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Luz Portilla
Luz Portilla
Lic. en Ciencias de la Comunicación Social
Enero 7, 2017

Vida y obra Marie Curie
Publicado: Enero 7, 2017

La Dra. Marie Curie, pionera en la ciencia de la radioactividad y conocida mundialmente como Madame Curie, fue la primera persona en ganar dos premios Nobel.

Marie Skolodowska nació el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia, Polonia. Sus padres, Vladyslav y Bronislawa, eran maestros. Tuvo cuatro hermanas y un hermano mayores.

En esa época, Polonia no era una nación independiente. El zar intentaba mantener a la gente ignorante de su cultura e idioma. Los padres, de Marie, como muchos patriotas, deseaban retomar el control de su país mientras sobrellevaban las restricciones rusas.

La escuela privada fue difícil para Marie. Tenía dos planes de estudio, el polaco y el oficial, con materias aprobadas por los rusos que simulaban estudiar cuando la visitaban los inspectores.

La situación era estresante para la pequeña. Por ser muy aplicada, con frecuencia debía recitar algún pasaje en ruso para el inspector en turno.

A los diez años fue transferida a una escuela pública, donde solo se hablaba en ruso. Pese a todo, disfrutaba estudiar y, como sus hermanos, era la primera de su clase.

Debido a sus sentimientos patriotas, su padre fue despedido de su trabajo como maestro. Tuvo que tomar huéspedes en el departamento familiar y dar clases particulares para sobrevivir.

Cuando Marie tenía nueve años, su hermana Sophie falleció de tifus. Dos años después murió su madre, víctima de tuberculosis. Esta segunda tragedia unió mucho a la familia.

Para su padre, la educación era muy importante. El profesor Skolodowski leía a sus hijos clásicos de la literatura y les mostraba los aparatos que había usado para dar clases de física, materia eliminada por las autoridades rusas.

Marie se graduó a los 15 años con la medalla de oro, pero enferma de fatiga y problemas nerviosos. Su papá la envió a la casa campestre de unos familiares. Montó a caballo, pescó y remó en un lago. Fue el único año sin preocupaciones que tuvo en su vida.

Su hermano Joseph entró a estudiar Medicina en la Universidad de Varsovia; Marie y Bronya no pudieron; las mujeres no eran bienvenidas. Las hermanas tomaron clases en una escuela nocturna ilegal. Deseaban estudiar en París, pero no podían costearlo.

Planearon cómo resolver el problema. Marie trabajaría como institutriz y ayudaría a Bronya a pagar sus estudios de Medicina; cuando se graduara, pagaría los estudios de Marie.

Esta encontró trabajo con la familia de un agricultor rico, a 150 km de Varsovia. En sus ratos libres enseñaba a leer a los hijos de campesinos pobres, algo prohibido por las autoridades zaristas.

Era muy arriesgado; podía ser encarcelada o deportada a Siberia por hacerlo. Sin embargo, sus patrones incluso permitían que su hija la ayudara en su labor de alfabetización.

Lo que no les gustó fue que se enamorara de su hijo mayor Kazimierz, quien le propuso matrimonio. Como ella era pobre, los obligaron a romper. Marie tuvo que continuar otro año trabajando en esa casa, algo muy penoso. Finalmente renunció y regresó a Varsovia, para trabajar y estudiar por su cuenta.

Mientras tanto, Bronya conoció a un patriota polaco en la Escuela de Medicina y se casó con él, invitando a Marie a vivir con ellos en París. Su padre había conseguido otro empleo como director de un reformatorio y pudo ayudarla a completar el dinero necesario para inscribirse en la Universidad de la Sorbonne.

Viajó con sus libros, algunas provisiones, una cobija y una silla plegable, ya que los viajeros de cuarta no tenían derecho a asiento. Tenía 24 años y estaba dispuesta a realizar sus sueños.

Marie Skolodowska llegó a la Ciudad Luz cuando acababa de inaugurarse la Torre Eiffel para la Feria Mundial, una celebración de la tecnología moderna.

Le fascinó el ambiente estudiantil, pero la casa de su hermana Bronya y su cuñado Casimir quedaba a una hora de la universidad, en carruaje público tirado por caballo. Perdía mucho tiempo y era muy costoso.

