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Noviembre 5, 2016

Vida y obra de Martín Lutero
Publicado: Noviembre 5, 2016

Martín Luder, quien posteriormente cambió su apellido a Luther, en español Lutero, nació en la localidad sajona de Eisleben el 10 de noviembre de 1483.

Pertenecía a una familia pobre de campesinos. Sus padres tuvieron que trabajar incansablemente para poder alimentar, vestir y educar a sus siete hijos.

Su padre, Hans Luther, decidió trasladarse a Mansfeld para trabajar en las minas de cobre. Su madre, Margarita Ziegler, atendía los quehaceres domésticos, transportaba leña sobre sus espaldas desde el bosque y fue una estricta educadora con sus hijos.

El pequeño Martin aprendió los Diez Mandamientos y el Padre Nuestro, a respetar la Santa Sede en la distante Roma y a mirar reverentemente cualquier reliquia de algún santo.

Entonces ocurrieron importantes cambios filosóficos, políticos y científicos. Inventos como la brújula y la imprenta revolucionaron la navegación y la comunicación. El viaje de Colón a América en 1492, cuando tenía nueve años, alteró toda la imagen del mundo.

Dichos cambios crearon incertidumbre; a muchos les parecían peligrosos. Surgió el martirio de los llamados herejes. Fue una época de oscurantismo, confusión y conflictos, que marcó la transición entre el la Edad Media y la Era Moderna.

Martín Lutero asistió a la escuela local, con una pedagogía brutal y una rígida disciplina. A los 13 años fue enviado a la escuela franciscana de Magdeburgo. Para subsistir, tenía que pedir limosna, cantando canciones de puerta en puerta.

Pensando que estaría mejor en Eisenach con unos parientes, sus padres lo enviaron a esa ciudad. Pero esos parientes no lo ayudaron y tuvo que seguir pidiendo limosna para comer.

A punto de abandonar sus estudios y ponerse a trabajar, una señora acomodada, Úrsula Cota, conmovida por sus oraciones en la iglesia y la humildad con que recibía cualquier sobra de comida, lo acogió en el seno de su familia. Por primera vez, Martín conoció la abundancia.

Progresó rápidamente, recibiendo una sólida educación. Su maestro, Juan Trebunius, era culto y esmerado. No maltrataba a sus alumnos como otros. El ambiente permitió que Lutero desarrollara un carácter fuerte e inquebrantable.

Mientras tanto, su padre prosperó económicamente. Tras alquilar un horno para la fundición de cobre, compró otros dos. Fue electo concejal de su ciudad e hizo planes para educar a sus hijos.

La nueva situación familiar permitió que, a los 18 años, Lutero entrara a la prestigiosa Universidad de Erfurt. El joven estudió con entusiasmo el bachillerato y a los 21 años obtuvo el magisterio.

Su orgulloso padre, deseando que fuera abogado y ocupara un respetado cargo como jurista, le compró la Corpus Juris, obra de jurisprudencia muy costosa.

Sin embargo, el joven deseaba a Dios, por encima de todas las cosas. En la biblioteca universitaria encontró la Biblia completa en latín.

Las largas horas de estudio le ocasionaron una enfermedad que lo llevó al borde de la muerte. Después lo hirieron con una espada y otra vez estuvo a punto de morir. Para él, la salvación de su alma sobrepasaba cualquier otro anhelo.

Un día, regresaba de visitar a sus padres y lo sorprendió una terrible tempestad. Sin tener dónde guarecerse, un rayo cayó a su lado; tan cerca, que lo tiró. Espantado, se arrodilló gritando: “¡Santa Ana, sálvame y me haré monje!”

El joven cumplió la promesa. Invitó a sus compañeros a cenar y, mientras se divertían conversando y oyendo música, les anunció que iba a entrar al convento. Ellos trataron de disuadirlo, en vano.

Esa noche se dirigió al convento de los agustinos. Sus amigos se quedaron dos días junto al portón, esperando inútilmente que el exitoso estudiante recapacitara y regresara al mundo.

La vida monacal era sacrificada, marcada por ayunos, oración y trabajo. Nunca hubo un monje más sumiso, devoto y piadoso que Lutero. Hacía los trabajos más humildes, como portero, sepulturero o barrendero y salía a mendigar el pan cotidiano para el convento.

