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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Septiembre 24, 2016

Los Hermanos Grimm
Publicado: Septiembre 24, 2016

A diferencia de naciones como Francia y España, en las que el poder central se encargó de la difusión de un idioma común, Alemania, dividida en cerca de 300 principados, no logró su unificación estatal hasta 1871.

Sus intelectuales se propusieron la creación de una lengua que permitiera el mutuo entendimiento entre pueblos, que siguen hablando hoy en día diferentes dialectos.

Los alemanes no llaman al lenguaje que los une “alemán”, sino “alto alemán”, que es el idioma culto, usado en los medios de comunicación; es el que todos aprenden en la escuela, utilizado por escritores y científicos, pero no necesariamente igual al que hablan en sus casas.

La formación del “alto alemán” es uno de los milagros en la historia de la humanidad, al que contribuyeron de forma consciente varias generaciones de intelectuales, como un esfuerzo por vencer la supeditación cultural a la poderosa Francia.

En este contexto de la creación de un idioma alemán hay que entender la obra de los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm; una época en la que la nobleza hablaba francés y, en Prusia, el rey Federico II el Grande solamente utilizaba el alemán para dirigirse a sus caballos.

Los hermanos Grimm nacieron en Hanau, estado de Hesse, y estuvieron siempre estrechamente vinculados a su patria. Jacob Ludwig Carl Grimm nació el 4 de enero de 1785 y su hermano Wilhelm Carl al año siguiente, el 24 de febrero de 1786. Fueron los mayores de seis hermanos, entre los cuales solo hubo una niña.

Los hermanos perdieron muy pronto a su padre, Philipp Wilhelm Grimm, quien era abogado y secretario del ayuntamiento en Hanau. Murió a los 44 años y los niños mayores tenían 10 y 9 años cuando esto ocurrió.

A la mañana siguiente, Jacob fue despertado muy temprano por unas voces en el cuarto de al lado y saltó para ver qué pasaba. A través de la puerta entreabierta, vio cómo el carpintero tomaba las medidas para el féretro.

Su madre, Dorothea Zimmer Grimm, trasladó a su familia a Kassel, donde su hermana trabajaba como dama de compañía de la princesa de Hesse; gracias a su puesto se hizo cargo de la educación de sus sobrinos.

Desde muy jóvenes, Jacob y Wilhelm tuvieron un gran sentido de la responsabilidad con su madre y hermanos pequeños. Iban juntos a la escuela, compartían habitación y eran los mejores amigos. Se llevaban solo un año, pero Jacob parecía mucho mayor; era sano y fuerte, mientras que Wilhelm era un niño enfermizo.

A pesar de su juventud, Jacob se veía como la cabeza de familia, el sucesor de su padre. Sus hermanos le reconocieron siempre esa posición. Solo su madre estaba por encima; Jacob le pidió siempre que dijera la última palabra.

Más por continuar la tradición familiar que por vocación, los hermanos Grimm decidieron estudiar Leyes. Realizaron sus estudios universitarios en Marburg.

Durante su estancia en la facultad, Jacob se apasionó por la literatura medieval, junto con la investigación científica del lenguaje. Wilhelm se dedicó con entusiasmo a la crítica textual y literaria. Ambos se interesaron por el estudio del folklore y la filología.

Los hermanos tenían la costumbre de volver de sus paseos con flores y hojas, que luego colocaban en los libros que más utilizaban. En los ejemplares de ambos se encontraron muchos de esos recuerdos, con anotaciones alusivas.

Sin embargo, el contacto de Wilhelm con la naturaleza nunca fue más allá de los paseos, pues la dolencia cardiaca que padecía desde el comienzo de sus años universitarios le impedía realizar grandes esfuerzos.

Él andaba despacio y Jacob de prisa. Esa salud delicada obligó a Wilhelm a limitarse a recorridos cortos. Jacob, por el contrario, viajó a París, Viena, Italia, Holanda y Suecia.

Antes de acabar sus estudios, Jacob se convirtió en la mano derecha del jurista e historiador alemán Friedrich Karl von Savigny. A los 20 años se trasladó a Francia, para trabajar con él en la Biblioteca Nacional de París.