Se mudó al Barrio Latino, cercano a la universidad, donde vivían estudiantes y artistas. Era un departamento sin calefacción; la joven tenía que ponerse todas sus prendas de ropa al mismo tiempo para mantenerse caliente en el invierno.

A veces olvidaba comer por estar estudiando, llegando a desmayarse de hambre. Bronya la visitaba de vez en cuando, llevándole alimentos y algo de dinero.

Marie se concentraba en los estudios, esforzándose por dominar el francés técnico. Cuatro años después, obtuvo la maestría en Física y al año siguiente la de Matemáticas.

Las dificultades económicas fueron solucionadas por algunos científicos franceses, quienes apoyaron a la brillante estudiante polaca con una beca y un trabajo relacionado con experimentos sobre las propiedades magnéticas de los metales.

Necesitaba un laboratorio. Un físico polaco le presentó a un colega, el jefe del laboratorio de la Escuela Municipal de Industrias Físicas y Químicas en París. Más tardó en aprenderse tan largo título, que en quedar encantada al conocer a Pierre Curie.

El encuentro fue decisivo en sus vidas. Él le llevaba 15 años y seguía soltero, porque no había conocido a ninguna mujer que compartiera su pasión por la ciencia. Eran dos soñadores, dedicados a la búsqueda del conocimiento.

Durante unas vacaciones en Polonia, Marie recibió amorosas cartas de Pierre, animándola a obtener su doctorado. Regresó a París, con la condición de que él también obtuviera su título. Lo hizo escribiendo los resultados de sus investigaciones sobre magnetismo, consiguiendo además un ascenso.

Pierre Curie y Marie Skolodowska se casaron en una sencilla ceremonia civil. Ninguno quiso un matrimonio religioso y tampoco intercambiaron anillos. Ella usó un vestido azul marino, se convirtió en ciudadana francesa y adoptó el apellido Curie.

Con el dinero que recibieron como regalo de boda se compraron dos bicicletas, en las que daban largos paseos para descansar del trabajo y los estudios.

Ella continuó con sus investigaciones y varias firmas metalúrgicas patrocinaron su trabajo. Usó parte del dinero para devolver la beca que había recibido cuatro años antes. No tenía que hacerlo, pero quería contribuir a la educación de otro estudiante polaco que la mereciera.

La paternidad cambió la vida de los Curie. Cuando Marie tenía 30 años, nació su primera hija, Irene. Su suegro, médico, se encargó del parto.

Poco después, el anciano enviudó y se mudó con ellos. Aunque contrataron una sirvienta, la niña se quedaba con su abuelo mientras sus padres trabajaban.

Solamente había tiempo para su trabajo y familia. Se reunían con el hermano de Pierre y algunos colegas, pero tenían muy poca vida social.

Marie Curie estaba lista para escoger el tema de su tesis doctoral. Aunque una alemana preparaba la suya sobre electroquímica, ninguna mujer había recibido un doctorado en ciencias. Su elección se basó en los recientes descubrimientos de Roetgen y Becquerel.

El alemán Wilhelm Roetgen había descubierto unos misteriosos rayos que podían viajar a través de la materia sólida y la carne, produciendo fotografías de los huesos de seres vivos: los rayos X.

Poco después, el francés Henri Becquerel descubrió que los compuestos de uranio emitían rayos que podían velar una placa fotográfica. La comunidad científica no les hizo mucho caso, pero llamaron la atención de Curie.

Le interesaron porque no tendría que consultar una larga bibliografía y podría empezar inmediatamente con el trabajo experimental. Consiguió que le prestaran como laboratorio el almacén de la escuela donde trabajaba su esposo Pierre Curie.

La clave de su éxito fue un nuevo tipo de electrómetro, inventado por Pierre y su hermano Jacques, para medir corrientes eléctricas extremadamente bajas.

Lo usó para medir las pequeñas cargas eléctricas de los rayos de uranio en el húmedo ambiente del almacén, que tendía a disiparlas. Confirmó las observaciones de Becquerel sobre sus efectos eléctricos, pero fue más allá.

Formuló la hipótesis de que la emisión de rayos de los compuestos de uranio era una propiedad atómica del elemento, algo dentro de la misma estructura de los átomos.

Fue una idea revolucionaria. Los científicos veían al átomo como la partícula más elemental y, por ende, indivisible. Aunque se descubrió el electrón, un componente del átomo, nadie adivinaba su compleja estructura y la inmensa energía que guardaba.

