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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Octubre 8, 2016

Premios Nobel 2016 (I)
Publicado: Octubre 8, 2016

Premio Nobel de Fisología o Medicina 2016.-

La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska decidió otorgar el Premio Nobel de Medicina o Fisiología 2016 al biólogo japonés Yoshinori Ohsumi, “por sus descubrimientos de los mecanismos para la autofagia”.

El laureado descubrió y dilucidó los mecanismos subyacentes de la autofagia, un proceso fundamental para degradar y reciclar los componentes celulares.

Nuestras células tienen diferentes compartimientos especializados. Uno es el lisosoma, que contiene enzimas para digerir grandes cantidades de proteínas, carbohidratos y lípidos.

Funciona como una estación de trabajo para la degradación de los constituyentes celulares. También recicla los desechos de las células para convertirlos en material útil.

A mediados de los años 50, el científico belga Christian de Duve descubrió los lisosomas y acuñó el término autofagia para denominar a los procesos que realizan.

Se deriva de las palabras griegas auto, que significa “sí mismo”, y phagein, que significa “comer”. Por lo tanto, la autofagia denota “autoalimentación”. Es decir, las células se comen a sí mismas.

Duve fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1974 por el descubrimiento de los lisosomas.

Nuevas observaciones durante la década de los 60 mostraron que grandes cantidades de contenido celular, incluso orgánulos enteros, podían encontrarse en el interior de los lisosomas.

La célula podía destruir su propio contenido encerrándolo en membranas, formando vesículas que eran transportadas al compartimiento de reciclaje o lisosoma, para su degradación.

Análisis bioquímicos y microscópicos revelaron un nuevo tipo de vesículas, que al formarse engullen contenidos celulares, como proteínas dañadas y orgánulos. Los transportan a los lisosomas y se funden con estos para su degradar su carga.

Las nuevas vesículas fueron nombradas autofagosomas. Debido a las dificultades para estudiar el proceso, no se supo más hasta la década de los 90.

En una serie de brillantes experimentos, Yoshinori Ohsumi identificó genes esenciales para la autofagia en la levadura de pan. Dilucidó los mecanismos subyacentes y mostró que una sofisticada maquinaria similar se utiliza en nuestras células.

Las células de levadura son relativamente fáciles de estudiar y a menudo se utilizan como modelo para las células humanas. Son particularmente útiles para la identificación de genes que son importantes en las vías celulares complejas.

Las células de levadura son pequeñas y sus estructuras internas, como las vacuolas, no se distinguen fácilmente bajo el microscopio. Ohsumi no estaba seguro de que la autofagia existiera en este organismo.

Pensó que si pudiera alterar el proceso de degradación mientras el de autofagia estaba activo, los autofagosomas deberían acumularse dentro de las vacuolas y ser visibles bajo el microscopio.

Por lo tanto, cultivó una levadura mutante sin enzimas de degradación vacuolar y simultáneamente estimuló la autofagia por hambre en las células. ¡Los resultados fueron sorprendentes! En cuestión de horas, las vacuolas se llenaron de pequeñas vesículas que no habían sido degradadas.

Las vesículas eran autofagosomas y el experimento demostró que existe autofagia en células de levadura. Aún más importante, ya tenía un método para identificar y caracterizar los genes clave involucrados en este proceso.

Fue un gran avance y Oshumi continuó experimentando con levaduras mutantes. Un año después, logró identificar 15 genes que son esenciales para la autofagia y los mecanismos que regulan el proceso en los hongos.

Sus descubrimientos abrieron el camino para entender la importancia de la autofagia en muchos procesos fisiológicos, como la adaptación al hambre o la respuesta a la infección.

Después de la identificación de los mecanismos de la autofagia en la levadura, aún había una pregunta clave. ¿Había un mecanismo correspondiente para controlar este proceso en otros organismos?

Oshumi comprobó que mecanismos similares operan en las células humanas. Las herramientas de investigación necesarias para estudiar la importancia de la autofagia en los seres humanos ya estaban disponibles.

