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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Noviembre 26, 2016

Vida y obra de Miguel de Cervantes Saavedra
Publicado: Noviembre 26, 2016

Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares, España. Fue bautizado el 9 de octubre de 1547. La fecha exacta de su nacimiento se desconoce, pero se supone que fue el 29 de septiembre, día de San Miguel.

Fue el tercer hijo de Rodrigo de Cervantes, un modesto cirujano itinerante, y Leonor de Cortinas Sánchez, perteneciente a una familia de campesinos, posiblemente descendiente de judíos convertidos a la cristiandad.

Sus hermanas mayores fueron Andrea y Luisa; sus hermanos menores Rodrigo y Magdalena, con quienes fue muy unido. Poco se sabe de sus primeros años; al parecer Miguel pasó gran parte de su infancia viajando de pueblo en pueblo, mientras su padre buscaba trabajo.

Es posible que en Sevilla fuera alumno de un colegio de jesuitas. Su familia se instaló en Madrid cuando Felipe II acaba de establecer allí su corte y Miguel tenía 19 años.

Se educó en el Estudio de la Villa de Madrid, cuyo rector era el humanista Juan López de Hoyos. El joven se aficionó al teatro viendo las obras de Lope de Rueda y le atraía mucho el mundo de la farándula.

En 1569, Miguel de Cervantes inició su carrera de escritor con cuatro composiciones poéticas dedicadas a las exequias de la reina Isabel de Valois, incluidas por su maestro López de Hoyos en la relación oficial publicada con motivo de la muerte de la soberana.

Ese mismo año, en un confuso incidente, Cervantes fue acusado de haber herido en un duelo a Antonio de Sigura, un maestro de obras que más tarde fue intendente de las construcciones reales.

Prófugo de la justicia, el joven partió a Italia. Recomendado por un pariente lejano, el cardenal Gaspar de Cervantes y Gaete, pasó unos meses en Roma al servicio del cardenal Acquaviva. Conoció y se enamoró de la literatura italiana.

A los 24 años, decidió abrazar la carrera de las armas, alistándose en la compañía de Diego de Urbina, en la que militaba su hermano Rodrigo.

Cuando la Armada de la Santa Liga enfrentó a la amenaza turca, acrecentada por la conquista de Chipre, se embarcó en la galera Marquesa, combatiendo valientemente en la batalla de Lepanto.

A pesar de sufrir fiebre, se negó a meterse bajo cubierta. En su puesto de combate, situado en la popa del navío, recibió dos disparos de arcabuz en el pecho y un tercero que le hizo perder el uso de la mano izquierda. De ahí surgió su sobrenombre, el Manco de Lepanto.

Tras reponerse en Sicilia, participó en otras campañas militares contra los musulmanes en África del Norte, encabezadas por Don Juan de Austria.

Durante su regreso de Nápoles a España en 1575, él y su hermano Rodrigo fueron apresados por corsarios de Argel, entonces parte del Imperio Otomano.

Como llevaban cartas de recomendación de Don Juan de Austria, que había derrotado a los turcos, tasaron demasiado alto su rescate. Sus hermanas, siendo pobres, tuvieron que recurrir a procedimientos poco ortodoxos para reunir la suma.

Aunque Miguel de Cervantes intentó escapar en cuatro ocasiones, permaneció preso en Argel cinco años, con enormes sufrimientos. La experiencia inspiró la historia del cautivo en la primera parte del Quijote y el drama Los Baños de Argel.

Su familia realizó grandes esfuerzos por conseguir su libertad y fue rescatado por los padres trinitarios el 19 de septiembre de 1580, pagando 500 ducados.

En España se encontró con que todos los puestos que le interesaban estaban ocupados. Sus cartas de recomendación no le sirvieron y debió luchar por sostenerse en Madrid.

Tuvo una aventura amorosa con Ana de Villafranca, también llamada Ana Franca de Rojas, esposa de un tabernero. Tuvieron una hija natural, Isabel, nacida en el otoño de 1584.

En diciembre del mismo año se casó con la joven Catalina de Salazar y Palacios, huérfana de un hidalgo de Esquivias, tierra de viñedos y olivares. Se estableció en el pueblo de su mujer, sin perder contacto con los medios literarios de la corte.

Durante esos años surgió una industria del espectáculo, promovida por las cofradías de beneficencia. Organizaban representaciones sagradas y profanas, para patrocinar hospicios y hospitales.

La participación de compañías itinerantes de actores favoreció la construcción de escenarios permanentes, llamados corrales de comedias.

Cervantes colaboró con varias piezas, como El Trato de Argel, inspirado en los recuerdos del cautiverio argelino, y El Cerco de Numancia, sobre la resistencia de esta ciudad ante las tropas romanas comandadas por Escipión el Africano.

No existen testimonios de la acogida del público. Según el autor, fue “sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza”. Es decir, no hubo jitomatazos. Se perdieron 20 o 30 comedias que Cervantes dijo haber compuesto en aquellos años.

