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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Marzo 13, 2019

Louisa May Alcott
Publicado: Marzo 13, 2019

Louisa May Alcott es mundialmente famosa por su novela Mujercitas, la historia de cuatro hermanas creciendo en una ciudad de Nueva Inglaterra a mediados del siglo XIX.

La escritora estadounidense nació el 29 de noviembre de 1832 en Germantown, Pennsylvania. Fue la segunda hija del pedagogo, escritor y filósofo Amos Bronson Alcott y Abigail May, apodada cariñosamente Abba. Tuvo tres hermanas: Anna, Lizzie y May. Su hermano Dapper murió cuando todavía era un infante.

Las hermanas nunca asistieron a la escuela; fueron educadas por su padre, cuyos proyectos idealistas mantuvieron a la familia en una pobreza constante. Pero los Alcott eran ricos en amistades, que incluyeron algunas figuras notables como los escritores Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau y Nathaniel Hawthorne.

Cuando Louisa era muy pequeña, su familia se mudó a Boston, Massachusetts, para que su padre se dedicara a su carrera docente estableciendo la Escuela Temple. Sus controversiales métodos de enseñanza trataban de involucrar a los estudiantes, quienes debían disfrutar del aprendizaje.

Vinculado al abolicionismo y a la reforma educacional, Amos perdió su escuela por incluir entre sus alumnos a un niño negro. Antes había puesto su vida en peligro al salvar del linchamiento a un esclavo fugitivo. Poco después estuvo a punto de ser encarcelado por negarse a pagar impuestos, alegando motivos ideológicos.

Sus ideas desafiaron casi todos los aspectos de la tradición occidental, el capitalismo, los límites sociales y la santidad de la familia victoriana. Era un utópico soñador, desvinculado por completo de las necesidades materiales de la existencia.

Los diarios de Amos Bronson Alcott, vegetariano furioso, delatan una maniática obsesión por las manzanas, el alimento más “simple” por no ser producto del trabajo, al que consideraba pernicioso.

Cuando le fueron vedados sus experimentos pedagógicos, se dedicó a hacer giras de conferencias y mítines defendiendo sus ideas, renunciando a ser el sostén de la familia, del que se encargó su esposa Abba.

En 1840 la familia se mudó a Concord, donde el prominente autor y amigo cercano de los Alcott, Ralph Waldo Emerson, ayudó a la familia a instalar su residencia.

La pequeña Louisa disfrutaba de la atmósfera campirana y tenía su tiempo dividido entre visitar la biblioteca de Emerson, realizar largas caminatas con el escritor Henry David Thoreau y escribir imaginativas escenas teatrales que actuaba con sus hermanas.

Era una niña inquieta que disfrutaba correr, trepar a los árboles y saltar bardas. En sus pequeñas funciones caseras, le gustaba interpretar a los personajes más siniestros, como villanos, fantasmas, bandidos y reinas malvadas.

Concord fue la primera colonia rural de artistas y filósofos de Nueva Inglaterra. Emerson, Alcott y Thoreau cultivaban sus huertos y visitaban asiduamente la comunidad utópica Granja Brook.

El libro Walden o la vida en los bosques de Thoreau fue escrito en una choza construida por él mismo en Walden Pond, un predio propiedad de Emerson.

Cuando Louisa tenía 10 años, su familia se unió a una comunidad experimental de socialismo utópico, Fruitlands. Su padre deseaba seguir sus creencias místicas y vegetarianas, así como llevar a sus hijas a un mayor entendimiento de la naturaleza.

En dicha comunidad, animales y filósofos fueron absueltos de la ética del trabajo e invitados a dar un paso “fuera del sistema de contratación”.

Como los únicos miembros no filósofos de la comunidad de 15 personas eran la Sra. Alcott y sus cuatro niñas, no es difícil adivinar sobre quiénes recayó todo el trabajo doméstico y de la granja.

Un día de invierno de las niñas Alcott comenzaba con la concienzuda aplicación de baños fríos a las 5 de la mañana, continuaba con un plato de avena a medio cocer, seguía una larga jornada de trabajo y culminaba con lecturas de Platón al atardecer.

Nueve meses después de comenzar, débiles y exhaustas porque tenían prohibido comer carne, azúcar, leche, manteca y queso, así como usar la lana o algodón, Abba y sus hijas abandonaron a los hambrientos filósofos a su suerte.

Sin ellas, Fruitlands pereció rápidamente. Sus colonos tuvieron que abandonar el proyecto a riesgo de morir de hambre, como lo relataron a los periódicos de Concord los granjeros vecinos que les regalaban alimentos.

La familia Alcott regresó a Concord, otra vez con el apoyo del poeta Emerson, de quien Louisa estuvo enamorada a los 14 años. Después del fracaso de Fruitlands, la adolescente comenzó a preocuparse por el bienestar de su familia, especialmente de su madre, a la que admiraba por su valentía y fortaleza.

Incapaz de garantizar a su familia un ingreso estable, Amos Bronson Alcott la llevó de nuevo a Boston. Louisa, de 17 años, se sentía responsable de las necesidades financieras de su familia y decidió tomar cualquier trabajo disponible para una joven.

