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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Abril 1, 2017

Vida y obra de William Harvey
Publicado: Abril 1, 2017

El concepto de la circulación de la sangre, hoy tan obvio, no se conoció hasta el siglo XVII. Su descubrimiento y descripción por William Harvey marcó el inicio de la era moderna en la medicina.

William Harvey nació en el condado de Kent, Inglaterra, el 1º de abril de 1578, a mediados del reinado de Isabel I. Fue el mayor de los nueve hijos de Thomas y Joane Harvey, un matrimonio de buena posición emparentado con los Condes de Bristol.

Su padre era comerciante de especias y otros productos que llegaban de las colonias; ciudadano distinguido del pequeño pueblo de Folkestone, fue alcalde en cuatro ocasiones.

A los 10 años, William inició sus estudios en la Escuela del Rey, adjunta a la Catedral de Canterbury. Aprendió latín, gramática y literatura, además de un poco de física, matemáticas y biología. Leyó los textos clásicos de Aristóteles, Platón y Galeno.

Comenzó a interesarse por las ciencias naturales y el funcionamiento del cuerpo humano. A los 16 años entró al Colegio Universitario Gonville y Caius de Cambridge, fundado por Gonville y reformado por el médico John Caius, quien tenía el derecho de recibir cada año los cuerpos de dos malhechores para su disección.

Caius había estudiado en la Universidad de Padua, donde fue compañero de Andrea Vesalio, considerado el padre de la anatomía moderna;más tarde fue profesor junto a Realdo Colombo, uno de los pioneros en observar la circulación de la sangre.

El prestigio del maestro contribuyó a que Harvey decidiera estudiar medicina en Italia. Pese a que el joven estuvo ausente durante gran parte de su último año universitario debido a una enfermedad, al parecer malaria, su determinación le permitió ser aceptado en la Universidad de Padua, con la mejor Facultad de Medicina.

Harvey conoció las ideas que se debatían sobre el movimiento de la sangre. Fue descrita por primera vez, de forma incompleta, por el médico y teólogo español Miguel Servet, quien murió quemado vivo por condena de la Inquisición, acusado por Calvino.

Su maestro fue el también célebre anatomista Girolamo Fabricio D’Acquapenente, conocido como Fabricius, quien tenía un interés especial en la anatomía de las venas y fue el primero en describir el sistema de válvulas hallado en ellas, aunque ignoraba su función.

Durante los 28 meses que pasó en Padua, Harvey destacó entre los estudiantes de su generación y en 1602, a los 24 años, recibió el título de Doctor en Medicina.

Para los estándares de la época, estaba entrenado en anatomía, las funciones básicas del cuerpo humano y las terapias basadas en los escritos de Aristóteles. Además, con su experiencia clínica en hospitales de Padua y Venecia, revalidó su título en Cambridge.

Al regresar a su patria, William Harvey se casó con Elizabeth Browne, hija de Lancelot Browne, médico personal del Rey Jacobo I. A los 29 años fue aceptado en el Colegio de Médicos y dos años después obtuvo su licencia para practicar medicina.

Por recomendación de su hermano John, quien trabajaba en la Casa Real, fue nombrado asistente médico en el Hospital de San Bartolomé. Poco después murió el médico residente y Harvey lo reemplazó, permaneciendo en el puesto durante 35 años. Allí desarrolló la mayor parte de su carrera profesional y científica.

Ser el yerno del médico personal del rey en tiempos de Shakespeare le permitió a Harvey algunos privilegios, como los mejores asientos en el teatro.

Era de baja estatura, cara redonda, tez oscura, pelo negro y ojos brillantes. Vestía elegantemente, con una daga al cinto que acostumbraba acariciar nerviosamente.

Su inquietud científica se vio estimulada cuando el Colegio de Médicos le encargó dar un curso de Anatomía para otros médicos. Dio su primera lección el 16 de abril de 1616, una semana antes de la muerte de Shakespeare.