En marzo de 1585 publicó una novela pastoril, La Galatea. A través de la búsqueda de una imposible armonía de almas y cuerpos, expresa el sueño de la Edad de Oro, mezclando prosa y versos.

El escritor se separó de su esposa a los dos años de casados, sin tener hijos. Se desconocen las causas, pero tal vez se sentía frustrado en sus aspiraciones literarias y poco dispuesto a dedicarse a cuidar los olivos y viñedos de su suegra.

A los 40 años, Cervantes se estableció en Sevilla. Incapaz de mantenerse como dramaturgo, en la expedición naval contra Inglaterra de Felipe II se empleó como encargado del suministro de trigo y aceite de la Armada Invencible.

Recorría los caminos de Andalucía para proceder a las requisas que le correspondía cumplir, muy mal recibidas por los campesinos ricos y los canónigos.

Deseoso de conseguir otro oficio en el Nuevo Mundo, presentó una solicitud al Consejo de Indias, la cual fue rechazada. Mientras tanto, continuaban los trucos dilatorios de sus proveedores y el Vicario General de Sevilla ordenó una excomunión fulminada contra él.

Por si fuera poco, fue encarcelado por el corregidor de Castro del Río por venta ilegal de trigo; luego se sumaron acusaciones de sus adversarios y abusos de sus ayudantes.

En 1594 terminó el complejo sistema de comisiones iniciado siete años antes. A Miguel de Cervantes Saavedra, que ya ostentaba un segundo apellido tomado de un pariente lejano, se le ofreció una nueva comisión como cobrador de impuestos.

Tras un largo y complicado recorrido por el reino de Granada, regresó a Sevilla. La bancarrota del negociante Simón Freire, en cuya casa había depositado lo recaudado, incitó a su fiador Francisco Suárez Gasco a pedir su comparecencia.

El juez Vallejo lo envió a la Cárcel Real de Sevilla. Por torpeza o malicia, fue un abuso de poder. No se conoce la fecha en que recobró la libertad; solo que el rey conminó a Vallejo a soltar al prisionero, para que se presentara en Madrid en 30 días.

El 13 de septiembre de 1598 murió Felipe II, el Rey prudente. Cervantes le dedicó un famoso soneto, que consideraba el mejor de sus escritos.

Según su prólogo, Don Quijote de la Mancha fue engendrado en una cárcel, sin que se sepa si Cervantes Saavedra comenzó a escribirla en prisión o ahí se le ocurrió la idea. Se ignora casi todo sobre los años en que escribió su obra cumbre.

Al parecer, se despidió de Sevilla en el verano de 1600, cuando llegó a Andalucía la terrible peste negra. En agosto de ese año está atestiguada su presencia en Toledo y dos años después asistió a un bautizo en Esquivias.

En 1604 se trasladó a Valladolid, elegida por Felipe III como nueva sede del reino, donde se reunió con sus hermanas y su hija Isabel. Allí encontró al editor Francisco de Robles, hijo de Blas de Robles, quien había publicado La Galatea.

Mientras conseguía el privilegio real que necesitaba, se difundió la noticia de la próxima publicación de su nuevo libro, recogida por Lope de Vega en una carta de su puño y letra.

En 1605, a lo 57 años, Cervantes publicó la primera parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, considerada la primera novela moderna. La segunda parte fue anunciada pero no apareció hasta 1615.

Parodiando un género que empezaba a decaer, el de los libros de caballería, creó la novela polifónica, donde se superponen los puntos de vista hasta confundirse en complejidad con la realidad.

Debido a su éxito, Cervantes Saavedra obtuvo un nuevo privilegio, que extendía a Portugal y Aragón el concedido para Castilla. Se publicaron en Lisboa dos ediciones “piratas” y la segunda edición madrileña; los primeros cargamentos de la obra fueron enviados a las Indias.

Don Quijote y Sancho Panza aparecían como personajes de moda en cortejos, bailes y mascaradas, desfilando en Valladolid durante las fiestas en honor del embajador inglés Lord Howard, con motivo de la ratificación de las paces firmadas con el Rey Jacobo I.

Tras el regreso de la corte a Madrid, Cervantes se estableció en el barrio de Atocha, pero se mudó tres veces de casa. Casi no salía de la capital, salvo para visitas familiares a Esquivias y Alcalá.

Cuando su protector el conde de Lemos fue nombrado virrey de Nápoles, el escritor soñó con formar parte de su corte literaria. Sin embargo, no lo consiguió.

Durante esos años tuvo muchos disgustos con su hija Isabel y sus dos yernos sucesivos, Diego Sanz y Luis de Molina, por la posesión de una casa, cuyo legítimo dueño era Juan de Urbina, secretario del duque de Saboya, quien al parecer mantuvo con Isabel un trato sospechoso.

Las muertes de su hermana mayor Andrea en octubre de 1609, su nieta Isabel Sanz seis meses después y su hermana menor Magdalena en enero de 1610, lo acercaron a la vida de devoción.

A los 61 años se afilió a la Congregación de los Esclavos del Santísimo Sacramento, con estrictas reglas de ayuno y abstinencia, asistencia a los oficios, ejercicios espirituales y visita de hospitales.