Gracias al científico japonés y otros que siguieron sus pasos, ahora sabemos que la autofagia controla importantes funciones fisiológicas en las que componentes celulares necesitan ser degradados y reciclados.

La autofagia ayuda a producir las proteínas que necesita el cuerpo todos los días. Proporciona con rapidez combustible para energía y bloques de construcción para la renovación de los componentes celulares; por lo tanto, es esencial para la respuesta celular al hambre y otros tipos de estrés.

Después de una infección, elimina restos de bacterias y virus. También contribuye al desarrollo embrionario y la diferenciación celular. Las mutaciones en los genes pueden causar la enfermedad de Parkinson, diabetes tipo 2 y cáncer.

Las células utilizan la autofagia para eliminar proteínas y orgánulos dañados, un mecanismo de control de calidad que es fundamental para contrarrestar las consecuencias negativas del envejecimiento.

Aunque se conoce desde hace más de 50 años, su importancia fundamental en fisiología y medicina fue reconocida después de la investigación de Oshumi. Hoy, la autofagia es una de las áreas más intensamente estudiadas en la medicina.

Yoshinori Ohsumi, de 71 años, nació en Fukuoka, Japón. Obtuvo un doctorado en la Universidad de Tokio, pasó tres años en la Universidad Rockefeller en Nueva York y regresó a su alma mater, donde estableció su grupo de investigación en 1988. Desde 2009 es profesor en el Instituto de Tecnología de Tokio.

El Dr. Ohsumi recibió la noticia cuando estaba en trabajando en su laboratorio. Lo que más le sorprendió fue ser el único ganador, lo cual es inusual en el Nobel de Fisiología o Medicina.

Actualmente hay miles de investigaciones sobre la autofagia, gracias a su trabajo pionero. Con humildad, dijo que él aún tiene muchas preguntas, más de las que tenía cuando empezó.

Premio Nobel de Física 2016.-

La Real Academia Sueca de Ciencias decidió otorgar el Premio Nobel de Física 2016 a tres británicos, “por sus descubrimientos teóricos sobre las llamadas transiciones de fases topológicas de la materia”. Una mitad es para David J. Thouless y la otra para F. Duncan M. Haldane y J. Michael Kosterlitz.

Revelaron los secretos de la materia exótica, abriendo la puerta de un mundo desconocido donde la materia puede asumir extraños estados.

Este concepto se refiere al estudio en profundidad de lo que ocurre más allá de los conocidos estados líquido, sólido y gaseoso de las cosas que nos rodean.

Los laureados, que trabajan en universidades de Estados Unidos, utilizaron métodos matemáticos avanzados para estudiar fases o estados inusuales de la materia, como superconductores, súperfluidos o delgadas películas magnéticas.

Gracias a su trabajo pionero, comenzó la cacería de nuevas y exóticas fases de la materia. Muchas personas tienen la esperanza de futuras aplicaciones en la ciencia de materiales y la electrónica.

El uso de conceptos topológicos en física fue decisivo para sus descubrimientos. La topología es una rama de las matemáticas que describe las propiedades que solo cambian de forma escalonada.

Una vez que se conoce el ambiente y las condiciones en que la materia existe, es posible estudiarla. Usándola como una herramienta, fueron capaces de sorprender a los expertos.

A principios de los 70, Kosterlitz y Thouless echaron abajo la teoría vigente, de que la superconductividad o capacidad intrínseca de determinados materiales para conducir corriente eléctrica sin resistencia ni pérdida de energía no podía ocurrir en determinadas condiciones.

Les interesó fue ver qué es lo que ocurre cuando la materia se somete a temperaturas extremadamente altas o bajas. Se concentraron en el fenómeno dentro de formas planas de la materia, es decir, superficies o capas que son tan finas que pueden considerarse como bidimensionales.

