La Liga MX no solo se juega en la cancha. El verdadero partido se disputó esta semana en la Junta de Dueños, donde Emilio Azcárraga Jean (dueño del Club América y figura de Televisa) y Jesús Martínez (presidente del Grupo Pachuca, también conocido como “Chucho Pachuco”) protagonizaron un encontronazo que destapó viejas tensiones y nuevas divisiones al interior del fútbol mexicano.
En una sesión que prometía ser de trámite, Martínez encendió la mecha al acusar directamente a Azcárraga de utilizar sus medios y comentaristas para atacarlo públicamente cuando no se alinean con los intereses de Televisa. Emilio, sin perder la compostura, lo retó: “Dime qué mentira se ha dicho de ti, no aguantes tan poco”. El tono fue subiendo, pero nadie imaginaba hasta dónde llegaría.
Chucho Pachuco fue al grano: aseguró que Televisa y TV Azteca están molestas porque el llamado “G8”, grupo de ocho clubes con fuerte peso directivo, tumbó el proyecto de un fondo de inversión promovido por ambas televisoras. Pero el golpe más fuerte vino con la acusación de que Azcárraga influyó para dejar al Club León fuera del Mundial de Clubes, a pesar de que en lo deportivo se había ganado su boleto.
Este choque no solo revela una disputa personal, sino una batalla por el control del futuro del fútbol mexicano. ¿Quién manda realmente en la Liga MX? ¿Los clubes o las televisoras? La confrontación deja claro que hay intereses cruzados y estrategias de poder en juego, donde el balón a veces es lo de menos.
Con la multipropiedad, los derechos de televisión, los fondos privados y la internacionalización en la mesa, el pleito entre Azcárraga y Martínez podría marcar un antes y un después en la forma en que se negocia y se dirige el fútbol en México.
Los aficionados, mientras tanto, siguen esperando que esta rivalidad se resuelva fuera de la cancha y que el espectáculo se mantenga dentro de ella.