Esto no concordaba con las pullas irónicas y alusiones impertinentes a la Iglesia de los textos cervantinos. Al parecer, fue un hombre que buscó la fe en el crepúsculo de su vida, aunque la congregación era también una academia literaria.

Thomas Shelton tradujo el Quijote al inglés en 1612 y César Oudin al francés en 1615. Cuando su fama empezaba a extenderse más allá de los Pirineos, se dio el retorno definitivo del escritor a las letras, ya con una situación económica más desahogada.

Terminó las Novelas Ejemplares, publicadas por Juan de la Cuesta en 1613, dedicadas al conde de Lemos, a quien Cervantes había esperado acompañar a Italia.

En doce narraciones breves, el autor experimenta con el diálogo satírico en El Coloquio de los Perros, la picaresca en Rinconete y Cortadillo, la miscelánea de sentencias y donaires en El Licenciado Vidriera, la novela bizantina en La Española Inglesa y la novela policíaca en La Fuerza de la Sangre.

Cervantes, cuyo rostro no inspiró a ningún pintor mientras vivía, bosquejó un admirable autorretrato en el prólogo:

“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de “La Galatea” y de “Don Quijote de la Mancha.”

Las novelas cervantinas tuvieron un éxito inmediato en España, con veintisiete ediciones. Traducidas al francés, fueron reeditadas ocho veces durante el siglo XVII.

La segunda parte de las aventuras de Don Quijote y Sancho Panza había sido anunciada por el autor, pero suspendió su redacción en varias ocasiones para escribir otras obras pendientes.

Destaca el poema Viaje del Parnaso, epopeya burlesca donde enjuicia a varios poetas, complementada por Adjunta al Parnaso en prosa.

Cervantes continuó su labor creadora cuando la pasión por el teatro se había apoderado de España. La reapertura de los corrales, cerrados tras la muerte de Felipe II, impulsó a poetas y comediantes.

En el Quijote, le había reprochado a Lope de Vega, aunque sin nombrarlo, sus complacencias y facilidad. En las Novelas Ejemplares, admitía que “los tiempos mudan las cosas y perfeccionan las artes”, pero también decía que “añadir a lo inventado no es dificultad notable”.

Sus reticencias ante el estilo de comedia de Lope de Vega provocaron que los profesionales del gremio se negaran a incorporar a su repertorio las nuevas obras de Cervantes.

Desilusionado, en vez de hacer representar sus piezas decidió imprimirlas. En septiembre de 1615, el librero Juan de Villarroel puso en venta el volumen Ocho Comedias y Ocho Entremeses Nuevos, Nunca Representados.

Entonces apareció el Segundo Tomo de las Aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de Tordesillas.

No era la primera vez que un libro de éxito suscitaba imitadores; el nombre de Avellaneda era una máscara tras la cual se escondía un desconocido que, hasta la fecha, no se ha podido identificar.

El prólogo de Avellaneda, atribuido por algunos a Lope de Vega, lo hirió profundamente, al burlarse de su edad y acusarlo de tener “más lengua que manos”.

El escritor contestó con dignidad en la Segunda Parte del Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha. Por Miguel de Cervantes, autor de su primera parte, publicado en noviembre de 1615.

Esta segunda parte de las aventuras del caballero llevó la novela a su perfección, asegurándole su consagración para la posteridad.

Durante los últimos meses de su vida, dedicó las pocas fuerzas que le quedaban a escribir Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, historia considerada un anticipo del realismo mágico. Concluyó su redacción cuatro días antes de su muerte. Su viuda entregó el manuscrito a Villarroel, quien lo publicó póstumamente.

El 18 de abril de 1916, recibió los últimos sacramentos. La sed inextinguible que describió parece síntoma de diabetes, enfermedad sin remisión en aquella época.

El viernes 22 de abril, murió en su casa de Madrid. En su parroquia de San Sebastián se registró ocurrió el sábado 23; la costumbre de la época solo consignaba la fecha del entierro. Es la que se considera oficial y en la que se celebra cada año el Día del Libro.

Miguel de Cervantes Saavedra fue enterrado en el Convento de los Trinitarios, según la regla de la Orden Tercera, vestido con el sayal de los franciscanos. Sus restos fueron dispersados a finales del siglo XVII, durante la reconstrucción del convento.

Don Quijote tuvo gran influencia en el desarrollo de la prosa de ficción. La novela ha sido traducida a todos los idiomas modernos y aparecido en más de 700 ediciones.

El famoso personaje ha inspirado pinturas, esculturas, óperas, ballets, películas y un famoso musical de Broadway que después fue llevado al cine, El Hombre de la Mancha.

Su influencia puede apreciarse en grandes autores como Dickens, Flaubert, Melville, Joyce, Borges y Dostoyevsky. Este último dijo que Don Quijote era “la más sublime expresión del pensamiento humano”.

La importancia del escritor ha sido tal, que es común referirse al español como la lengua de Cervantes.

Investigación y guión: Conti González Báez

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