Lleno de tristeza, su padre casi enloqueció al comprobar que los planes que había forjado para su porvenir habían fracasado. Pero en 1507, cuando Martín Lutero fue ordenado sacerdote, asistió a su primera misa, llevando un donativo para el convento.

A los 25 años, Martín Lutero fue a dar clases de Filosofía en la Universidad de Wittenberg, convirtiéndose en un profesor muy influyente. Se dedicó al estudio de las Sagradas Escrituras y entró en contacto con el humanismo.

Por esa época surgió una disputa entre varios conventos agustinos y decidieron que el papa la resolviera. Elocuente y respetado, Lutero fue escogido para representar a su convento en Roma.

No le hicieron mucho caso, pero lo impresionaron el libertinaje, ostentación, frivolidad y decadencia de la corte papal. Horrorizado, su alma se apegó a la Biblia más que nunca.

Al regresar, obtuvo el título de Doctor en Teología e impartió cátedra sobre la Biblia. Sus clases tuvieron amplio eco entre los estudiantes y el príncipe elector Federico III de Sajonia se convirtió en su protector.

Lutero constató que muchas personas viajaban a los principados vecinos para comprar indulgencias, que reemplazaban a la confesión y compraban la salvación del alma.

Hacía falta mucho dinero para reconstruir la Basílica de San Pedro y se abusaba de ese sistema. Particularmente, el fraile dominicano Juan Tetzel realizaba su trabajo como un charlatán, diciendo que también podían anularse los pecados de personas fallecidas. Frases como: “Cuando el dinero en la caja suena, el alma al cielo vuela”, provocaron la protesta del Dr. Lutero.

Afirmaba que la esencia del cristianismo no se encontraba en la organización encabezada por el papa, sino en la comunicación directa de cada persona con Dios.

Afectuoso, dotado de gran energía, sencillez y sentido del humor, Lutero fue un genio espiritual. Sus ideas sobre la verdad divina eran atrevidas, perspicaces, filosóficas y educativas.

Fue invitado a predicar en una convención de agustinos, donde pronunció un ardiente discurso contra la lengua maldiciente de los monjes. Los agustinos, impresionados, lo eligieron director de once conventos.

Predicaba la virtud y la practicaba, amando a su prójimo. En ese tiempo, la mitad de la población alemana murió debido a la peste. Cuando la epidemia llegó a Wittenberg, profesores y estudiantes huyeron de la ciudad. Lutero decidió quedarse; su deber era guiar a sus semejantes durante su aflicción y angustia.

En 1517, tras leer un instructivo para vendedores de indulgencias, escribió a sus superiores eclesiásticos. Adjuntó 95 tesis, como base para discutir el tema.

La famosa imagen de Lutero clavando sus tesis con vigorosos martillazos en el portal de la iglesia de Wittenberg es una leyenda. Solamente las envió a los obispos y unos cuantos amigos.

Las tesis se divulgaron rápidamente por toda Alemania. Por primera vez se usó la imprenta, recién inventada por Gutemberg, para difundir ideas revolucionarias que concernían a toda la sociedad.

Los obispos informaron al papa sobre el rebelde en sus filas, solicitando a los superiores de Lutero que le pidieran mesura. Reconociendo los errores criticados, algunos vieron con buenos ojos las propuestas de reforma.

Lutero quería remediar un mal y no arrancar de cuajo todo el sistema papal, pero la avalancha ya era imposible de frenar. Ante la presión, se vio obligado a formular sus ideas religiosas en una teología independiente.

Redactó los tres grandes escritos reformistas: Carta a la Nobleza Cristiana de la Nación Alemana, Cautiverio Babilónico de la Iglesia y De la Libertad Cristiana. En su interior, rompió con Roma.

Tras ser coronado, Carlos V reinició la campaña contra Lutero y sus seguidores. El proceso por herejía culminó el 15 de junio de 1520 con una amenaza de excomunión, exigiendo que se retractara.

El papa León X lo condenó con la publicación de una bula y el monje rebelde respondió quemándola. Esta conducta señaló su definitiva e irrevocable ruptura con Roma y el papa lo excomulgó.

