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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Febrero 18, 2017

Vida y obra de Nicolás Copérnico
Publicado: Febrero 18, 2017

Nicolás Copernicus o Copérnico es la versión latina del nombre del famoso astrónomo, el cual él mismo escogió y con el que se le conoce en la historia de la ciencia. Su verdadero nombre era Mikolaj Kopernik o Nicolaus Koppernigk.

Nació el 19 de febrero de 1473 en Thorn, pequeño puerto en el río Vístula, cerca del Mar Báltico, entonces una provincia de Polonia, antes de Prusia. Su nacionalidad, según algunos estudiosos, no era polaca sino alemana.

Su padre era un rico mercader de cobre. Originario de Cracovia, en Thorn llegó a ser concejal y tutor de viudas; era común en la Edad Media poner tutores a las viudas, como a los huérfanos.

Se casó con Barbara Watzenrode, hija de un próspero comerciante perteneciente a la burguesía local. La pareja tuvo dos hijos y dos hijas, siendo Nicolás el más joven.

Thorn era un típico pueblito medieval, con fortificaciones tras las cuales vivían las familias acomodadas como la de los Copérnico. Tenían una casa en la calle de Santa Ana, con utensilios de plata y oro para recibir a las visitas, así como una residencia de verano con viñedos en las afueras del pueblo, donde Nicolás se refugiaba para leer y disfrutar del aire que llegaba del río.

Su padre murió cuando el pequeño tenía 10 años. Su tío, Lucas Watzenrode, canónigo de la Catedral de Frauenburg, asumió la responsabilidad de educar a sus sobrinos.

Nicolás estudió en la escuela municipal de Thorn, adyacente a la Catedral de San Juan. A los 15 años fue enviado a la escuela de la Catedral de Wloclawek, donde recibió una educación humanista.

Las victorias de los marinos y mercaderes que pasaban por el puerto de Thorn cuando llegaban de Asia, Italia, Rusia y otros lugares lejanos estimularon la imaginación del joven, que estaba al tanto de los últimos descubrimientos.

En 1492, Cristóbal Colón llegó a América, abriendo un nuevo mundo geográfico, hecho maravilloso que cambió su forma de pensar.

Ese mismo año entró a la Universidad de Cracovia, un distinguido centro cultural de la época. Quedó bajo la tutela de Alberto Brudzewski, notable matemático y astrónomo, quien cultivó su interés en esas materias; también estudió latín, geografía y filosofía.

Los cursos de astronomía no eran materias científicas. Introducían los puntos de vista sobre el universo de Aristóteles y Ptolomeo, para que los estudiantes pudieran entender el calendario, calcular las fechas de los Días Santos y tener habilidades que les permitieran, a quienes siguieran una profesión más práctica, navegar en el mar.

También les daban astrología, enseñándoles a calcular los horóscopos de las personas a partir del momento exacto de su nacimiento.

Mientras estudiaba, Nicolás Copérnico empezó a usar esta versión latina de su nombre, en vez de Kopernik o Koppernigk. Regresó a Thorn después de cuatro años de estudios, pero sin graduarse formalmente con un título.

Su tío Lucas Watzenrode, nombrado obispo de Ermland, deseaba que siguiera una carrera eclesiástica, lo que le daría seguridad si quería continuar aprendiendo.

La estancia en la Universidad de Cracovia le había abierto las puertas de la cultura y le preguntó a su tío si podía continuar sus estudios en Italia.

Prudentemente, el obispo Watzenrode consintió e hizo los arreglos necesarios para que asistiera a la célebre Escuela de Juristas de la Universidad de Bolonia.

A los 23 años Copérnico viajó a Italia, cuna del Renacimiento, para estudiar Derecho Canónico. También amplió sus conocimientos de matemáticas y astronomía.

Aprendió griego para leer los textos originales de los astrónomos griegos, así como sus traducciones de los antiguos matemáticos árabes. Conforme el concepto renacentista de la educación universal, también desarrolló sus aptitudes como pintor y poeta.

Rentaba un cuarto en casa del profesor de astronomía Domenico Maria de Novara y empezó a asistirlo en sus observaciones. El 9 de marzo de 1497 observó un ocultamiento de la estrella de primera magnitud Aldebarán por la Luna, en la constelación de Tauro.