Demostraron que puede ocurrir a bajas temperaturas y también explicaron el mecanismo, transición de fase, que hace que desaparezca a altas temperaturas.

Thouless fue capaz de explicar un experimento previo con capas conductoras de electricidad muy delgadas, en el que fue medida con precisión como números enteros, topológicos en su naturaleza.

En los 80, Haldane descubrió cómo los conceptos topológicos de cambios escalonados pueden ser usados para entender las propiedades de cadenas de pequeños magnetos que se encuentran en algunos materiales. Estudió materia que forma hilos tan delgados que pueden ser considerados unidimensionales.

Ahora sabemos de muchas fases topológicas, no solo en las delgadas capas y finos hilos, sino también en materiales tridimensionales ordinarios.

La avanzada tecnología actual se basa en nuestra habilidad para entender y controlar las propiedades de los materiales involucrados. La investigación actual está revelando los secretos de la materia en los exóticos mundos descubiertos por los científicos británicos.

Hace tres décadas, los conceptos de bidimensional y unidimensional eran meramente teóricos; en la actualidad tienen varias aplicaciones.

Se espera que los materiales topológicos puedan utilizarse para nuevas generaciones de dispositivos electrónicos y superconductores, o construir en el futuro computadoras cuánticas.

David J. Thouless, de 82 años, nació en Bearsden, Escocia. Estudió un doctorado en la Universidad de Cornell en Ithaca, Nueva York. Es profesor emérito en la Universidad de Washington en Seattle.

Fue destacado alumno de Hans Albrecht Bethe ganador del Nobel de Física en 1967. Como novato, Thouless le pidió un tema para su tesis y luego desapareció; poco después, regresó con la tesis terminada y listo para graduarse. Fue un alumno excepcional.

  1. Duncan M. Haldane, de 65 años, nació en Londres, Inglaterra. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Cambridge. Es profesor de física en la Universidad de Princeton en Nueva Jersey.

La llamada Nobel lo despertó a las 4:30 de la madrugada. Lo primero que hizo, combinando su flema británica y las costumbres estadounidenses, fue servirse no un té, sino un café.

Después, como todos los martes, fue al campus y dio su primera clase a las 11 de la mañana. Sus alumnos lo recibieron entre vítores y aplausos. Sus únicas palabras fueron: “Es un honor venir aquí y hacer mi trabajo”.

Explicó a su clase que jamás pensó en faltar, ya que no podía faltarles al respeto yéndose de pinta. Su obligación es enseñarles todos los días, porque alguno de sus alumnos podría descubrir algo tremendo y ganar un Nobel.

  1. Michael Kosterlitz, de 74 años, nació en Aberdeen, Escocia. Se doctoró en la Universidad de Oxford. Es profesor de física en la Universidad Brown de Providence, Rhode Island.

Se enteró que había ganado cuando lo llamó para entrevistarlo alguien del departamento de medios de la Fundación Nobel, a quien su hijo le había dado su teléfono.

No habían podido entrar la llamada oficial ni la de su emocionado hijo, ya que estaba en un estacionamiento subterráneo en Helsinki, Finlandia.

Premio Nobel de Química 2016.-

La Real Academia Sueca de Ciencias decidió otorgar el Premio Nobel de Química 2016 al francés Jean-Pierre Sauvage, el británico J. Fraser Stoddart y el holandés Bernard L. Feringa, “por el diseño y síntesis de máquinas moleculares”.

Han desarrollado moléculas con movimientos controlables, que pueden desempeñar una tarea cuando se añade energía. Son las máquinas más pequeñas del mundo.

El desarrollo de la computación demuestra cómo la miniaturización de la tecnología puede llevar a una revolución. Los tres laureados han miniaturizado máquinas y llevado la química a una nueva dimensión.

El primer paso hacia una máquina molecular fue dado por el francés Sauvage, cuando consiguió enlazar dos moléculas en forma de anillo para formar una cadena, llamada catenano.

