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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Junio 28, 2016

La vida del investigador marino Jacques Cousteau
Publicado: Junio 28, 2016

Jacques Yves Cousteau nació el 11 de junio de 1910 en Saint-André-de-Cubzac, un próspero pueblito cerca de Burdeos, Francia. Su padre, un abogado, viajaba constantemente y tenía a su familia en frecuentes mudanzas.

Jacques, enfermizo y anémico, fue hechizado por el mar desde muy temprana edad; empezó a nadar a los cuatro años. Conforme creció y se hizo más fuerte, decidió seguir la carrera de oficial naval.

Descubrió muy pronto el placer de los viajes, cuando al terminar la I Guerra Mundial, el trabajo de su padre llevó a la familia a los Estados Unidos, donde el pequeño disfrutó de los juegos callejeros en el Lado Oeste de Manhattan, Nueva York, y su primera zambullida en el Lago Harvey del vecino estado de Vermont.

Desde los trece años, se apasionó por el cine amateur y su pasión por el mar aumentó cuando a los quince conoció los muelles del puerto de Marsella, al sur de Francia, donde se instaló su familia.

Pese a su gran curiosidad, era un estudiante indiferente y en una ocasión fue expulsado por romper 17 ventanas de su escuela preparatoria. Sus padres decidieron mandarlo a un internado.

A los 20 años entró a la Academia Naval Francesa en Brest, de donde zarpó para surcar los océanos como parte de su formación como oficial de marina en el Juana de Arco, buque escuela de la Marina Nacional.

Tentado por la actividad aeronaval, se vio obligado a renunciar a ser piloto tras un grave accidente automovilístico en 1936. Al año siguiente, se casó con Simone Melchior. La pareja tuvo dos hijos, Jean-Michel y Philippe.

Mientras estaba destacado en la guarnición de Toulon como instructor de artillería, Jacques Cousteau nadó en el Mediterráneo y experimentó con el uso de unos goggles. El ojo humano es casi ciego en el agua, por lo que las vistas submarinas que contempló fueron una revelación para él.

El joven marino ocupaba su tiempo libre filmando restos de barcos y los magníficos fondos marinos de un mar Mediterráneo aún no contaminado, con su cámara metida en un frasco.

En aquel entonces, para bucear sólo se conocían las pesadas escafandras unidas por un tubo de aire a la superficie, demasiado complicadas para Cousteau, que soñaba con una autónoma.

Determinado a bucear a mayor profundidad, quedarse más tiempo y ver más, junto con dos amigos comenzó a hacer pruebas usando mangueras caseras, trajes con aislamiento y artefactos portátiles de respiración, basados en la reciente invención del aire comprimido.

En 1943, Cousteau y el ingeniero francés Emile Gagnan hicieron su sueño realidad, al inventar el primer equipo de respiración submarina basado en aire comprimido contenido en una botella, que hizo posible el buceo autónomo.

La patente del Aqualung, que en inglés significa “pulmón acuático”, así como los derechos de fabricación del aparato por parte de la empresa Aqualung, que sigue siendo hoy número uno en el mercado de equipos de buceo, les dio fama y fortuna.

Jacques Cousteau sirvió en la Marina durante la II Guerra Mundial, espiando para la Resistencia Francesa y estableciendo una unidad militar que enseñaba a los marinos a bucear y utilizar técnicas de fotografía submarina, limpiando a los puertos franceses de minas alemanas. Al finalizar la guerra, recibió la Legión de Honor Francesa, el más alto honor de su país.

A partir de entonces, buceó y buceó con ayuda de su invento, filmando restos de la guerra para la Marina o vestigios históricos, por puro placer de arqueólogo aficionado. En 1947 alcanzó la profundidad de 100 metros y se entusiasmó por la oceanografía.

Durante la década de los 50, Cousteau se convirtió en un innovador y empresario pionero de la exploración submarina. Con una licencia prácticamente permanente de la Marina, formó la primera de una serie de corporaciones y organizaciones no lucrativas a través de las cuales financiaba expediciones, diversas causas ambientales y se forjaba una imagen como el explorador líder de su tiempo.

La asombrosa capacidad que tenía para financiar sus proyectos fue notable cuando Loël Guinness, un mecenas inglés, compró para él un antiguo dragaminas británico. Transformado en navío oceanográfico, el Calypso se convirtió en protagonista de las aventuras de Cousteau en los mares.

En junio de 1951, la recién remodelada y equipada embarcación fue probada en las aguas de Córcega. A bordo, la tripulación estaba formada por unos cuantos amigos y la familia Cousteau. Sus hijos Jean-Michel de 12 años y Philippe de 10 servían como grumetes.

El barco estaba listo para las fantásticas aventuras fílmicas y televisivas que estaban por comenzar. Con sus 43 metros de eslora, se convirtió en laboratorio científico, estudio de cine y hogar de 28 personas.

En 1953, Jaques Cousteau ganó celebridad con la publicación del libro El Mundo Silencioso, un relato del desarrollo y las promesas del buceo que vendió millones de copias en todo el mundo. La versión fílmica, a manera de documental, fue realizada por el propio Cousteau y el cineasta Louis Mallé.