Sus apuntes de clases se conservan en el Museo Británico. Esas notas manuscritas, por cierto con pésima letra, revelan que ya tenía clara la idea de la circulación de la sangre. Mencionaba en sus conferencias la función del corazón y cómo impulsaba la sangre en un recorrido circular.

Llegó a estas conclusiones tras una serie de disecciones y vivisecciones, que le permitieron estudiar el movimiento del corazón y la sangre en una gran variedad de animales vivos. La precisión de sus observaciones estableció un modelo para futuras investigaciones biológicas.

Harvey tardó doce años en animarse a dar a conocer su gran idea, hasta poder demostrarla plenamente con argumentos morfológicos, funcionales y matemáticos.

Mientras tanto, su práctica privada se incrementó y tuvo entre sus pacientes al Lord Canciller Francis Bacon. Visitaba a sus enfermos a caballo, acompañado de un mozo que lo seguía a pie.

Cuando falleció su suegro, se le confirió el cargo de médico extraordinario de la corte del Rey Jacobo I, convirtiéndose en cercano colaborador de Mayerne, el médico decano. En 1625, durante la última enfermedad del rey, Mayerne estaba fuera del país y Harvey encabezó al equipo médico que lo atendió.

Tras la muerte del monarca, Carlos I ayudó a la investigación científica de Harvey, poniendo a su disposición los animales de las colecciones reales para que pudiera realizar sus observaciones y experimentos. Durante esos años, trabajó intensamente y realizó sus más valiosos descubrimientos.

Se involucró en el Colegio de Médicos, ocupando todas las posiciones excepto la presidencia, ya que sus deberes en la corte se lo impedían. Pronto, todos sus colegas le pedían consejo.

William Harvey presentó formalmente sus hallazgos en 1628, publicando un volumen de 71 páginas: Ensayo Anatómico sobre el Movimiento del Corazón y la Sangre en los Animales. Estaba escrito en latín y dedicado al Rey Carlos I.

En esta trascendental obra explicaba su método experimental y ofrecía una precisa descripción del mecanismo del aparato circulatorio.

Definió al corazón como una bomba que impulsa la sangre, un músculo recio y activo, no flácido y pasivo como se creía. Incluyó la descripción de las válvulas cardíacas y cuantificó la cantidad de sangre del cuerpo, así como la que pasaba a través de corazón.

Como no tenía microscopio, la única parte importante del proceso que omitió fue el papel de los capilares. No obstante, postuló su existencia, confirmada después por el italiano Marcelo Malpighi.

El libro hizo famoso a Harvey en toda Europa, pero también fue duramente criticado y víctima de virulentos ataques o burlas de quienes se negaban a aceptar su descubrimiento.

Evitó caer en polémicas. Aunque perdió algunos pacientes debido al escándalo, su prestigio profesional en la corte inglesa se acrecentó y Carlos I lo nombró médico de cámara en 1632.

Cuatro años después, el monarca lo envió en una misión diplomática que duró 10 meses, visitando las principales capitales europeas.

En Nuremburgo, Harvey se encontró con Caspar Hofmann, uno de sus oponentes. En una demostración pública, intentó convencerlo sobre la verdad de la circulación. Aunque no lo logró, tomó con buen humor la obstinada ceguera ante lo evidente.

En Italia, visitó su antigua Universidad de Padua y demostró sus puntos de vista al profesor Johann Vessling. Meses después, el gran anatomista le escribió una carta, con algunas objeciones a la nueva teoría. La respuesta de Harvey convenció a su oponente, quien admitió la verdad de la circulación en una segunda carta.

En 1637, el influyente pensador René Descartes anunció su adhesión a la nueva doctrina y elogió al médico inglés por su gran descubrimiento de la circulación de la sangre.

En 1642 comenzó la lucha entre grupos que deseaban dominar Inglaterra y pronto se generalizó un movimiento contra Carlos I. Al iniciar la guerra civil, en la batalla de Edgehill, Harvey cuidaba a los príncipes Carlos y Jacobo, de 12 y 10 años.

Mientras estaban escondidos bajo un seto, el médico sacó un libro de su bolsillo y, en medio del estruendo, se puso a leer. Cuando una bala de cañón cayó cerca, con toda calma cerró su libro y cambió de escondite.