Normalmente, las moléculas se unen por fuertes enlaces covalentes en los que los átomos comparten electrones; en la cadena estaban unidas por un lazo mecánico más libre.

Para que algo sea considerado una máquina, sus partes deben ser capaces de moverse de manera coordinada para realizar una tarea. Los anillos entrelazados cumplían con este requisito.

Fraser Stoddart, quien creció en una granja de Escocia sin electricidad, dio el segundo paso al desarrollar un rotaxano, enroscando un anillo molecular en un delgado eje, también molecular y demostrar que el anillo era capaz de moverse a lo largo del eje.

Entre sus desarrollos basados en rotaxanos están un gancho molecular, un músculo molecular y un chip para computadora con base molecular.

Bernard Feringa fue la primera persona en desarrollar un motor molecular; en 1999 logró que una hélice girara continuamente. Usando motores moleculares, logró hacer girar un cilindro de vidrio 10 000 veces más grande que el motor.

Más tarde, en 2011, su equipo diseñó un nanocoche con una carrocería molecular que constaba de cuatro ruedas y podía moverse sobre una superficie.

Los laureados han conseguido controlar los movimientos de sistemas moleculares. Se trata de máquinas diminutas, hasta 1 000 veces más pequeñas que el cabello humano.

En términos de desarrollo, el motor molecular está en la misma etapa que el motor eléctrico en 1830, cuando los científicos exhibían varias manivelas giratorias y ruedas, sin ser conscientes de que ello llevaría a la creación de trenes eléctricos, lavadoras automáticas, ventiladores y procesadores de alimentos.

Las máquinas moleculares también revolucionarán nuestras vidas. Probablemente serán utilizadas para diseñar nuevos materiales, sensores y sistemas de almacenamiento de energía.

Pueden tener múltiples aplicaciones en la industria, la medicina y los servicios eléctricos. Habrá microrobots, nanomáquinas que en el futuro un médico podrá inyectar en el cuerpo humano para que busque células de cáncer.

En el futuro tendremos todo tipo de materiales con funciones autónomas y hay que pensar en cómo manejarlos de forma segura.

Jean-Pierre Sauvage, de 72 años, nació en París, Francia. Se doctoró en la Universidad de Estrasburgo, donde es profesor emérito. También es director de investigación emérito en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia.

Cuando recibió la famosa llamada, pensó que era una broma y luego de la sorpresa expresó su alegría. Él y sus colegas no podrían tener un premio más elegante, el corazón de la química.

Sir J. Fraser Stoddart, de 74 años, nació en Edimburgo, Escocia. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Edimburgo. Es profesor de química y miembro de la junta de consejo de la Universidad Northwestern en Evanston, Illinois, Estados Unidos.

Confesó haberse quedado en shock al enterarse; después llamó a sus dos hijas. Hace 12 años enviudó y le dio tristeza no haber podido compartir la experiencia con su esposa, quien tuvo una importante parte en este logro.

También expresó su admiración por sus colegas, con quienes ha trabajado de manera muy cercana y ahora comparte el premio.

Bernard L. Feringa, de 65 años, nació en Barger-Compascuum, Holanda. Se doctoró en la Universidad de Groninga, donde es profesor de química orgánica.

Dijo sentirse emocionado y honrado; en medio de aplausos, agradeció el apoyo de colegas y estudiantes, cuyo trabajo hizo posible que ganara el premio. Él y los otros galardonados son como una familia científica; tienen reuniones, cooperan, se apoyan mutuamente e intercambian estudiantes.

Premio Nobel de la Paz 2016.-

El Comité Nobel Noruego decidió otorgar el Premio Nobel de la Paz 2016 al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, “por sus destacados esfuerzos por acabar con la guerra civil de más de 50 años en el país.”

Es una guerra que ha costado las vidas de por lo menos 220 000 colombianos y desplazado a cerca de seis millones de personas. El premio también rinde tributo a la gente de Colombia que, a pesar de grandes dificultades y abusos, no ha perdido la esperanza de una paz justa; para todas las partes que han contribuido al proceso de paz, en especial a los representantes de las innumerables víctimas de la guerra civil.