Esa observación demostró que el paralaje de la Luna o variación aparente de su posición y su distancia de la Tierra durante los cuartos no cambiaba con relación a la fase Llena, contrario a lo previsto en el modelo de Ptolomeo.

Era un paso importante en la vida científica de Copérnico: probaba que era posible poner en duda las afirmaciones de reconocidas autoridades, apoyándose en los resultados de observaciones realizadas racionalmente.

Ese mismo año fue nombrado canónigo en la Catedral de Frauenburg, gracias a la recomendación de su tío el obispo. Esto le proporcionaba un cómodo ingreso, que recibiría sin tener que cumplir con ningún deber mientras seguía estudiando.

Los canónigos debían sentar su residencia en la ciudad, pero podían tomarse licencias justificadas de dos o tres años con opción a renovación.

Bolonia era un importante centro académico. La mitad de los ingresos estatales se gastaba en la universidad, aunque las fiestas en la Porta di San Manola con las hijas de los burgueses, los fuegos artificiales en la Piazza de San Domenico, la música, el vino y los duelos por cualquier cosa eran más frecuentes que el estudio.

Los estudiantes de familias nobles se establecían en casas de sus profesores con un tutor personal, sus criados, sus perros, montañas de pertenencias que llegaban en caravanas y mujeres que entraban y salían con más asiduidad que ellos mismos hacia la Universidad.

Con todas estas licencias, Nicolás Copérnico no era ningún santo, pero sí un joven aplicado y estudioso, de carácter tímido y algo introspectivo.

Con motivo de las celebraciones del Gran Jubileo Cristiano, visitó Roma, donde permaneció un año dando conferencias de matemáticas y astronomía a estudiantes. Allí observó el eclipse de Luna del 6 de noviembre de 1500.

Aunque enseñaba la tradicional astronomía de Ptolomeo, sus lecturas de los textos originales de Pitágoras y otros filósofos antiguos, así como su educación pragmática, lo hicieron dudar de la exactitud de la teoría ptolemaica sobre la estructura geocéntrica del Universo, aceptada durante 15 siglos.

Se preguntaba: Si el Sol gira alrededor de la Tierra en la órbita fija de un círculo perfecto, ¿cómo explicar el cambio de las estaciones? ¿Por qué algunas estrellas y planetas varían de posición de un año a otro?

Los sabios de la época explicaban dichas variaciones llamándolas aberraciones, migraciones caprichosas o movimientos místicos de las almas interiores de los planetas.

Para la mente inquisitiva del joven Copérnico, estas respuestas eran una farsa y decidió buscar soluciones que lo dejaran satisfecho. Renunció a su profesorado y regresó a Frauenburg, donde fue instalado oficialmente como canónigo.

Solicitó permiso a su tío para volver a Italia a graduarse en Derecho Canónigo y estudiar medicina, a fin de prestar una ayuda más directa a sus compatriotas. Prefirió no comentar que otra razón para regresar era continuar con sus estudios de astronomía.

En Padua, famosa por su Escuela de Medicina, pudo seguir estudiando astronomía. A los 30 años obtuvo su doctorado en Derecho Canónico en la Universidad de Ferrara.

Pasó varios años como médico y asistente del su tío el obispo, ganando la estima y el afecto de todos como médico hábil y bondadoso.

Los pobres lo adoraban por curarlos gratuitamente, ofreciéndoles más atenciones que la mayoría de los médicos, quienes sólo los trataban por obligación.

Entre los ricos era famoso y a menudo tenía que preparar sus caballos para largos viajes, al ser requerido por algún influyente enfermo que solo confiaba en su juicio.

Sus estudios de derecho le permitían ser justo y equitativo en la administración de las tierras de la iglesia. Cuando los vecinos necesitaban ayuda para construir una presa o almacenar alimentos en previsión del hambre, buscaban su sabio consejo.

Entre tantas ocupaciones, tuvo tiempo de publicar la traducción latina de un antiguo libro de poesía, dedicado a su tío. El obispo Lucas Watzenrode murió en 1512 y Copérnico, de 39 años, retomó sus deberes como canónigo en Frauenburg.

Aunque se consagró al bienestar de su diócesis, no olvidó su deseo de resolver el enigma de la estructura del universo. Tenía más tiempo para sus estudios astronómicos, con un observatorio en las habitaciones que ocupaba en las fortificaciones del pueblo.

