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BLOG: La Red con Jesús Escobar
Jesús Escobar
Jesús Escobar
Conductor de espacios informativos
Agosto 22, 2016

Saldos de Río
Publicado: Agosto 22, 2016

¿Fue o no un fracaso la participación de México en los Juegos Olímpicos de Brasil? Hagamos cuentas e historia.

En las últimas 12 Olimpiadas, México obtuvo 46 medallas, un promedio de 3.8 medallas por evento. Nueve de ellas fueron conseguidas en México 1968, siete en Londres 2012, seis en Sydney 2000 y seis en Los Ángeles 1984.

En todos los otros Juegos, nuestra delegación no ha obtenido más de cuatro medallas y, en varias ocasiones, volvió a casa con una. En Río 2016, la delegación mexicana  consiguió cinco medallas, es decir está en el promedio, entonces ¿porque esta sensación de fracaso?

Me temo que el fondo no se limita al deporte, sino que va más alla, es un reflejo del hartazgo, la frustración y la exasperación que genera entre la población, o al menos entre una buena parte de ella, la actual administración federal.

El mejor ejemplo es Alfredo Castillo, titular de la CONADE, un abogado que llego al puesto por dedazo, que fracaso como procurador del estado de México y como comisionado en Michoacán. Un personaje que solo sabe de justificaciones.

Según él, el deporte mexicano no funciona porque las federaciones a cargo de cada disciplina son corruptas y no apoyan a los atletas. Puede ser que Castillo tenga razón. No obstante, vale la pena preguntar: ¿Entonces que hace la Conade? ¿No tiene responsabilidad alguna?  ¿Para qué existe exactamente y para qué se le paga a su titular?

Porque  si el problema son las federaciones, ¿por qué el gobierno no ha encontrado manera alguna de trabajar mejor con ellas, de cooperar o de poner orden en el favor del deporte nacional?

El nombramiento de Castillo, genera un análisis especial, porque en parte, responde, a la forma de actuar de Peña Nieto de proteger a verdaderos sátrapas como Humberto Moreira o Emilio Lozoya por amistad o compromisos.

Sin embargo con el manotazo sobre la Conade en víspera de unos juegos olímpicos, el Presidente tenía mucho que perder y nada que ganar. De haberse cosechado un buen número de medallas, los deportistas habrían sido considerado responsables de sus triunfos; en el caso de una derrota, la miradas crítica se depositaría en los dirigentes.

 Con esta  designación, Los Pinos cargó en las espaldas con el costo político de un fracaso en Brasil. Un riesgo tan innecesario como inexplicable.

Si a esto le agregamos que  el señor Castillo se anduviera paseando en Río de Janeiro con su pareja, y que ésta hasta portara el uniforme oficial del contingente mexicano, así como el hecho de que la Conade esté plagada de cuates,  reflejan lo que ha sido una constante en el gobierno actual: Frivolidad, insensibilidad  y abuso.

¿A quién se le ocurre dotar a la novia de una de las muy cotizadas acreditaciones y exhibirla en medio de la mayor concentración de periodistas del orbe? Solo a un cínico.

México esta muy mal en seguridad pública, creación de empleos de calidad, combate a la corrupción, contaminación ambiental. Estamos, en la lona, cansados, hartos. Por eso, lo que ha sido una actuación promedio es percibida como un desastre.

Las Olimpíadas NO sirvieron para unir a los mexicanos en torno a una causa común positiva, como tendría que haber sido, sino en el repudio a quien, en su falta de resultados, ejerce como símbolo oficioso de la administración entera.

En lo deportivo…En cuatro años vendrán las mismas cantaletas. Los legisladores ante el niño ahogado se preocuparán, o eso dirán; subirán su tono de voz y exigirán, nomás faltaba, comparecencias por doquier. El presidente hablará de una reestructuración y en una de ésas son capaces de convocar a foros de consulta.

Cuando llegue el momento de tomar decisiones todo se verá frustrado porque lo ‘importante’ será la obsesiva lucha por el 2018. Está a la vista que pocos gobiernos tienen al deporte dentro de sus prioridades.

Ya se acerca inexorablemente el tiempo de los golpes de pecho, de más grillas, de más peleas de callejón, de más promesas y más promesas; es una cantaleta más que conocida. Poco harán con todo ello.

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