A su regreso, decidió dedicarse al estudio de la literatura antigua y medieval alemana. Tras concluir su carrera, Wilhelm también regresó a Kassel, entonces en manos francesas.

En esa época los hermanos colaboraron con los poetas románticos Achim Von Arnim y Clemens Brentano en el estudio y recopilación de canciones populares, lo que fue decisivo en su vocación de investigadores.

La madre de los Grimm murió en 1808. A los 23 años, Jacob tuvo que encargarse del sostén de sus cinco hermanos. Fueron años de pobreza, pero ninguna preocupación impidió que él y Wilhelm estuvieran cada vez más dedicados al trabajo.

Ambos se convirtieron en el centro de un circulo de jóvenes amigos al que ellos daban vida, despertando su deseo por conocer la obra de los hermanos.

Jacob y Wilhelm Grimm publicaron el primer volumen de los Cuentos Infantiles y del Hogar. Contenía 86 cuentos populares, fruto de los trabajos de recopilación iniciados colaborando con Arnim y Brentano.

Fue uno de los resultados de su actividad general. Interesados en el estudio de la filología, tenían que determinar científicamente cómo hablaba el pueblo.

Debido a ello, recorrieron su país hablando con los campesinos, las vendedoras de los mercados y los leñadores, para aprender de ellos.

Además de estudiar la lengua y su uso, recogían historias de los lugareños. Iban de un lado a otro, interrogaban a las personas, les pedían que buscaran en su memoria los cuentos que les contaban de pequeños y tomaban notas de todo.

Su madre, Dorothea, había sido una de las tantas narradoras primigenias de muchos cuentos. Otros los escucharon de sus tías y numerosos parientes mayores.

Con sus investigaciones de las tradiciones y la lengua alemanas, ellos defendían a su país mientras iban poniendo los pilares de lo que se convertiría en el estudio del folklore como parte de la antropología cultural.

En esos recorridos, los Grimm escuchaban las leyendas que los campesinos alemanes habían oído a sus abuelos y que estos, a su vez, habían aprendido también de sus abuelos.

A los hermanos les interesaba sacar a la luz esas joyas que, emanadas de la imaginación poética del pueblo, formaban parte de la riqueza nacional y, sin embargo, habían permanecido hasta entonces en el olvido.

Los Grimm coleccionaron estos cuentos durante aproximadamente trece años. Ese primer tomo, que apareció en 1812, contenía lo que habían recogido poco a poco en Hesse y otras zonas del condado de Hanau, donde habían nacido.

La única fuente de la que bebieron los hermanos fue la transmisión oral. Su afán por la conservación de la pureza de las fuentes orales los llevó a incluir solo aquellos relatos de los cuales estaban plenamente seguros que habían sido transmitidos fielmente.

Los hermanos recrearon las historias de los campesinos, contándolas con gracia y gran sencillez, dotando a sus narraciones de un sello literario muy particular al estilizarlas e interpretarlas.

En los cuentos de los hermanos Grimm hay un gran trabajo selectivo, sintetizador y de redacción; parecen haber surgido tal cual del espíritu del pueblo alemán. Gracias a eso, se han convertido de nuevo en propiedad del pueblo, a través de la forma como los presentaron.

Jacob siempre fue el científico, obsesionado por el método. A él se debe la parte más importante del trabajo de recopilación. Wilhelm fue el poeta y quien se encargó de dar forma a los cuentos, cuya redacción definitiva fijaría en posteriores ediciones.

En 1813, tras la batalla de Leipzig, el principado de Hesse volvió a manos alemanas. En los dos años siguientes, Jacob trabajó al servicio del príncipe de Hesse, viajando en dos ocasiones a París con el objetivo de recuperar valiosas pinturas, libros y objetos de arte substraídos por las tropas de Napoleón durante la invasión francesa.

El segundo volumen de Cuentos Infantiles y del Hogar se publicó dos años después, conteniendo 70 cuentos más. Este se realizó con mayor rapidez, gracias a una feliz casualidad.

En un pueblo cercano a Kassel, conocieron a una pastora que les narró la mayor parte de los más hermosos cuentos incluidos en el segundo tomo. Dorothea Viehmann tenía cincuenta y tantos años, guardaba en su memoria esas antiguas historias y tenía el don de contarlas concienzudamente, con vivacidad y evidente placer.