Pasaba las noches en la torre de su casa, arriba de la montaña, observando estrellas y planetas, haciendo anotaciones sobre su posición y leyendo los manuscritos de los antiguos astrónomos.

Su investigación era especialmente difícil, porque aún no se inventaba el telescopio y en esa región, durante gran parte del año, el clima oscurecía la visibilidad del cielo.

El progreso era lento. Estudió los eclipses que ocurrieron en 1509 y 1511. Usando fórmulas matemáticas y su teoría del movimiento de los planetas, predijo las posiciones de Marte, Saturno, Júpiter y Venus. Explorando ansiosamente el cielo durante varios años, descubrió con gran alegría que sus cálculos eran correctos.

Por fin tenía pruebas para demostrar que la teoría ptolemaica, con su confusa explicación de las variaciones y sus telarañas de incoherencias, era falsa.

Lo hizo en un manuscrito titulado Breve Exposición de las Hipótesis Acerca de los Movimientos Celestes, conocido con el nombre de Commentariolus.

Copérnico no lo firmó ni le puso fecha, pero se cree que lo escribió en 1514. Nunca se imprimió, sino que circuló entre los estudiosos de la astronomía en unas pocas copias manuscritas, de las que se conservan solo tres.

El Commentariolus es un pequeño tratado donde se expone por primera vez la Teoría Heliocéntrica, según la cual la Tierra gira alrededor del Sol.

Los descubrimientos de Copérnico sobre la teoría del movimiento aparente del Sol coincidieron con la discusión acerca de la reforma del Calendario Juliano.

El error que lo afectaba, debido a una inexacta apreciación de la duración del año, llegó en el siglo XVI a 10 días. Varios sabios e instituciones expresaron su parecer sobre cómo llevar a cabo la reforma, que décadas después dio origen al Calendario Gregoriano.

Copérnico dio algunos consejos prácticos para hacerlo más preciso, siendo el primero en descubrir la duración exacta del año. Autoridades posteriores encontraron que sus cálculos tenían un error de tan solo 28 segundos.

Cuando los soberanos de Polonia, en plena crisis económica, le pidieron que reformara el sistema monetario, abogó por la acuñación central de moneda para todo el país y devolvió la confianza en el dinero polaco, prohibiendo la acuñación de monedas sin el debido respaldo de la plata o el oro.

Por un tiempo, fue gobernador del Castillo de Allenstein y lo defendió victoriosamente contra el asedio de los caballeros teutones.

En 1520, a los 47 años, comenzó a escribir una amplia exposición de la astronomía heliocéntrica. Continuó con sus observaciones, empleando instrumentos tradicionales de la época: el cuadrante, el astrolabio y el instrumento paraláctico. Inventó la tabla solar, que se ha conservado parcialmente hasta hoy.

Diez años después estaba concluido el manuscrito de su obra cumbre, De Revolutionibu, pero Copérnico no tenía intenciones de imprimirlo, ya que temía las críticas incompetentes.

Sin embargo, no pudo evitar que las noticias de su existencia y lo que pensaba acerca de los movimientos y ordenación de los cielos se extendieran por toda Europa.

Los ecos de la figura solitaria de Frauenburg llegaron finalmente a la corte papal y en 1536 Copérnico recibió una carta del cardenal Nicolás Schömberg, curioso por conocer sus descubrimientos.

Entonces apareció un joven astrónomo y matemático que se convertiría en el único discípulo en vida de Copérnico, a quien este consideró lo suficientemente preparado como para cotejar con él sus cálculos.

Rhetico, nombre latinizado que adoptó el austriaco Georg Joachim von Lauchen, gracias a la fortuna económica de sus padres había tenido una exquisita educación en las prestigiosas universidades alemanas de Gotinga, Nuremberg y Wittemberg.

Protegido de Melanchton, a los 22 años se le concedió una cátedra de astronomía en la Universidad de Wittemberg, el centro universitario luterano por excelencia, a donde llegaron las noticias de la obra de Copérnico.

El líder reformista Martín Lutero manifestó su desprecio por “un astrólogo que, contra lo que dicen las escrituras, propone establecer el movimiento de la Tierra y no del Sol” y lo acusó de ser un necio que quería volver completamente al revés el arte de la astronomía.

A Rhetico le interesaba la posibilidad de estudiar detenidamente los cálculos del canónigo del que tanto se hablaba. Solicitó permiso para viajar a conocer al autor. El joven matemático llegó a Frauenburg en la primavera de 1539.