Dando a conocer un universo de luz y color poblado de meros, ballenas y morsas, la película ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes 1956 y un Óscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Rico y famoso, el explorador del mundo submarino dimitió de la Marina de Francia con el grado de capitán de corbeta y se consagró a las campañas a bordo del Calypso.

Con su mujer Simone y sus hijos Philippe y Jean-Michel, Cousteau acogió a bordo a científicos de las más diversas disciplinas: geólogos, geofísicos, biólogos, zoólogos, arqueólogos y ecologistas, explorando cada temporada el Mar Rojo, el Antártico o la Amazonia.

Tras recorrer los océanos, el explorador tomó conciencia de las amenazas que los seres humanos inflingían a los ecosistemas marinos y a toda la Tierra.

En 1960 se sublevó contra la inmersión de residuos radioactivos en el mar Mediterráneo. El general De Gaulle, entonces presidente de la república, interrumpió dicha práctica.

En esa década, Cousteau experimentó con los hábitats submarinos, conocidos como Conshelf, los cuales permitían a los “oceonautas” vivir y trabajar bajo el mar. Un documental sobre ellos ganó otro Óscar en 1964.

Después de un aclamado especial de televisión del canal National Geographic sobre el proyecto, inició una relación de nueve años con la cadena ABC, a la que entregó cuatro especiales de una hora. La serie se tituló El Mundo Submarino de Jacques Cousteau.

Más adelante produjo nuevos documentales para otras televisoras, como La Odisea Cousteau y El Amazonas de Cousteau, ésta última estrenada en 1984. Las televisoras de todo el mundo se disputaban los derechos para transmitirlos en sus países.

Sus series de televisión, nominadas para más de 40 premios Emmy, llevaron las maravillas de los océanos de la Tierra a los hogares de millones de televidentes en el mundo, que conocieron su fascinante vida submarina, junto con la contaminación que la estaba degradando.

Puede decirse que Jacques Cousteau fue el padre del movimiento ecológico mundial y su activismo se fortaleció con los años, ya que en los 60 hablaba del mar como un recurso explotable y en los 70 ya estaba advirtiendo acerca de que la vida en los océanos había disminuido 40% en tan sólo veinte años.

El hombre del gorro rojo de lana también puso al servicio de la ecología su notoriedad y sus relaciones con los dirigentes de numerosos países, para proteger la Tierra, los océanos y las especies vivas de las “locuras asesinas de nuestro tiempo”.

Creó la Sociedad Cousteau en Estados Unidos y la Fundación Cousteau en Francia, para promover la protección del planeta y recolectar fondos para sus costosas expediciones. Director del Museo Oceanográfico de Mónaco entre 1957 y 1988, era escuchado por los jefes de Estado del mundo entero.

Mediante sus intervenciones en la tribuna de la Organización de las Naciones Unidas, consiguió hacer del Antártico una reserva protegida contra todo tipo de explotación.

Hizo significativos aportes al desarrollo de las cámaras fotográficas submarinas y participó en la invención de la primera cámara de televisión submarina, así como el diseño de vehículos submarinos de exploración.

La tragedia tocó su vida cuando su hijo más joven, Philippe, murió en un choque de un hidroavión en 1979, a los 39 años. Jacques Costeau se sobrepuso a su dolor y siguió adelante con su trabajo.

En 1990 falleció su esposa, Simone. Para entonces, ya tenía otros dos hijos, Diane y Pierre-Yves, con Francine Triplett, quien se convirtió en su segunda esposa, cuando él tenía 81 años.

Al año siguiente, en la Cumbre de la Tierra de Río en Brasil, lanzó una petición “por los derechos de las generaciones futuras” que reunió más de 5 millones de firmas. Los medios de comunicación, seducidos de nuevo, lo apodaron Capitán Planeta.

A las tres de la tarde del 8 de enero de 1996, en el puerto de Singapur, una barcaza chocó con el Calypso, que se preparaba para explorar el río Amarillo, dañándolo gravemente. El barco zozobró y con él se hundieron los corazones de toda la tripulación. Tomó 17 días sacar a la nave del agua.

Cousteau lanzó una suscripción para construir el Calypso II, que debería zarpar a finales de 1998 bajo la dirección de su segunda mujer, Francine.

Lamentablemente, el infatigable explorador de los océanos murió en su casa de París de un ataque al corazón el 25 de junio de 1997, a los 87 años. El mar perdió a su más grande amigo y defensor.

Antes de él, sólo se conocía la superficie del océano; sus profundidades constituían un mundo desconocido y amenazador. No es casual que sea el francés más conocido del mundo y uno de los más populares en su país.

Gracias a su curiosidad, su amor por el mar y un agudo sentido de los negocios, Jacques-Yves Cousteau nos trajo la vida exuberante y silenciosa de los océanos que surcó durante más de cuarenta años, a través de numerosas películas y libros.

En su haber está haber logrado que muchos países del mundo se preocuparan por la ecología, la protección de la Tierra, de los océanos y de las especies vivas.

Investigación y Guión: Conti González Báez

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