Por su lealtad al monarca, Harvey lo acompañó en su retirada a Oxford, donde residió cuatro años. Diario iba al Colegio Universitario Trinity para ver a un amigo que tenía una gallina y pedirle huevos; luego los abría y observaba la formación de los embriones de pollos.

Sus estudios le permitieron entender cómo se forman los seres vivos, reunir un importante número de hallazgos y elaborar su doctrina embriológica.

Fue nombrado master del Colegio Universitario Merton de Oxford, encargado de custodiarlo. Un año después, en 1646, la ciudad se rindió y Harvey regresó a Londres, donde había sido suspendido de su cargo en el Hospital de San Bartolomé por el partido en el poder.

En 1648, el anatomista francés Jean Riolan publicó un escrito criticando la doctrina de Harvey. Al año siguiente, este publicó un pequeño libro refutando las objeciones de Riolan, quien en 1653 rectificó.

Mientras tanto, el derrotado rey huyó de Oxford para rendirse a los escoceses y Harvey se reunió con él, pero no pudo acompañarlo cuando fue encarcelado por Oliver Cromwell en la isla Wight.

Finalmente, en 1649, Carlos I fue decapitado. Harvey nunca había estado interesado en la política, pero tenía gran respeto y cariño por el monarca; se sintió deshecho y profundamente infeliz.

Su tiempo de gloria había pasado y William Harvey se refugió en su casa campestre de Hempstead, a 80 km de Londres. Pese a los estragos de la guerra, prosiguió su labor de investigador hasta 1651, cuando murió su esposa Elizabeth.

Por insistencia de su fiel amigo el Dr. Ent, terminó de escribir el libro Ejercicios Anatómicos Concernientes a la Generación de los Animales, explicando su formación y crecimiento.

Fue la obra de embriología más importante hasta entonces. Sostenía que todos los animales se desarrollan a partir de un huevo y ponía en duda la generación espontánea. Los errores que tuvo se debieron a que aún no existía el microscopio, por lo que no pudo observar a los espermatozoides y óvulos.

Debido a su larga asociación con el Rey Carlos I, durante el Protectorado de Cromwell fue visto como delincuente político. Debía pasar mucho tiempo con sus familiares, fuera de Londres.

Sus hermanos eran exitosos comerciantes y sus consejos, aunados a los hábitos austeros del médico, le habían permitido acumular una considerable fortuna.

Cuando Harvey ya era un anciano, su teoría sobre la circulación fue aceptada por los anatomistas del mundo. El Colegio Universitario Gonville y Caius, donde había estudiado, erigió una estatua suya.

Sin embargo, ante tanta oposición e incredulidad, Harvey se sentía cansado, viejo y enfermo. Había padecido gota y sufría de severos dolores debidos a piedras en el riñón.

A los 76 años fue nombrado presidente del Colegio de Médicos, pero declinó el honor a causa de su delicada salud. Su última enfermedad fue breve.

La mañana del 3 de junio de 1657 despertó parcialmente paralizado, probablemente debido a una trombosis cerebral. Incapaz de hablar, pudo enviar por sus sobrinos para repartirles su reloj, anillo y otros artículos personales. Murió esa misma noche, a los 79 años.

Viudo, sin hijos y con hermanos ricos, decidió donar al Colegio de Médicos un edificio con una biblioteca que contenía su colección personal de libros y algunos manuscritos inéditos.Desgraciadamente, casi todo fue destruido durante el gran incendio de Londres en 1666, siete años después de su muerte.

También estipuló una cantidad de dinero para el salario del bibliotecario y otra para una oración anual, que aún se ofrece en el aniversario de su muerte en el hoy Real Colegio de Medicina.

Según las instrucciones de William Harvey, el orador debe exhortar a sus miembros a buscar y estudiar los secretos de la naturaleza mediante la experimentación, así como a honrar la profesión médica para continuar el amor y el afecto mutuos entre ellos.

Investigación y guión: Conti González Báez

 

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