Su investigación reveló que otros compuestos emitían rayos Becquerel y la emisión parecía ser una propiedad atómica. Para describirla, inventó la palabra “radioactividad”, basada en el vocablo latino que significa “rayo”.

Pierre Curie estaba intrigado con los descubrimientos de su esposa y se unió a sus investigaciones, dejando pendiente su trabajo.

Observaron que algunos compuestos minerales tenían más radioactividad que el uranio; concluyeron que debían contener otros elementos radioactivos aún no descubiertos y desarrollaron procesos químicos para aislar las substancias.

Tras muchos esfuerzos, descubrieron dos nuevos elementos. El primero fue llamado polonio, en honor a la patria de Marie y el segundo radio, derivado del latín “rayo”, como la radioactividad.

Publicaron sus descubrimientos y continuaron trabajando, con el apoyo del gobierno austriaco y la Compañía Central de Productos Químicos, a cambio de comercializar posteriormente las nuevas sustancias para uso médico e industrial.

¡Las substancias radioactivas brillaban en la oscuridad! Los Curie presentaron este descubrimiento en 1900, durante la Primera Conferencia Internacional de Física en París.

No patentaron sus procesos para no perder tiempo en trámites y porque creían que los descubrimientos científicos pertenecían a toda la humanidad.

Entre los efectos del radio, Pierre descubrió que podía dañar los tejidos, lo que se usó para combatir el cáncer. Aunque se asociaron con otros científicos e industriales para desarrollar compuestos radioactivos, no había ganancias y sus gastos aumentaban.

Cuando los llamaron de Suiza, las autoridades académicas de Francia reaccionaron, ofreciéndole a Pierre una cátedra de Física en la Sorbonne. Marie fue invitada a dar conferencias en un instituto de capacitación para maestras.

Su salud empezó a deteriorarse, pero pensaban que era debido al exceso de trabajo. No se les ocurrió relacionarlo con su intensa exposición a las radiaciones.

Pierre tenía agudos dolores y Marie bajó 9 kilos mientras hacía su tesis. Ambos tenían daño permanente en sus dedos, por manipular materiales radioactivos. Además, ella sufrió la pérdida de su querido padre, quien murió en Polonia durante una operación de la vesícula.

Fueron invitados al Real Instituto de Londres, donde Pierre dio un discurso a nombre de los dos, porque las mujeres no podían hacerlo. El gran científico Lord Kelvin se sentó junto a Marie, como muestra de respeto.

En junio de 1903, Marie Curie recibió su doctorado en Física. Su hermana Bronya insistió en que la primera mujer en recibir ese grado debía estrenar un vestido.

La científica eligió uno negro muy sencillo que, como el azul de su boda, usó luego para trabajar en el laboratorio. Entre los invitados estaba otro admirador suyo, el famoso científico Ernest Rutherford.

Los éxitos estuvieron acompañados por tragedias, ya que Marie sufrió un aborto, uno de los hijos de Bronya murió de meningitis y Pierre estaba cada vez más enfermo.

En 1901, la Academia de Ciencias de Francia nominó a Henri Becquerel y Pierre Curie para el Premio Nobel de Física, pero no a Marie. El matemático sueco Magnus Goesta Mittag-Leffler, gran defensor de las mujeres científicas, intervino a favor de ella. Pierre estuvo de acuerdo en que sería una injusticia no incluirla.

En 1903, los tres recibieron el Premio Nobel de Física por sus trabajos con los rayos de uranio. Los Curie no asistieron a la ceremonia en Estocolmo, demasiado enfermos para viajar.

Dos años después, realizaron el viaje para ofrecer la tradicional conferencia. Él mencionó los posibles peligros de la radioactividad si cayera en manos equivocadas, pero era optimista; pensaba que traería más beneficios que daños a la humanidad.

El Premio Nobel les permitió salir de deudas, tener un laboratorio bien equipado, contratar un asistente y ser reconocidos por fin en Francia.

A cambio, perdieron su vida privada; periodistas y fotógrafos los perseguían constantemente. Marie trató de encontrar tiempo para atenderlos, ya que consideraba importante explicar al público sus descubrimientos.

Los Curie tuvieron otra hija, Eva. Cuando ésta tenía año y medio e Irene ocho años, Pierre murió atropellado en las calles de París. Marie recibió condolencias de todo el mundo.