Tras la primera narración espontánea, la mujer repetía con lentitud, a petición de los Grimm, palabra por palabra. Ellos recogieron así los cuentos, con fidelidad absoluta.

Este segundo volumen encontraba su sentido como libro para niños, algo en lo que no pensaron al escribir el primero. Por aquel entonces habían pensado más en lo que se les podía leer a los niños; entretanto, estos se habían adueñado de los libros y los leían con gran interés.

Los Cuentos Infantiles y del Hogar incluyen narraciones como Caperucita Roja, Blancanieves y los Siete Enanos, El Sastrecillo Valiente, Hansel y Gretel, Juan Sin Miedo, La Oca de Oro, La Cenicienta, Pulgarcito, Los Tres Pelos de Oro del Diablo, Los Seis Cisnes y La Bella Durmiente del Bosque.

La primera edición incluyó historias en diez dialectos, aparte del alemán formal; eran escasas las variaciones entre la transmisión oral que les llegó del cuento y la versión escrita de los Grimm.

En posteriores ediciones hicieron algunas modificaciones, en su mayoría eliminando la violencia en los finales. La edición definitiva de los cuentos, que se publicó en 1857, contenía 239 cuentos.

Los hermanos Grimm creyeron estar recolectando cuentos específicamente alemanes, pero luego se descubriría que algunos, como Caperucita Roja, eran de origen francés, llevados a Alemania por los hugonotes y otros provenían incluso de la India.

Su recopilación no solo les reportó un buen bagaje de tradición literaria, sino también el matrimonio, que pareció cosa de cuento de hadas. Wilhelm se casó con la muchacha que le contó Hansel y Gretel y Jacob con la relatora de Blancanieves y los Siete Enanos.

Tras este período, los hermanos decidieron dedicarse de lleno al estudio de las lenguas antiguas y medievales, dando como fruto la publicación las Sagas Alemanas, colección de leyendas históricas  locales y las Leyendas Heroicas Alemanas.

A los 28 años, Wilhelm fue nombrado secretario de la biblioteca de Hesse en Kassel y Jacob se le unió poco después, al ser nombrado vicebibliotecario. En sus amplias y silenciosas salas se encontraban como en su propia casa, pero su trabajo consistía principalmente en rellenar fichas, una labor tediosa e ingrata.

En 1830 los hermanos Grimm se trasladaron a Göttingen en Hannover, donde Jacob obtuvo una plaza de profesor y Wilhelm de bibliotecario.

Siete años después abandonaron la Universidad de Göttingen a causa de la destitución de Jacob, por razones políticas; fue por haberse unido a un grupo de profesores en la firma del Manifiesto de los Siete, en protesta contra el golpe de estado del rey de Hannover, Ernesto Augusto, lo cual constituyó un escándalo.

Los hermanos se instalaron nuevamente en Kassel, hasta que fueron llamados por Federico Guillermo IV de Prusia para formar parte de la Academia de Ciencias de Berlín. Se trasladaron a esa ciudad en 1841, donde permanecieron como profesores de la universidad y realizaron su gran obra científica.

Casi todo lo que Jacob escribió está matizado por experiencias y momentos de su vida; escribía, por decirlo de algún modo, para sí mismo. Wilhelm, en cambio, tenía el afán de contar a los demás. Aún cuando hubo una estrecha colaboración entre ambos, cada uno tuvo una obra propia a la que se dedicó.

Jacob Grimm fue el fundador de la germanística, es decir, el estudio de la lengua y cultura de los pueblos germánicos y es el representante más importante del método histórico en los estudios literarios.

Inició el estudio científico de la mitología y dedujo la teoría del origen divino del lenguaje, que estudió a fondo y divulgó durante un curso en Göttingen. Escribió las obras Mitología Alemana e Historia de la Lengua Alemana.

Ayudado por su hermano Wilhelm, se vio inmerso en la tarea de publicar una gran obra histórica de la lengua alemana, su Gramática Alemana.