Comenzó a leer para un anciano y su hermana inválida, pero este empleo fue una amarga decepción cuando recibió casi nada por su trabajo. Al mismo tiempo, ella y su hermana Anna dieron clases a niños pequeños, además de remendar y lavar ropa ajena, en un esfuerzo por ayudar a su mamá.

Rodeada de un ambiente literario, Louisa May Alcott comenzó a escribir a muy temprana edad, iniciándose con su diario; Goethe y las hermanas Brontë fueron sus guías literarios.

Cuando tenía 20 años, fue publicado su primer poema Luz del sol en la revista Peterson, bajo el seudónimo de Flora Fairfield. Aunque recibió un pago modesto, continuó escribiendo poemas y cuentos, empezando así a tener más ingresos.

Tres años después, en 1855, fue publicado el primer libro con su nombre real, Fábulas de flores. Su familia se mudó a Walpole, Nueva Hampshire, pero ella permaneció en Boston para continuar su carrera literaria.

La tragedia golpeó a la familia al año siguiente cuando la tercera hija, Lizzie, contrajo escarlatina. Su enfermedad forzó a los Alcott a regresar a Concord, donde Emerson les compró una casa. Lizzie recayó y murió el 14 de marzo de 1856.

Sus amigos Thoreau, Hawthorne y Emerson, quienes los acogían cuando no tenían dónde vivir, les daban dinero y compartían las tertulias diarias, condujeron el féretro de la joven.

A ese difícil momento siguió otro de felicidad cuando la hermana mayor anunció que iba a casarse. La muerte de Lizzie y la boda de Anna obligaron a Louisa, de 23 años, a regresar a la casa de Concord. Deseaba apoyar a su madre y ayudarla a aliviar un poco la pérdida de sus dos hijas.

Con un gran corazón, cuando estalló la Guerra Civil no dudó en ocuparse como enfermera en un hospital de Washington. Como muchas voluntarias, contrajo fiebre tifoidea. La trataron con calamina, una droga con alto contenido de mercurio; se recuperó, pero sufrió por sus efectos venenosos durante el resto de su vida.

Las cartas enviadas a su familia durante esta etapa fueron publicadas con el título Apuntes del hospital en 1863. Su agudo poder de observación y una sana dosis de humor le permitieron ganar su primer reconocimiento crítico. Un año después apareció su primera novela, Humores, que la mostraba como una considerable promesa. literaria

Cuando el editor Thomas Niles le pidió a Louisa May Alcott que escribiera “una historia de chicas”, en un principio ella respondió que no podría hacerlo, porque nunca le habían gustado las chicas, no conocía a ninguna excepto a sus hermanas y solo estaba cómoda en el mundo de juegos y diversiones de los varones.

Alcott afirmaba que llevaba un espíritu de muchacho bajo su delantal de costura, gesto que mantuvo hasta el punto de no casarse nunca, sostener económicamente a toda la familia con su trabajo y escribir artículos sobre la dicha y la alegría de la vida de soltera. “La libertad es el mejor marido”, escribió.

Dada su necesidad económica y habiendo vivido con tres chicas verdaderamente interesantes, se puso a escribir frenéticamente durante dos meses y medio hasta terminar Mujercitas, novela basada en sus propias experiencias creciendo junto a sus hermanas. Publicada el 30 de septiembre de 1868, fue un éxito instantáneo y vendió más de 2 000 copias.

El libro describe con humor, frescura y realismo las aventuras de una familia de Nueva Inglaterra, relatando las personalidades y suerte de cuatro hermanas que van dejando de ser niñas y se topan con las vicisitudes del empleo, la sociedad y el matrimonio.

Su editor le rogó que publicara una segunda parte y meses después apareció Más cosas de mujercitas, que vendió de inmediato 13 000 copias. La historia de las hermanas Meg, Jo, Beth y Amy March lanzaron al estrellato a Louisa May Alcott y ayudaron a aliviar los problemas financieros de su familia.

Poco a poco pagó todas las deudas familiares, incluida la del médico de Lizzie, 12 años después de su muerte. Envió a su hermana menor May a Europa para estudiar pintura y compró una casa para su hermana mayor Anna, joven viuda, y sus dos sobrinos.

Alcott pudo lograr lo que siempre había deseado: ser una mujer independiente y cumplir con la promesa de sacar a su familia de la miseria. A los 25 años, pudo escribir en su diario: “Pagadas todas las deudas… ¡Gracias a Dios!”

Mujercitas fue expurgada, censurada y mal traducida desde su aparición. Los editores suprimieron capítulos enteros y se esforzaron por dulcificar términos entonces considerados vulgares, además de eliminar muchas reflexiones de la narradora.

Se trataba de ajustar la novela al gusto del público femenino de entonces, dándole todo el protagonismo a las historias amorosas y silenciando cualquier atisbo de denuncia social.

