerada en que se encontraba Estados Unidos. El protagonista, Hank Morgan, es trasladado por el tiempo a la Inglaterra medieval para que la industrialice, pero un cataclismo tecnológico destruye al reino.

Tras esta sátira, volvió a su personaje favorito, publicando “Tom Sawyer en el Extranjero” y “Tom Sawyer, Detective”, obras que jamás pudieron igualar el éxito de “Huckleberry Finn”.

Aunque la mayoría de las novelas de Mark Twain tuvieron éxito inmediato, el escritor invirtió sus ganancias en acciones sin valor y proyectos temerarios o absurdos.

Además, era excesivamente generoso con cualquier actor o artista necesitado, lo que lo llevó a la bancarrota. Tras una desastrosa inversión en una imprenta automática, su editorial tuvo que declararse en quiebra, por lo que decidió dar conferencias para pagar a sus acreedores.

Junto con su esposa Livy y su hija Clara, recorrió Australia, Tasmania, Nueva Zelanda, India e Inglaterra, donde su talento como narrador y sentido del humor atraían a grandes audiencias.

Publicó “Viajes Alrededor del Mundo Siguiendo el Ecuador”, resultado de sus experiencias como conferencista. Durante esa gira, Twain recibió desde Estados Unidos la terrible noticia de  que su hija Susy había fallecido víctima de meningitis en 1896.

En posteriores obras se notan la amargura y el pesimismo causados por el fracaso de sus negocios, la muerte de su hija y la enfermedad de su querida Livy, quien pasó sus dos últimos años de vida en cama por una afección cardiaca, hasta su muerte en 1904.

Sus libros más destacados de este periodo son “Wilson”, también traducido como “Cabeza de Chorlito”, una historia sobre un asesinato que tiene como trasfondo el racismo, y “Recuerdos Personales de Juana de Arco”, una biografía sentimental.

La celebridad de que gozaba Twain se ve reflejada en el apelativo “El Rey” con el que se referían a él su biógrafo oficial Albert Bigelow Paine y su amigo William Dean Howell, quien fue el orador en la celebración de su cumpleaños 70.

Ya no era el escritor rebosante de humor y vitalidad. Prefería vivir en soledad, escuchando música de Beethoven y escribiendo en memoria de su esposa Livy “El Diario de Eva”, mientras los conflictos domésticos lo atrapaban en una intriga de poder y ambición.

Isabel Lyon había llegado a su casa cuando ya era famoso. Tras la muerte de Livy, se encargó de atenderlo. Era su secretaria, pero también limpiaba sus pipas, le amarraba las agujetas de los zapatos, pagaba las cuentas y fungía como anfitriona.

Joven, atractiva y al parecer alcohólica, tenía intenciones de convertirse en su segunda esposa y apoderarse de su patrimonio. El primer paso fue alejar a sus hijas Clara y Jean. Mantuvo a distancia a la primera y convenció a Twain de internar en un psiquiátrico a la menor, que era epiléptica.

En esa época se sabía muy poco sobre la epilepsia y Jean Clemens pasó muchos años confinada innecesariamente en costosos sanatorios. Isabel y el médico de la joven estaban coludidos para mantenerla alejada, con el pretexto de que su presencia alteraba la serenidad de su padre.

Lyon decidía quién podía ver o no al afectuoso viejo y le ocultaba la correspondencia que le enviaban sus hijas. Con la ayuda del asesor financiero Ralph Ashcroft, que adquirió un poder fraudulento sobre los fondos de Twain, estuvo a punto de lograr su objetivo.

El escritor era increíblemente torpe para los negocios y poco hábil para juzgar a la gente a quien le encomendaba su dinero. Afortunadamente, se dio cuenta de la maquinación de Isabel Lyon y Ralph Ashcroft. Despidió a ambos, quienes terminaron casados.

El dinero fue lo menos importante que la secretaria se llevó. Cuando Twain descubrió el engaño, sufrió al pensar que no merecía el amor de sus hijas. Él y Clara lograron recuperar el poder sobre su patrimonio y la familia volvió a unirse.

Mark Twain fue una celebridad mundial durante los últimos años de su vida. Entre otros reconocimientos, recibió el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Oxford, Inglaterra.

Pero aún padeció un último dolor: en la Nochebuena de 1909 murió su hija Jean, de la que se había alejado tanto tiempo. Esto lo afectó profundamente y decidió dejar de escribir.

En “El Extranjero Misterioso”, una de sus últimas obras, escribió que se sentía como un visitante sobrenatural, llegado con el famoso cometa Halley en 1835 y que habría de abandonar la Tierra con la siguiente reaparición del cometa, como efectivamente sucedió.

Rodeado de fama, pero sumido en un negro pesimismo, Mark Twain murió en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910, un día después del perihelio, cuando el cometa emergió del lado lejano del Sol. Tenía 74 años.

Considerado uno de los más destacados escritores de su país, obtuvo popularidad gracias a su irreverente sentido del humor, su aguda sátira social, el realismo de sus historias y el lenguaje coloquial utilizado por sus memorables personajes, pero también por su profundo odio a la hipocresía y la opresión.

El escritor Ernest Hemingway afirmó que toda la literatura de los Estados Unidos emana de una gran novela, “Huckleberry Finn”.

Transitar por el río de Twain sigue siendo una de las experiencias más placenteras para cualquier lector. Además, sus obras han sido llevadas al cine, teatro y televisión, conquistando siempre a las nuevas generaciones.

Sus frases, citadas frecuentemente, no pierden ingenio ni actualidad, como podemos apreciar en estos ejemplos:

“Dejar de fumar es fácil. Yo ya lo dejé como cien veces.”

“El paraíso lo prefiero por el clima, el infierno por la compañía.”

“La única manera de conservar la salud es comer lo que no quieres, beber lo que no te gusta y hacer lo que preferirías no hacer.”

“Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda.”

“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.”

“No hay tiempo; muy breve es la vida para disputas, disculpas, animosidades, pedidos de cuenta. Sólo hay tiempo para amar, y sólo un instante, por así decirlo, para eso.”

 Investigación y Guión: Conti González Báez

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