El gobierno francés le ofreció una pensión; ella la rechazó, porque era capaz de mantener sola a su familia. Pero aceptó el puesto de Pierre en la universidad; fue la primera profesora en la Sorbonne.

La controversia sobre los elementos radioactivos continuaba y hasta su admirador Kelvin declaró que el radio no era un elemento, sino un compuesto de plomo y helio.

Ella comprobó su existencia y fue incluido oficialmente en la Tabla Periódica de Elementos. Sus procedimientos y mediciones se convirtieron en un estándar para la comunidad científica mundial.

Madame Curie fundó el Instituto del Radio, en honor a su querido Pierre. Cuando murió su suegro, tuvo que contratar institutrices polacas para las niñas. También creó un círculo de estudios infantil, en el que participaba la pequeña Irene.

En 1910, fue candidata para ocupar un asiento vacante en la Academia Francesa de Ciencias. Su rival era el físico Edouard Branly, quien había contribuido al desarrollo de la telegrafía inalámbrica y estaba furioso porque le habían dado el Premio Nobel al italiano Marconi y no a él.

Víctima de una campaña de desprestigio, orquestada por Branly y sus seguidores, Curie fue acusada de no ser verdaderamente francesa y ser amiga de liberales, mientras que Branly era un católico reconocido por el papa. Aunque este no tenía nada que ver y la prensa liberal la defendió, perdió la elección por dos votos.

Al año siguiente surgió otro escándalo, cuando la joven viuda de 38 años se enamoró de un colega y ex-alumno de Pierre, el físico Paul Langevin, quien estaba separado de su esposa, pero no divorciado.

La prensa publicó toda clase de chismes, incluso que Pierre se había suicidado porque los descubrió, algo absurdo. Los periodistas llegaron a hostigar a sus niñas Irene y Eva, de 14 y 7 años. Langevin tuvo que batirse en duelo con uno de ellos.

En 1911, Marie Curie recibió un segundo Premio Nobel, algo sin precedentes; fue el de Química, por el descubrimiento de los dos nuevos elementos. Asistió a la ceremonia con su hermana Bronya y su hija Irene, agradeciendo en su discurso las contribuciones de Rutherford y otros científicos.

El estrés le provocó una severa depresión y fue operada del riñón. Se internó en una clínica como Madame Skolodowska, su nombre de soltera, buscando esconderse de la prensa.

Pasó una temporada en Inglaterra con una amiga; cuando regresó a Francia, Langevin se había divorciado, pero no continuaron su relación. Curiosamente, los nietos de ambos, Hélène y Michel, se casaron después. Ella no tuvo más romances en su vida.

Se dedicó al Instituto del Radio. El edificio quedó terminado en 1914, en la recién nombrada calle Pierre Curie. Al estallar la Primera Guerra Mundial, fue encargada de los centros radiológicos militares, que salvaron muchas vidas gracias a los rayos X.

Viajó a los campos de batalla para capacitar al personal, con Irene. Esta recibió una medalla militar por su trabajo, pero no su madre; aún no le habían perdonado el escándalo de Langevin.

Cuando el gobierno pidió que la gente donara oro y plata, Madame Curie ofreció sus dos medallas Nobel, pero el Banco de Francia declinó la oferta.

Al terminar la guerra, promovió terapias radiológicas en otros países, consiguiendo donativos y apoyo de colegas para crear la Fundación Curie, dedicada al tratamiento del cáncer.

Colaboró con la Liga de las Naciones y recibió muchos reconocimientos, pero tuvo serios problemas de salud debidos a la exposición sin protección a las radiaciones.

Fue operada cuatro veces de cataratas oculares. Después enfermó de leucemia, pero ningún médico supo diagnosticarla. Murió en 1934, a los 67 años. Su muerte conmovió al mundo entero.

Al año siguiente, su hija Irene y su yerno Frédéric Joliot recibieron el Premio Nobel de Química por su descubrimiento de la radioactividad artificial. Su otra hija, Eva, destacó como escritora; entre sus obras hay una biografía de su madre.

Sesenta años después, los restos de Pierre y Marie Curie fueron trasladados al Panthéon de París, el mausoleo nacional francés. Fue la primera mujer cuyos logros le dieron el derecho a descansar eternamente junto a los hombres más eminentes de Francia.

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