Percibió la importancia de la obra que el viejo astrónomo guardaba desde hacía años y durante dos meses trató de convencerlo sobre la necesidad de darla a conocer. Ante la resistencia de Copérnico, acordaron que Rhetico escribiría un resumen y sería lo que, de momento, se publicaría.

El trabajo, titulado Primera Narración de los Libros de Nicolás Copérnico sobre las Revoluciones, fue una carta dirigida al astrónomo Juan Schöner, del círculo de humanistas que rodeaban a Melanchton.

Describe el contenido de la obra de “su maestro”, hace apreciaciones sobre algunas particularidades geométricas, lo defiende y explica, con cálculos que permitían justificar matemáticamente la nueva hipótesis.

La Narratio Prima se publicó en Danzig en febrero de 1540 y se difundió intensamente entre los más reticentes, los luteranos. Su efecto fue notable, pues a los pocos meses se imprimió otra edición en Basilea.

Rhetico retornó a Frauenburg en el verano. Para entonces, la presión sobre Copérnico para que diera a conocer su trabajo era intensa y provenía de muchas partes.

El ilusionado joven no tuvo que esperar mucho. Quince meses después, llevaba consigo una copia en limpio del manuscrito de Copérnico, lista para ser impresa en Nuremberg.

A partir de ese momento inició el proceso de publicación de la obra De Revolutionibus Orbium Celestium, que incluyó uno de los episodios más discutidos en la historia de la ciencia.

Al impresor de Nuremberg le atemorizó tanto la naturaleza revolucionaria del texto, que encargó un prólogo, afirmando que el libro no era un tratado científico, sino una “fantasía ociosa”.

Dicho prólogo avisaba al lector que el contenido de la obra era hipotético y su finalidad simplemente la de facilitar los cálculos, sin que correspondiera necesariamente con la realidad.

Su autor, descubierto curiosamente por Kepler, fue Andreas Osiander, quien lo redactó de forma que no deja clara la autoría, con lo que podía ser interpretado como una advertencia del propio Copérnico, alterando la intención de la obra.

No se sabe si Copérnico leyó el texto de Osiander antes de ver la obra impresa. A finales de 1542, sufrió una hemorragia cerebral que lo incapacitó parcialmente y supuso un grave deterioro de su salud.

En marzo de 1543 apareció publicada la obra que había estado gestándose durante 40 años. La edición incluía la “Advertencia al Lector” de Osiander, la carta que el cardenal Schömberg había escrito a Copérnico en 1536 y una dedicatoria del autor al Papa Paulo III, en la que dice algo sobre la génesis de su trabajo, buscando obtener la aprobación eclesiástica.

La obra consta de seis libros. El I es la exposición cosmológica del Sistema Copernicano, donde se justifican las proposiciones fundamentales. Su influencia inició el proceso que haría cambiar la perspectiva que el hombre tenía del mundo.

Los libros II al VI constituyen la parte técnica de la obra. En ellos repasa las cuestiones astronómicas: movimientos del Sol y de la Luna, la precisión de los equinoccios y el movimiento de los planetas, dando soluciones a los mismos. Su lectura  es sólo comprensible para especialistas en astronomía y matemáticas.

La teoría puso al Sol en el centro del universo; la Tierra y otros planetas giraban a su alrededor y las estrellas rodeaban todo en el cielo infinito. Copérnico sabía que la Tierra gira también sobre su propio eje, lo cual produce el día y la noche.

Dichos movimientos siguen las infalibles leyes matemáticas de la naturaleza. Puede predecirse matemáticamente la posición de cada planeta en cualquier momento dado, así como los eclipses.

Copérnico nunca pudo leer el libro impreso, que le fue puesto en sus manos cuando estaba en su lecho de muerte, el 24 de mayo de 1543. Tenía 70 años.

Descubrió la verdad, pero conseguir que el mundo la aceptara fue un proceso lento y peligroso, que confrontaba a antiguas creencias vinculadas con la superstición y el dogma religioso.

Nicolás Copérnico creó un modelo de investigación científica basada en la observación cuidadosa y paciente, el análisis y la experimentación. Su obra fue el cimiento sobre el que Galileo, Brahe, Kepler, Newton, Einstein y otros construyeron la astronomía moderna.

Investigación y guión: Conti González Baez

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