Es considerado el trabajo científico más importante sobre el origen de la filología germana, que aún es usado en nuestros días e incluye la llamada Ley de Grimm de la mutación sonora, una ayuda para la reconstrucción de lenguas muertas.

Wilhelm Grimm, de salud delicada pero espíritu más jovial y extrovertido, demostró una resistente capacidad de trabajo y pasó gran parte de su vida en bibliotecas, entregado devotamente a sus investigaciones.

Obras suyas son: Antiguas Canciones de Gesta Danesas, Leyendas Heroicas Alemanas, La Canción de Roldán y El Antiguo Idioma Alemán.

Los hermanos Grimm acometieron la ambiciosa y difícil tarea de publicar el Diccionario Alemán, obra monumental de 16 volúmenes, el primero de los cuales apareció en 1854.

Toda su biblioteca, para la que habían reunido libros desde su época de estudiantes universitarios, se hallaba en las habitaciones de Jacob.

Como bibliotecarios, tenían los libros cuidadosamente colocados, destacando las obras más valiosas con una lujosa encuadernación. Los estantes eran bajos, de manera que se podía llegar cómodamente con la mano a las filas de arriba.

Sobre esos estantes colgaban unos amarillentos retratos al óleo de tamaño natural, de antepasados y parientes. Pequeñas pinturas o dibujos enmarcados de otros rostros colgaban en las pocas paredes sin libros.

Ambos trabajaron hasta el final de sus vidas, desde el amanecer hasta ya muy avanzada la noche. Wilhelm, en los últimos años, estaba ya un poco cansado; Jacob, en cambio, seguía haciendo planes para el futuro.

Wilhelm murió en Berlín el 16 de diciembre de 1859, a los 73 años. Su hermano mayor sacó el segundo tomo del Diccionario Alemán un año más tarde y el tercero en 1862. El diccionario fue continuado por otros autores y concluido hasta 1961, más de 100 años después de su inicio.

Jacob Grimm murió el 20 de septiembre de 1863, a los 78 años. Fue enterrado junto a su hermano en el cementerio de San Matías en Berlín.

Treinta y tres años después, en 1896, se colocó la doble estatua de los hermanos en Hanau. Wilhelm está sentado en un sillón, con un libro abierto sobre las rodillas.

No mira al libro, sino a lo lejos, pensativo; parece que una idea estuviera tomando forma en su noble frente. Jacob, de pie junto a él, apoya una mano en el respaldo del sillón e inclina la cabeza para mirar el libro, como si tratara de leer su contenido.

Los cuentos de los hermanos Grimm son parte de la cultura mundial. Han sido traducidos a más de 160 idiomas, desde el inupiat del Ártico hasta el suahili de África.

Los japoneses son quizá los más entusiastas seguidores de los Grimm y han construido dos parques dedicados a sus cuentos. En Estados Unidos, la colección de los hermanos proveyó buena parte de la materia prima que ayudó a Walt Disney a convertirse en un gigante de los medios de comunicación.

Los hermanos Grimm y sus personajes han saltado de las páginas de los libros al teatro, la ópera, las historietas, el cine, la televisión, la pintura, el rock, la publicidad y la moda.

La película de 1962 El Maravilloso Mundo de los Hermanos Grimm de George Pal está basada en la biografía de Jacob y Wilhelm, contada a través de la creación de su obra, intercalando escenificaciones de sus cuentos más célebres.

En 2005 se estrenó Los Hermanos Grimm de Terry William. Es un cuento sobre las aventuras de Jake y Will, interpretados por Matt Damon y Heath Ledger, quienes viajan de pueblo en pueblo y se encuentran con un bosque encantado en el que criaturas mágicas los ponen a prueba.

En 1997, los cuentos de Jacob y Wilhelm Grimm fueron inscritos en el registro Memoria del Mundo de la UNESCO, por ser la primera recopilación sistemática y científica de la tradición de leyendas europeas y orientales.

La documentación comprende 14 cuentos y dos libros de comentarios sobre los mismos, todos manuscritos, publicados entre los años 1812 y 1857.

Después de la Biblia de Martín Lutero, los cuentos de los hermanos Grimm son la obra en lengua alemana más conocida en todo el mundo.

Investigación y Guión: Conti González Báez

 

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