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BLOG: La Red con Jesús Escobar
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Julio 11, 2016

PRI
Publicado: Julio 11, 2016

Enrique Ochoa Reza será el nuevo dirigente nacional del PRI, en un momento complejo para el partido gobernante, que todavía no se repone de la sacudida sufrida el pasado 5 de junio.

¿Quién es el elegido? ¿Qué significa su llegada? ¿Es la Solución?

Al más puro estilo de los viejos tiempos, el presidente Enrique Peña Nieto se pasó por el arco del triunfo procedimientos, papeleo y tomo una determinación que de entrada manda un mensaje claro.  ¨El que manda soy yo¨.

La pugna por el control de la selección de candidatos tiene, como en 1994 y 2000, consecuencias imprevisibles para la continuidad del PRI en el poder y la estabilidad. Opta por el cambio generacional y toma distancia de la nomenclatura en la disputa entre tecnócratas y políticos.

Desde que el jueves, Ochoa Reza anuncio todavía como titular de la CFE, su agrado en dirigir al tricolor, los sectores recurren a la vieja “cargada” para la asunción del “hombre” del Ejecutivo. Vaya esquizofrenia e hipocresía, el ungido dice encabezar la incumplida promesa de modernización, pero es protegido y apoyado por las mañas de siempre.

Ochoa no es ajeno al PRI, pero no tiene un ADN tricolor, eso nos lleva a cuestionarnos si alguien que no tiene raíces ni trabajo de calle con las estructuras, sino que proviene de la élite gubernamental, será capaz de aglutinar en un momento donde la escisión está más que anunciada.

La apuesta es tan audaz como riesgosa para Peña Nieto, que ya había intentado sin éxito hacerse del control del partido en las elecciones de 2015 con la promoción de Aurelio Nuño. Pero la posibilidad de perder el Congreso a mitad del sexenio lo convenció de mantener su coalición con los viejos liderazgos priistas

El presidente no tiene el consenso dentro de su propio partido, donde cada vez son más abiertas las diferencias con su forma de conducción nacional. Me queda claro que está decidido a conservar la batuta de la sucesión

El PRI viene cayendo desde las elecciones federales del año pasado, cuando pese a ganar la mayoría en el Congreso, su presencia territorial bajó. En la comparación a la par con partidos, sólo tuvo 11 mil 766 votos más que el PAN. En las elecciones del 5 de junio, obtuvo 18 mil 27 votos más que los panistas, que le arrebataron estados donde nunca había perdido.

 Sólo tiene el control en siete de 32 congresos locales, y su principal aliado electoral, el Partido Verde, está a punto de perder el registro en nueve estados. En tres años ha dejado de gobernar a más de 20 millones de mexicanos.

Y gran parte de esta debacle se registra en los Pinos, donde la imagen es de un gobernante corrupto, incapaz de enfrentar los problemas, superficial, que no entiende lo que pasa en las calles Que incluso defendió a Gobernadores corruptos como los Duarte y Borge.

No sé si en Los Pinos y en el PRI estén conscientes de esto, les importe y vayan a reaccionar. Eso es cosa de ellos. Lo que sé es que, cuando una empresa ve que sus ventas y utilidades van en picada, hace algo al respecto para darle la vuelta al negocio; de lo contrario, corren el riesgo de terminar en la bancarrota.

Con estos cambios, Peña, como lo hizo Felipe Calderón, se atrinchera en su grupo compacto, en momentos de mayor debilidad, le da poder y control a un hombre que no ha salido bien librado ni al interior ni al exterior del PRI, Luis Videgaray.  Él tendrá ahora las riendas de la sucesión, aunque en buena medida representa el fracaso de las reformas que devolverían el crecimiento al país.

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