En realidad, Mujercitas es menos edulcorada y más mordaz de lo que se nos ha hecho creer. La nueva edición en inglés incluye, como obsequio para sus admiradores, notas inéditas de la autora y un seguimiento de las sucesivas y fallidas ediciones, lo que ha permitido nuevas interpretaciones de la obra.

La Editorial Lumen publicó por primera vez en español la versión íntegra de la famosa novela de Alcott en 2004. Incluye capítulos y fragmentos mutilados anteriormente, como los textos del periódico del Club Pickwick, un boletín literario que las hermanas confeccionan a imitación de los célebres Papeles póstumos de Charles Dickens, además de las ilustraciones de Frank Merrill que acompañaron la primera publicación en 1868.

Aunque algunas cuestiones pueden parecer anticuadas, otras siguen teniendo vigencia. No cabe ninguna duda que Mujercitas, criticada por cursi en su versión censurada, ha dado impulso y ánimo a futuras escritoras como, por ejemplo, Simone de Beauvoir.

La ideóloga del feminismo confesó en sus Memorias de una joven formal su admiración por Jo, con quien compartía el rechazo a las tareas domésticas y el amor por los libros.

En 1869, un año después del éxito de Mujercitas, Louisa May Alcott publicó Una chica a la antigua y, necesitando un descanso, viajó con su hermana menor May a Europa.

Durante los siguientes años, dio continuidad a su carrera con más narraciones tomadas de sus experiencias, como Hombrecitos, inspirada en sus sobrinos, así como Ocho primos y Juventud de ocho primos, con un gran público de jóvenes lectores.

Como sus padres, la escritora fue muy activa social y políticamente, alineándose contra la esclavitud y apoyando el movimiento a favor del voto para las mujeres.

Se unió a la Asociación por el Sufragio Femenino de Nueva Inglaterra, escribió artículos en revistas femeninas y realizó visitas casa por casa para animar a sus compatriotas a votar. Fue la primera mujer en Concord que votó en una elección local.

Además de acudir a mítines feministas, escribía adaptaciones de su admirado Dickens para piezas de beneficencia y disfrutaba del ambiente bohemio teatral representando sus papeles favoritos, los masculinos.

Su madre Abba murió en 1877. A la tristeza siguió la felicidad, cuando al año siguiente su hermana May anunció su boda con un rico europeo. En 1879 tuvo una hija a la que llamó Louisa, en honor de su querida hermana. Tristemente, surgieron complicaciones y May murió un mes y medio después.

Su último deseo fue que Louisa se hiciera cargo de la educación de su pequeña tocaya, apodada Lulú. La niña se fue a vivir con su tía a Boston y ayudó a llevar alegría a la vida de la escritora.

A los 52 años, Alcott mudó a lo que quedaba de su familia a un elegante barrio de Boston. Cansada y enferma, seguía escribiendo lo mejor que podía, ya que el envenenamiento por mercurio comenzaba a hacer estragos en su salud. Al año siguiente publicó Los muchachos de Jo, que completó la saga de la familia March.

Se ha dicho que el personaje de Jo es el retrato de su autora, plenamente identificado con ella excepto en el matrimonio; Jo se casa pero no así Louisa, de quien se ignora si tuvo amores.

Como Jo, también escribió con un seudónimo, M.A. Barnard, toda una colección de thrillers y relatos góticos en los cuales tenían cabida las más intensas pasiones.

Dada la temática de muchas de estas historias, en las que se mencionan amores seductores y casi perversos, es difícil creer que la escritora haya desconocido la pasión amorosa.

Esta otra Alcott nada tenía que ver con la políticamente correcta autora de Mujercitas y así llegó hasta el final de su vida, llevando una doble vida literaria, con dos personalidades muy diferentes.

Su padre murió el 4 de marzo de 1888. Dos días después fue su funeral y ese mismo día Louisa May Alcott murió en Boston, a los 55 años, dejando un maravilloso legado de libros para ser admirados por las generaciones venideras de todo el mundo.

Escribió 270 obras, unas con su nombre, otras con seudónimo. Destacan Un moderno Mefistófeles, historia sobre los esfuerzos de una mujer joven para escapar de la seducción de un personaje diabólico, y Un susurro en la oscuridad, de tema similar; ambas fueron publicadas póstumamente.

Alcott apareció en un timbre postal de los Estados Unidos en 1940, dentro de la serie Autores Famosos y fue inducida al Salón Nacional de la Fama de Mujeres de su país en 1996.

Su novela Una larga y fatal cacería del amor, un tratado sobre el amor interracial, fue rechazada por las editoriales de su tiempo por ser considerada “excesivamente sensacionalista”. En 1997 fue comprada por la editorial Random House por un millón y medio de dólares.

Los libros de Louisa May Alcott han inspirado decenas de películas, especialmente Mujercitas. Destacan la primera adaptación de Alexander Butler en 1917, una película muda; la de George Cukor en 1933 con Katharine Hepburn encarnando a Jo, considerada la mejor; la de Mervyn LeRoy en 1949, una ambiciosa producción con June Allyson y Elizabeth Taylor y, recientemente, la de Gillian Armstrong en 1994, con Winona Ryder como protagonista.

Investigación y guión: Conti González Báez

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