La división entre la iglesia romana y Alemania estaba abierta. La convocatoria de la Dieta de Worms en 1521 intentó suavizar la tensión, llamando a Lutero a declarar ante Carlos V.

Federico III exigió que no fuera detenido sin antes ser escuchado, pero el monje no se retractó y el emperador lo proscribió; cualquiera podía matarlo sin temer las consecuencias.

El Sabio de Sajonia ordenó fingir su secuestro, para garantizar su seguridad y quitarlo del centro de atención por un tiempo. Incluso circuló el rumor de que había muerto.

Lutero fue llevado a Wartburg, un castillo retirado, donde vivió de incógnito, haciéndose llamar “Doncel Jorge” y dejándose crecer barba y cabellera.

Se dedicó a traducir la Biblia, fundamental para su concepción religiosa. Erudito en hebreo y griego, tradujo directamente de las lenguas originales.

Mezclando el latín y los dialectos que se hablaban en Alemania, creó un idioma artificial, el alemán puro, aporte decisivo a la homogenización del llamado alto alemán, la base de la actual lengua alemana.

El Nuevo Testamento fue publicado en 1522 y se convirtió en un libro popular, presente en casi todos los hogares. En 1534 apareció la edición completa de la Biblia en alemán.

Hasta entonces, solo circulaban traducciones al latín de las Sagradas Escrituras, destinadas a sacerdotes y eruditos. Lutero publicó su Biblia 60 años después de la invención de la imprenta y marcó el inicio de otra revolución: la lectura masiva.

Las ideas reformistas fueron llevadas a la práctica en Wittenberg, que fue el centro de la Reforma. Lutero siguió los cambios, intercambiando cartas con sus compañeros de lucha.

En 1525 estalló la guerra entre campesinos y señores, motivada por las tesis luteranas sobre la igualdad de la cristiandad. Lutero apoyó a los campesinos, pero luego se puso del lado de los príncipes.

Su prestigio cayó y aparecieron nuevos líderes, provocando la escisión de la reforma luterana con la aparición del anabaptismo. Lutero se trasladó a Wittenberg para imponer orden.

Aparte de predicar, puso en práctica sus enseñanzas. Como ejemplo de la abolición del celibato, inesperadamente, a los 42 años se casó con Catalina de Bora, una monja que durante las revueltas se había fugado de un convento y era veinte años más joven que él.

Aunque algunos veían en el matrimonio la ruina de la Reforma, ellos se amaban profundamente. Catalina se hizo cargo de la casa y las finanzas, que Lutero no sabía manejar. Ejerció el derecho del convento para fabricar cerveza y se dedicó a la ganadería, arrendando varios terrenos.

En la casa familiar vivían sus seis hijos, una pariente de Catalina y seis hijos de la hermana de Lutero. Además, daban pensión a estudiantes para aumentar sus ingresos.

El reformador leía la Biblia que había traducido; después, todos cantaban. Lutero era un gran músico; compuso varios himnos que aún se cantan hoy.

En los siguientes años predicó por toda Alemania, organizó su iglesia por ordenanzas de los príncipes y aseguró su triunfo en el pacto de Nüremberg de 1532, donde se concedió a la nueva religión el ejercicio público de su culto.

Reordenó las congregaciones y logró que el príncipe elector tomara medidas para asegurar la Reforma, como la regulación de los sueldos de los pastores.

Cansado debido a una lesión en la arteria coronaria, en sus últimos años tuvo más enfrentamientos. Pese a los desencantos, continuó predicando y enseñando en la Universidad de Wittenberg. Al terminar su última clase, dijo: “Estoy débil, no puedo más.”

Enfermo, viajó a su pueblo natal para intermediar en una discordia familiar de los condes de Mansfeld. Las negociaciones fueron exitosas, pero ya no pudo regresar. Murió el 18 de febrero de 1546 en Eisleben y fue sepultado en el castillo de Wittenberg.

Contra de su voluntad, Martín Lutero dio su nombre a la iglesia madre del protestantismo, la Iglesia Evangélica Luterana. Él pedía que no llamaran a sus seguidores luteranos, sino cristianos. Actualmente, 70 millones de fieles pertenecen a la iglesia luterana.

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