El presidente Santos inició las negociaciones que culminaron en el acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y la principal guerrilla del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), buscando con firmeza un avance en el proceso de paz.

Sabiendo que el acuerdo fue controversial, jugó un papel decisivo en asegurar que los votantes colombianos pudieran expresar su opinión en un plebiscito.

El resultado de la votación no fue el que quería Santos: una estrecha mayoría, de los más de 13 millones de colombianos que emitieron su voto, dijo que no al acuerdo.

Este resultado ha creado gran incertidumbre en cuanto al futuro de Colombia. Hay un peligro real de que el proceso de paz se paralice y la guerra civil estalle de nuevo.

Esto hace que sea aún más importante que las partes, encabezadas por el presidente Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, sigan respetando el alto el fuego.

El que la mayoría de los votantes dijera no al acuerdo de paz no necesariamente significa que el proceso de paz esté muerto. El plebiscito no fue un voto a favor o en contra de la paz. Lo que el “No” rechazó no fue el deseo de paz, sino un acuerdo específico.

El Comité Nobel Noruego destaca que el presidente Santos está invitando a todas las partes a participar en un amplio diálogo nacional, destinado a llevar adelante el proceso de paz. Incluso aquellos que se opusieron al acuerdo de paz han dado la bienvenida a este diálogo.

Espera que todas las partes asuman su responsabilidad y participen de manera constructiva en las próximas conversaciones de paz.

Lograr un equilibrio entre la necesidad de reconciliación nacional y garantizar justicia para las víctimas será un reto muy difícil. No hay respuestas simples al respecto.

Una característica importante del proceso de paz colombiano ha sido la participación de representantes de las víctimas de la guerra civil. Su valentía y voluntad para declarar sobre atrocidades, así como para confrontar a los perpetradores de todos los lados del conflicto, ha causado una profunda impresión.

Con la concesión del premio de la paz de este año al presidente Juan Manuel Santos, el Comité Nobel Noruego desea apoyar a todos aquellos que se esfuerzan por lograr la paz, la reconciliación y la justicia en Colombia. El propio presidente ha dejado claro que seguirá trabajando por la paz, justo hasta su último día en el cargo.

El comité espera que este premio le dé fortaleza para tener éxito en esta exigente tarea. Tiene la esperanza de que en los próximos años los colombianos cosechen los frutos del proceso de paz y reconciliación en curso.

Solo entonces el país será capaz de atender con eficacia grandes desafíos como la pobreza, la injusticia social y el crimen relacionado con las drogas.

La guerra civil en Colombia es una de las más largas en tiempos modernos y el único conflicto armado que queda en las Américas. El Comité Nobel Noruego cree que el presidente Santos, a pesar del “No” votado por la mayoría en el plebiscito, ha llevado al sangriento conflicto más cerca de una solución pacífica, y que su trabajo ha establecido las bases tanto para el desarme verificable de las FARC como para un proceso histórico de fraternidad y reconciliación nacionales.

Por lo tanto, sus esfuerzos para promover la paz cumplen con los criterios y el espíritu de la voluntad de Alfred Nobel.

Juan Manuel Santos Calderón, de 65 años, nació en Bogotá, Colombia. Estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Kansas, Estados Unidos.

Obtuvo una maestría en Economía y Desarrollo Económico de la London School of Economics y otra en Administración Pública de la Universidad de Harvard. Desde 2010 es presidente de la República de Colombia.

El presidente expresó su emoción y dijo sentirse enormemente agradecido a nombre del pueblo colombiano, sobre todo de las víctimas.

Es un reconocimiento histórico a su país, que recibe con gran humildad. El Premio Nobel de la Paz el único que se entrega en Oslo, Noruega, por deseo expreso de Alfred Nobel.

Investigación y Guión: Conti González Báez

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